Cartas sangrientas


De la trascendencia que revistieron las cartas en la saga asesina de Jack el Destripador deja constancia el hecho de que el título de la taquillera película “From Hel” –“Desde el Infierno”- basada en el estupendo comic dibujado por Eddie Campbel con guión de Alan Moore debe su procedencia a una de las más notorias y espeluznantes misivas que se mandaron en el transcurso de estos infaustos acontecimientos. Nos referimos a la misiva que arribara el 16 de octubre de 1888 al domicilio George Alkin Lusk, empresario de origen judío que oficiaba en calidad de Presidente del llamado “Comité de Vigilancia de Whitechapel”. Esta asociación era un grupo no gubernamental conformado por una serie de ciudadanos comunes quienes, de modo voluntario, cooperaron con las fuerzas del orden en la infructuosa búsqueda, y que fuera creado a instancias de comerciantes del este de Londres preocupados por los efectos nocivos que los crímenes del Destripador provocaban en la zona. 
Menudo sobresalto sufriría el buen señor George Alkin Lusk cuando al abrir la caja de cartón que a su casa le enviaran vio que ella guardaba la mitad de un riñón humano conservado en alcohol. 
Junto con el macabro obsequio iba un recado escrito con una letra irregular, tosca y plagada de errores gramaticales, la cual decía : “...Desde el Infierno: Mr. Lusk. Señor: Le envío la mitad del riñón que saqué de una mujer, lo guardé para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy buena. Puedo mandarle el cuchillo ensangrentado con el que lo saqué sólo si espera un poco. Firmado: Atrápame si puedes. “Mister Lusk...”. 
George Akin Lusk había cobrado notoriedad ya en los días previos a la recepción del tétrico envío y, por consiguiente, configuraba un perfecto candidato para ser objeto de bromas malintencionadas. Entre otras acciones que llevara a cabo se destaca una petición que formuló a Su Majestad la Reina Victoria en nombre del recién formado Comité de Vigilancia de Whitechapel y de los habitantes de la zona en general, donde se solicitaba le fuere ofrecida una recompensa financiera a quienes ayudasen a capturar al perpetrador de los asesinatos. 
Esta petición fue elevada a la monarca por conducto del Secretario de Estado del Departamento de Asuntos Internos británico y a la misma se respondió manifestándose que, aunque se agradecía profundamente el interés denotado por George Alkin Lusk y sus representados, el gobierno mantenía la postura de que el ofrecimiento de recompensas en casos criminales traería más mal que bien. Pese a todo se les aseguró que no se escatimarían los esfuerzos económicos y materiales para conseguir el arresto del responsable. 
Si bien el receptor de la sangrienta carta, y el sórdido obsequio, tendió a restarle trascendencia al suceso y, al principio, se negó a dar cuenta del asunto a las autoridades, sus compañeros del Comité de Vigilancia finalmente lo persuadieron de la conveniencia de plantear la denuncia policial. 
El sobre portador de la caja y del mensaje que pasaría a la historia como la carta “Desde el infierno” se halaba muy borroso, por lo cual no pudo determinarse si el paquete fue mandado desde los distritos de Londres E o E. C, y mucho se discutió ya desde el comienzo acerca de la autenticidad y credibilidad que cabía concederle al contenido del recado y al fragmento de riñón. 
Ante todo se tuvo en cuenta la autopsia practicada sobre el cadáver de la fallecida víctima Catherine Eddowes. Pero incluso el doctor Frederick Gordon Brown, quien fungiera como médico forense encargado de dicha autopsia, opinó que el órgano no pertenecía a la occisa. El fragmento ulteriormente fue llevado para su análisis a cargo del patólogo doctor Thomas Openshaw, y este profesional ratificó el carácter humano del riñón en exámen concluyendo que había pertenecido a una mujer adulta, de cuarenta años o más, afectada por enfermedades vinculadas al exceso de alcohol. Más que un órgano extraído para su disección de un hospital, al especialista le pareció que le había sido extirpado a un cadáver no dispuesto para ese fin. 
A partir de este dictamen prevaleció la idea de que el trozo de víscera podía muy bien haber sido obtenido de una persona muerta a la que se le hubiese realizado una autopsia por cualquier razón y de la cual un estudiante de medicina, por ejemplo, podría haberse apropiado para llevar a cabo la desagradable travesura.
Sin embargo, el primer mensaje veraz ligado con los crímenes de Whitechapel –aunque no está firmado con el mote de Jack el Destripador– del cual se posee conocimiento cierto fue mandado al máximo jefe de la policía inglesa Sir Charles Warren. Data del 24 de septiembre de 1888 y allí el emisor se describe anunciando que: “...soy el hombre que cometió todos esos asesinatos...”, y luego de aludir especialmente al último crimen perpetrado por aquelas fechas; es decir, el de Annie Chapman, sostenía que quería entregarse porque las pesadillas lo torturaban, puesto que: “...si alguien viene a prenderme me rendiré, pero yo no voy a ir a la comisaría por mi mismo...”. 
Culminaba sus líneas el tosco dibujo de un cuchillo y debajo de éste se proclamaba: “...Este es el cuchillo con el que he hecho estos asesinatos, tiene una empuñadura corta y una hoja larga de doble filo...”. 
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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