La maldición de los cuerpos frescos
La historia de Wiliam Burke y William Hare constituyó un caso criminal de la era previctoriana, también conocido como el de los «Traficantes de cadáveres». Estos dos sujetos fueron una especie de trabajadores autónomos o independientes de tiempos antiguos cuya forma de actuar resultó delictiva, en tanto acabaron con la vida de dieciséis infelices víctimas. También se les llamó «Resucitadores de difuntos», pero ese mote deviene equivocado a su respecto, aunque sí es aplicable a otros críminales de tiempos comporáneos a ellos. No cabría asignarles ese alias a este duo de malhechores pues, pese a que fueron quienes más triste fama cobraron como «Ladrones de tumbas» o «Resurrecionistas", ellos no hurtaban cadáveres de los cementerios. Estos hombres en realidad eran homicidas en serie, cuya peculiaridad consistía en que traficaban, enajenaban o vendían los cuerpos de las víctimas a las cuales asesinaban. Solamente en el caso de un anciano inquilino de apellido ...