La última confesión
—Primero pensé que se trataba de un saco flotando. Después me di cuenta de que era el cadáver de una joven.— declaró a la agencia de noticias A.P Walter Arnold, el hombre que descubrió en Texas (E.E .U.U.) el cuerpo sin vida de Irene Garza el 21 de abril de 1960.
Los periódicos de entonces calificaron a la joven mexicano-estadounidense como "una belleza de cabello negro" y "profundamente religiosa".
La víctima, una maestra de primaria de 25 años y reina de belleza, había desaparecido hacía seis días tras visitar la iglesia católica del Sagrado Corazón en la ciudad texana de McAllen, con el propósito de confesarse. Jamás regresaría a su casa.
Según su autopsia, fue violada, golpeada, asfixiada y arrojada a un canal de irrigación. La bonita chica solía presentarse a los concursos de belleza locales, y en el año 1958 había devenido coronada Miss Sur del estado de Texas. De acuerdo indicó la prensa:
—"Tenía una encantadora combinación de belleza e inteligencia y, en su corta vida, reunió una sucesión de logros y primicias: fue la primera bastonera hispana en una secundaria de mayoría anglosajona en la frontera de Texas y México, y la única de los suyos que ingresó en la universidad—."
Su familia batalló sin descanso durante casi seis décadas en pos de juzgar y hacer pagar al culpable. Esta tenacidad terminó dando frutos, y las autoridades ordenaron una detención relacionada con aquel antiguo y aberrante crimen.
El imputado resultó ser el sacerdote que escuchó la última confesión de Irene. John Feit era el eclesiástico que servía en la parroquia, y durante mucho tiempo constituyó el único sospechoso. Admitió haber llevado a cabo la confesión de la joven, en el confesionario de la rectoría, aunque rechazó haberla violado, torturado y asesinado.
El brutal homicidio provocó conmoción en ese momento, y el cura, que entonces contaba con 27 años, fue objeto de pesquisas, incluido un interrogatorio ante un jurado en el año 2004, pero se determinó que carecían de pruebas para imputarlo. Los recelos contra John Feit renacieron cuando, tiempo más tarde, una estudiante de 20 años denunció que había intentado violarla, tres semanas antes de producida la muerte de la piadosa chica.
No obstante, también logró librarse de esta nueva atribución criminal.
Para evitar más bochorno, sus superiores de la Iglesia católica lo trasladaron a un monasterio en Misuri. Luego iría a un convento en Nuevo México donde fungiría como experto asesor de jóvenes novicios con problemas emocionales y psíquicos. En el año 1970 abandonó el sacerdocio, se casó, y formó un hogar con tres hijos. La familia de la víctima jamás se rindió y, gracias a la presión que nunca dejaron de ejercer, en 2014 el llamado "Asesinato del confesionario" retornó a la primera plana de los titulares.
Dos años después, en febrero de 2016, el hombre de ochenta y tres años ahora retirado del sacerdocio fue llevado frente a un tribunal de Phoenix, acusado del homicidio en el confesionario, tras haber sido arrestado en Scotts, Arizona.
Esta vez el gran jurado votó a favor de imputar la comisión del crimen de Irene Garza a John Feit, quien ahora purga cadena perpetua en prisión. La justicia, aunque precaria y tardía, finalmente llegó para castigar al sacerdote violador y asesino.
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