Asesina precoz

La madre de Mary Flora Bell, Betty, era una prostituta que de vez en cuando se ausentaba de la casa, viajando a Gran Bretaña por motivos de trabajo. Mary fue su primera hija, que nació cuando Betty tenía solo quince años. No hay certeza de quién fue su progenitor biológico, aunque ella creyó gran parte de su vida que fue Billy Bell, un criminal arrestado por robo a mano armada, quien se había casado con Betty tiempo después del nacimiento de Mary. Algunos testigos declararon a la prensa que Betty sufría de desórdenes psíquicos y era dada a la violencia, al extremo de que intentó en más de una ocasión asesinar a su menor hija, y aparentó que se trataba accidentes. La propia Mary Flora Bell señaló que fue víctima de abuso sexual por parte de su madre más de una vez, y alegó que ella la obligaba a participar en actos sexuales con hombres desde los cuatro años de edad. Esas desgraciadas situaciones marcaron la infancia de la niña, y la orientaron hacia la violencia. Siendo ya una preadolecente decidió vengarse del daño recibido, y sería la causante de una horrible tragedia.

El 25 de mayo de 1968, en Scotswood, Inglaterra, en un barrio conocido como «El Callejón de las Ratas», Mary Flora Bell, por entonces de once años, estranguló a Martin Brown, de cuatro. El cadáver del niño fue hallado cerca de su casa, boca arriba y con los brazos en cruz.

Días más tarde, la asesina precoz ejecutó a Brian Howe, de tres años. El menudo cuerpo mostraba una letra "M" grabada en el vientre y cortes en los genitales, que habían intentado arrancarle. La autopsia evidenció que, igual que sucediera con el otro infante, falleció víctima de ahorcamiento.

El infantil cadáver fue encontrado por unos jóvenes, que participaban de la búsqueda organizada por su familia. Lo hallaron entre unos escombros en medio de un descampado. Entonces ya pareció sumamente raro el comportamiento de una menor que merodeaba por ese lugar, y fingía colaborar.
El detective Dobson, líder de la investigación, la interrogó brevemente, y la dejó irse. Volvió a ver a Mary Flora Bell en el velatorio del infortunado Brian. Estaba burlándose, riéndose y frotándose las manos por lo que Dobson, más por el fastidio que esa actitud le causó que por creerla realmente sospechosa, decidió llevarla a la estación de policía.
Una vez allí, ante el asombro de los agentes, la precoz homicida, lejos de negar su culpa, se jactó de sus actos aberrantes y detalló cómo disfrutaba al hacer sufrir a los más débiles.

Se sometió a juicio a la niña asesina y al cabo de la tramitación, el 17 de diciembre de 1968, Mary Flora Bell fue absuelta del cargo de homicidio intencional en primer grado. En cambio,  resultó condenada con levedad bajo el cargo de "asesinato en segundo grado". Como justificación de haberle sido impuesta una pena tan benigna se tuvo en cuenta su minoría de edad, y consiguiente atenuación de responsabilidad. El jurado tomó esta decisión después de analizar los resultados de los informes psiquiátricos, donde se señalaba que la rea padecía los clásicos síntomas de una psicopatía. La imputada terminó siendo sentenciada a la llamada pena "at Her Majesty's Pleasure", es decir, una condena a purgar prisión indefinida. Finalmente la preadolescente devino absuelta de los cargos penales que le habían sido inicialmente atribuidos, y en lugar de purgar una pena de reclusión dentro de una cárcel común se dispuso su internación en un hospital psiquiátrico.

Desde ese momento Mary Flora Bell fue centro de atención de los periodistas británicos y, también, de la revista alemana Stern. La madre de la asesina precoz vendió en varias oportunidades historias acerca de ella, y concedió muchas entrevistas a la prensa, inventando historias sobre la infancia de la infanticida donde se presentaba como una progenitora amorosa y responsable que se vio desbordaba e impotente frente a la maldad de su pequeña hija. A su vez, este caso criminal volvió a los titulares de la prensa cuando en septiembre de 1979 escapó brevemente de la custodia de la prisión y durante unos días se desconoció su paradero.

Ya adulta, Mary Flora Bell fue puesta en libertad en 1980 gracias a informes psiquiátricos según los cuales ya no significaba un peligro para la sociedad. 

Tras ello, el gobierno británico le otorgó un nuevo nombre y le concedió una nueva identidad para poder empezar una nueva vida junto con su hija, nacida en 1984. Esta hija no supo del pasado de su madre hasta que los periodistas localizaron la vivienda donde residían, debido a un reporte, y Mary Flora Bell, su hija y su pareja tuvieron que salir de allí con sábanas sobre sus cabezas para evitar ser reconocidos. Originalmente, la identidad de la hija de la infanticida fue protegida hasta que cumplió los dieciocho años. Sin embargo, el 21 de mayo de 2003 la criminal ganó una batalla legal en la Corte Suprema para lograr conservar su nueva y desconocida identidad civil y la de su hija por el resto de sus vidas. En 2009 se convirtió en abuela.
Al presente Mary Flora Bell sigue mantiéndose en el anonimato bajo identidad protegida en algún sitio de Gran Bretaña. Aunque se desconoce cuál resulta su nombre actual, se sabe que vive con su compañero sentimental, su hija y su nieta. Los familiares de las patéticas víctimas infantiles cruelmente asesinadas por la monstruosa preadolescente no han tenido la legítima reparación.

*Texto de Gabriel Antonio Pombo.



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