Burke y Hare.
La maldición de los cuerpos frescos
La historia de Wiliam Burke y William Hare constituyó un caso criminal de la era previctoriana, también conocido como el de los «Traficantes de cadáveres». Estos dos sujetos fueron una especie de trabajadores autónomos o independientes de tiempos antiguos, aunque su forma de actuar resultó macabra y delincuencial, pues acabaron con la vida de dieciséis infelices víctimas. También se les llamó «Resucitadores de difuntos», pero ese mote resulta equivocado a su respecto, aunque sí devenía aplicable a otros críminales de tiempos comporáneos a ellos. No cabría asignarles ese alias a este dúo de malhechores, pues pese a que precisamente fueron quienes más triste fama cobraron como «Ladrones de tumbas» o «Resurrecionistas", en la realidad ellos no hurtaban cadáveres.
Estos hombres en realidad eran homicidas en serie, cuya peculiaridad consitía en que traficaban, enajenaban o vendían los cuerpos de las víctimas a las cuales asesinaban.
Solamente en el caso de un anciano inquilino de apellido Donald, el cual falleció probablemente de un síncope cardíaco en el hostal que regenteaba la esposa de William Hare, la señora Margaret Laird, fue que vendieron ese cuerpo. En este caso se dio la curiosidad de que Donald adeudaba dinero por su alojamiento. Según se ha dicho, el finado les debía unas cuatro libras, lo cual era una buena cantidad en esa época. Por ello, con más satisfacción aún, los delincuentes, se aprovecharon de esa muerte natural y se apropiaron del cadáver.
Este par de rufianes todavía no eran asesinos, sino pequeños rateros, buscavidas que cometían delitos menores; aunque también tenían algún trabajo honesto, como por ejemplo llevar adelante el hospedaje o casa de inquilinato de propiedad de la esposa de Wiliam Hare.
Entonces se les ocurrió disponer de aquel difunto para resarcirse de la deuda. Su intención primaria fue llevarlo a la facultad de medicina de Edimburgo con el fin de enajenarlo a los profesores de anatomía. Posteriormente, dado que fracasaron en su intento de concretar esa transacción, un estudiante de la facultad les indicó que había una persona ávida por comprar un cuerpo fresco: el reconocido anatomista Robert Knox. Por tanto, se dirigieron hacia el consultorio clínico donde aquél impartía clases a estudiantes de la facultad de Edimburgo. Este prestigioso facultativo constituiría una pieza fundamental en la tragedia provocada por estos impropiamiente llamados «Traficantes de cádáveres», y quienes tampoco les cabían los motes de «Resurrecionistas» o «Resucitadores», dado que únicamente actuaron de esa forma en el inicial caso de Donald.
A partir de allí cometieron diecisés asesinatos con la finalidad de, posteriormente, lucrar llevando a los occisos para su venta a entidades médicas y, principalmente, al anatomista Robert Knox, que fue el comprador habitual de estos «cuerpos frescos».
La motivación que impulsaba al par de criminales consistía en el beneficio económico que obtenían. No había ninguna otra finalidad que fuera el motor de sus homicidios, sino su afán de lucro. No llama la atención que fuese el dinero la razón de su actuación delictiva. En cambio sí cabría preguntarse:
¿Por qué un anatomista como el doctor Knox, y otros como él en Escocia y en el Reino Unido, estaban dispuestos a relacionarse con malvivientes para comprarles cadáveres de dudosa procedencia? ¿Por qué lo hacían, incluso cuando era evidente que se trataba de víctimas de homicidios? ¿Por qué razón estos anatomistas se sometían a un riesgo tan grande?
Para responder a estas interrogantes hay que atender al contexto histórico y social de aquel momento. En el Reino Unido había por entonces una gran escacez de cuerpos utilizables para las prácticas de disección antómica. Los cadáveres eran fundamentales para el progreso de la medicina, sin ellos no era posible el avance de la medicina, en especial en el año 1828, en plena era previctoriana cuando comenzaron los homicidios de Burke y Hare.
