La pesadilla interminable
Sheila, la hermosa morocha, regresó muy cansada de su trabajo nocturno. Lucía su ropa interior de encaje: medias blancas con liguero en sus torneados muslos y pantorrillas, el bodi de seda ajustando su delgado cuerpo cubierto por una fina chaqueta de cuero. Ingresó a su vivienda y, tras abrigarse con un par de frazadas, cayó rendida encima del colchón totalmente vestida. Al rato volvió a experimentar aquel extraño sueño. Una presencia malvada yacía abajo de su cama y, al intuirla, la mujer abría sus ojos sobresaltada. Tanto era su temor a inclinarse, y mirar bajo el lecho, que había quedado paralizada. Después se veía retirándose de allí, pasando por la sala de estar de la finca donde vivía sola hasta arribar a la puerta de entrada. Ésta se hallaba sin la llave puesta. La chica la abría y traspasaba el umbral. Una fuerza irrefrenable la forzaba a emprender su camino. Ya se encontraba en el exterior. Era de noche. El viento agitaba la calle y ululaba feroz. Sin e...