La niña monstruo


El 25 de mayo de 1968, en Scotswood, Inglaterra, en un barrio conocido como «El Callejón de las Ratas», Mary Bell de once años estranguló a Martin Brown, de cuatro. El cadáver del niño fue hallado cerca de su casa, boca arriba y con los brazos en cruz.

Días más tarde, la niña monstruo ejecutó a Brian Howe, de tres años. El menudo cuerpo mostraba una letra "M" grabada en el vientre y cortes en los genitales, que habían intentado arrancarle. La autopsia evidenció que, igual que sucediera con el otro infante, falleció víctima de ahorcamiento.

Lo encontraron unos jóvenes, que participaban de la búsqueda, entre unos escombros en un descampado. Entonces ya pareció sumamente raro el comportamiento de una menor que merodeaba por ese lugar, y fingía colaborar.
El detective Dobson, líder de la investigación, la interrogó brevemente, y la dejó irse. Volvió a ver a Mary Bell en el velatorio del infortunado Brian. Estaba burlándose, riéndose y frotándose las manos por lo que Dobson, más por el fastidio que esa actitud le causó que por creerla realmente sospechosa, decidió llevarla a la estación de policía.
Una vez allí, ante el asombro de los agentes, la precoz homicida, lejos de negar su culpa, se jactó de sus actos aberrantes y detalló cómo disfrutaba al hacer sufrir a los más débiles.
Ya adulta, fue puesta en libertad en 1980 gracias a informes psiquiátricos según los cuales ya no significaba un peligro para la sociedad. Al presente Mary Bell se mantiene en el anonimato bajo identidad protegida en algún sitio de Gran Bretaña. Aunque se desconoce cuál resulta su nombre actual, se sabe que vive con su pareja, su hija y su nieta.

*Texto de Gabriel Antonio Pombo.



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