Tal escasez estaba dada porque solo se permitía la disección de cuerpos de delincuentes ejecutados. En los años previos se había vuelto más benévola la legislación, pues sucesivas leyes mermaron la aplicación de pena capital para delitos que antes se castigaban con la muerte. En el año1828, en el Reino Unido únicamente se ejecutaba a los culpables asesinatos graves y de alta traición a la nación británica. Como consecuencia, apenas estaban disponibles tres o cuatro ejemplares corporales por año; cifra muy insuficiente para satisfacer la gran demanda de las entidades médicas y de los anatomistas particulares.
Esa escasez afectaba no solo a las facultades de medicina sino a los profesores que impartían clases privadas. Resultaba imprescindible disponer cadáveres a fin de practicar disecciones, y al doctor Knox poco le preocupaba pagar por aquellos cuerpos de procedencia espuria. Es de considerar que a sus cursos magistrales acudían unos quinientos alumnos por año, los que le abonaban ocho libras cada uno.
Por tanto, pagar a Burke y Hare diez libras por cada finado en buenas condiciones constituía un pingüe negocio para este cirujano. Los estudiantes asistían porque daba sus clases con brillantez didáctica, pero sobre todo por que les dejaba realizar disecciones en vivo y en directo bajo su guía. Tal práctica otorgaba a estos alumnos mucha ventaja sobre quienes solo concurrían a la facultad o acudían a los cursos de otros anatomistas. Allí casi no había cuerpos para su estudio clínico, y los pocos que se utilizaban estaban muy degradados, pues pertenecían a finados extraídos de sus tumbas, a diferencia de los occisos frescos que se diseccionaban en los cursos impartidos por Robert Knox.
Luego de dieciséis homicidios, las mortales fechorías quedaron al descubierto. Los dos asesinos y sus esposas cómplices fueron arrestados. El profesor Knox participó como testigo y resultó acusado. Tras el proceso penal se condenó a Burke a la pena capital, pues Hare se libró acordando con la fiscalía y acusando a su socio. También las mujeres evitaron la cárcel.
Un periódico de Edimburgo tituló a este caso «La maldición de los cuerpos frescos», pues aquellos crímenes resultaron fatídicos tanto para las víctimas como para los victimarios.
1) Para comenzar este directo dedicado a la historia de una pareja de criminales de la era previctoriana: ¿Podrías decirnos quienes fueron William Burke y William Hare? y en especial, si eran un par de ladrones de cuerpos que profanaban tumbas, o se trató de dos asesinos que comerciaban con los cadáveres de sus víctimas?
2) Has mencionado al anatomista doctor Robert Knox, destacando que su papel resultó fundamental en esta trágica historia. ¿Quién fue este hombre y por qué razón se relacionó con Burke y Hare?
Robert Knox fue el conservador del Museo del Real Colegio de Cirujanos de Edimburgo, (Un conservador de museo anatómico es el especialista responsable de preservar, investigar, catalogar y exhibir colecciones de especímenes biológicos, preparaciones anatómicas y modelos, asegurando su integridad científica y física. Su labor es vital para la docencia, la investigación médica y la divulgación científica) cuya carrera se vio truncada y su reputación destrozada por su implicación en el escándalo de los asesinatos de Burke y Hare. Sus extraordinarias habilidades y logros han caído en el olvido, y sin embargo, nunca fue acusado formalmente, y mucho menos condenado, por ningún delito.
Robert Knox, octavo hijo de un maestro de escuela de Edimburgo, nació en 1791(tenía 37 años en 1828) y se educó en la High School de Edimburgo (más tarde la Royal High School, uno de los colegios más antiguos de Escocia, con un fuerte enfoque en la tradición, la excelencia y la educación integral.), donde, en su último año, fue medallista de oro y alumno más destacado. Ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo en 1810 y se doctoró en Medicina cuatro años después. Alexander Monro III de Craiglockhart , FRSE FRCPE FSA (Escocés) MWS (5 de noviembre de 1773 (tenía 55 años en 1828) - 10 de marzo de 1859)
Durante sus estudios de pregrado, asistió a la clase extracurricular de Anatomía del Dr. John Barclay, considerado entonces el anatomista más importante de las Islas Británicas, quien lo consideraba su alumno más brillante.
