El exorcismo de Anneliese Michel

 
En noviembre de 1973 Anneliese Michel, estudiante de magisterio alemana, comenzó a denotar signos de una conducta muy anómala, en el curso de la cual experimentaba arranques de violencia, aullaba como si fuera un animal salvaje, y agredía a sus familiares. 
Se internó a la jóven en un hospital psiquiátrico, pero pronto se comprobaría que su salud no mejoraba en absoluto, sino que daba síntomas de empeoramiento. Su depresión se tornó más aguda durante su estancia hospitalaria, a pesar de la medicación que le era suministrada para combatirla. A su vez, se hizo notorio que cada vez aumentaba más su frustración con la terapia a la cual inicialmente fuera sometida. Claramente no se apreciaban señales de recuperación sanitaria ni en el aspecto físico ni en el mental. Debido a ello, los médicos resolvieron aplicarle un tratamiento clínico clásico a largo plazo, pero el mismo no arrojó ningún resultado positivo. Por el contrario, con el paso de los días se fue degradando su estado sanitario, y se volvió más intenso su cuadro depresivo. 
Durante la internación quedó en evidencia que, habiendo centrado su vida alrededor de una fe católica devota, Anneliese empezaba a manifestar una condición de aparente posesión demoníaca. Así por ejemplo, la paciente daba muestras de una fuerte intolerancia hacia los objetos y los espacios consagrados. Mostraba un especial rechazo ante la visión de los crucifijos y las imágenes de la Virgen maría, por ejemplo. 
Frente a la concluyente evidencia del fracaso médico, y el temor de que la joven internada colapsara, se decidió que Anneliese saliera del hospital y regresara a su casa.
Una vez allí la joven continuó mostrando un comportamiento muy extraño y parecía evidente que no estaba en sus cabales. Preocupados al punto de la desesperación sus aflijidos padres la hicieron examinar por su párroco de confianza. Tras un minucioso exámen el religioso se persuadió que la chica estaba endiablada, y pidió los servicios de un exorcista profesional: el abate jesuita Adolf Rodewyk. Este clérigo, auxiliado por dos exorcistas pertenecientes a su diócesis, los reverendos Arnold Renz y Ernst Alt, fue el encargado de llevar a cabo el rito sobre la señorita Michel, el cual quedó gravado en una serie de casetes. 
Aparte de los sacerdotes oficiantes solamente los progenitores de Anneliese fueron testigos de la enfermedad mental que padecía la muchacha. Durante los casi tres años que duró el procedimiento religioso el deterioro físico de Aneliesse se tornó palpable. 
Amarrada a su cama y enfrentada a la visión de los crucifijos e imágenes santas que los sacerdotes le exhibían, la aterrada joven respondía en un idioma desconocido con voz gutural y distorsionada, semejante a lo que ocurría con la niña protagonista de la película “El exorcista”. 
El sacerdote Arnold Renz creyó que la enferma estaba contaminada por dos demonios, a quienes identificó como los espíritus de un par de malvados históricos: «Hitler» y «Nerón». 
La paciente se negó a ingerir alimentos, y aquejada de desnutrición y deshidratación perdió mucha masa corporal hasta llegar a pesar apenas treinta kilos a la hora de su deceso, conforme diagnosticaron los médicos, a quienes recién se les llamó cuando la agonía de la paciente entró en fase terminal. 
La trágica muerte de Anneliese Michel generó gran controversia en Alemania, y los religiosos practicantes del exorcismo fueron sometidos a juicio penal. Se les imputó homicidio culposo, conducta negligente, y omisión de asistencia, acreditándose que habían privado a la víctima del debido y oportuno tratamiento clínico. Tras el veredicto emitido en su contra, los sacerdotes acusados de mala praxis culpable resultaron sentenciados a purgar una condena de seis meses en la cárcel. Sin embargo, al prosperar el recurso de apelación presentado por su defensa letrada, se les permutó la pena por tres años de libertad condicional y el pago de una fianza monetaria.
Al calvario padecido por la infortunada Anneliese Michel se lo considera el fruto una práctica de exorcismo extrema. Se trata además de la supuesta posesión diabólica más documentada de la historia. Este caso marcó un hito en los anales del exorcismo. Debido a la intensa repercusión mediática que tuvo esta tragedia, la Iglesia católica, luego de haber archivado el caso en el año 1984, estableció que durante los actos de exorcismo siempre debía ser obligatoria la asistencia de personal médico especializado para controlar el estado sanitario de la persona objeto de esta práctica.
Cabe agregar que pese a su lamentable fracaso en salvar la vida de Anneliese Michel el exorcismo conserva su prestigio y ha sido exitoso en muchos otros casos donde la ciencia y la medicina se mostraron impotentes para sanar a personas afectadas. De acuerdo al "Rituale Romanum" de la Iglesia Católica, se trata de una ceremonia religiosa ejercitada con el fin de expulsar entidades malignas del cuerpo de un individuo poseído. En este rito resulta clave la repetición de palabras santas, oraciones y/o la exhibición de crucifijos para provocar la huida de los perversos seres invasores. 
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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