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Mostrando entradas de abril, 2026

La maldición de los cuerpos frescos

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  La historia de Wiliam Burke y William Hare constituyó un caso criminal de la era previctoriana, también conocido como el de los «Traficantes de cadáveres». Estos dos sujetos fueron una especie de trabajadores autónomos o  independientes de tiempos antiguos cuya forma de actuar resultó delictiva, en tanto acabaron con la vida de dieciséis infelices víctimas. También se les llamó «Resucitadores de difuntos», pero ese mote deviene equivocado a su respecto, aunque sí es aplicable a otros críminales de tiempos comporáneos a ellos. No cabría asignarles ese alias a este duo de malhechores pues, pese a que  fueron quienes más triste fama cobraron como «Ladrones de tumbas» o «Resurrecionistas", ellos no hurtaban cadáveres de los cementerios.  Estos hombres en realidad eran homicidas en serie, cuya peculiaridad consistía en que traficaban, enajenaban o vendían los cuerpos de las víctimas a las cuales asesinaban.  Solamente en el caso de un anciano inquilino de apellido ...

La pesadilla interminable

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Sheila, la hermosa morocha, regresó muy cansada de su trabajo nocturno. Lucía su ropa interior de encaje: medias blancas con liguero en sus torneados muslos y pantorrillas, el bodi de seda ajustando su delgado cuerpo cubierto por una fina chaqueta de cuero.  Ingresó a su vivienda y, tras abrigarse con un par de frazadas, cayó rendida encima del colchón totalmente vestida. Al rato volvió a experimentar aquel extraño sueño. Una presencia malvada yacía abajo de su cama y, al intuirla, la mujer abría sus ojos sobresaltada.  Tanto era su temor a inclinarse, y mirar bajo el lecho, que había quedado paralizada. Después se veía retirándose de allí, pasando por la sala de estar de la finca donde vivía sola hasta arribar a la puerta de entrada. Ésta se hallaba sin la llave puesta. La chica la abría y traspasaba el umbral.  Una fuerza irrefrenable la forzaba a emprender su camino. Ya se encontraba en el exterior. Era de noche. El viento agitaba la calle y ululaba feroz. Sin embargo...