Tras un periodo de servicio militar como cirujano de regimiento, durante el cual pasó tres años en Sudáfrica, Knox regresó a Edimburgo en 1822 y se unió al personal de la escuela de anatomía del Dr. Barclay como profesor asistente. Comenzó a publicar artículos científicos sobre una amplia variedad de temas anatómicos y patológicos y, en 1823, fue elegido miembro de la Real Sociedad médica de Edimburgo.
En 1821, el Dr. Barclay ofreció al Colegio su extensa colección personal de especímenes anatómicos con la condición de que se exhibiera adecuadamente en una sala construida específicamente para ello. Tres años después, Knox, con el apoyo de Barclay, presentó al Colegio un plan para un museo basado en la colección Barclay y se ofreció a supervisar su creación dentro del Colegio. Esto no podía realizarse en el Old Surgeons Hall, y fue la donación del Dr. Barclay y el plan del museo de Robert Knox lo que convenció al Colegio de su urgente necesidad de nuevas instalaciones. Las propuestas de Knox fueron aceptadas por el Consejo del Colegio y, a principios de 1825, fue nombrado formalmente para el recién creado cargo de Conservador del Museo. Más tarde ese mismo año, Knox fue admitido como miembro del Colegio y se le concedió la plena colaboración, con la dirección conjunta de su escuela de anatomía extramural, junto con el Dr. Barclay. Por recomendación de Knox, en 1825 el Colegio adquirió la extensa colección anatómica y quirúrgica de Sir Charles Bell; también supervisó su traslado de Londres a Edimburgo y tomó las medidas necesarias para su almacenamiento seguro hasta que el Colegio adquiriera nuevas instalaciones en las que, junto con la colección del Dr. Barclay, pudiera albergarse adecuadamente.
El Dr. Barclay falleció en 1826, dejando a Knox al frente de la escuela de anatomía, a la que un número creciente de estudiantes se sentía atraído a acaudir por sus extraordinarias dotes docentes. La cátedra universitaria de anatomía estaba entonces ocupada por el perezoso e incompetente Alexander Monro tertius, de quien Charles Darwin, entonces estudiante, comentó célebremente: «Sus clases de anatomía eran tan aburridas como él mismo». No podía haber mayor contraste con la tediosa pedantería de Monro III que las brillantes clases de Knox, siempre vívidamente ilustradas con disecciones expertas.
Uno de los principales atractivos de las clases extracurriculares de Knox era su garantía de que los estudiantes verían el cuerpo humano diseccionado por completo y, para cumplir esta promesa, obviamente, necesitaba una amplia variedad de «sujetos» anatómicos.
El éxito de Knox despertó la envidia de otros anatomistas y cirujanos que impartían clases extracurriculares, y su hostilidad se vio exacerbada por su arrogancia intelectual y su desprecio apenas disimulado por sus capacidades profesionales.
Sus principales logros como conservador del museo fueron la elaboración del primer catálogo exhaustivo de especímenes anatómicos y el asesoramiento sobre las necesidades del museo, que ofreció a William Henry Playfair, arquitecto del nuevo Surgeons Hall.
Las obligaciones docentes de Knox aumentaron rápidamente y, en el año académico 1827-28, algo más de 500 estudiantes se matricularon en su clase extracurricular de anatomía. Empleó a varios ayudantes, algunos de los cuales, como William Ferguson, alcanzaron finalmente renombre como cirujanos y anatomistas, pero fue en esta época cuando Knox se vio involucrado involuntariamente en los macabros sucesos que, en última instancia, provocaron su ruina.
Película de 1960, "La carne y los demonios",Peter Cushing como Knox y Donald Plescense como Hare.
3) Podrías ahondar en el contexto geográfico, histórico y social en que se consumaron los crímenes de Burke y Hare.
El rey de Inglaterra (Reino Unido) en 1828 era Jorge IV (George IV), quien reinó desde 1820 hasta su muerte en 1830. Fue el hijo mayor de Jorge III y ocupó el trono durante el periodo conocido como la era georgiana.
4) ¿Se conoce cuál constituía la motivación que impulsaba las fechorías de estos delincuentes?
el vil metal
5) ¿Cuál resultaba el modus operandi homicida de este duo? y a qué se le llamó: "El método Burke",
La descripción de cómo mataban la suministró Burke en sus confesiones, pues Hare dijo solo ser un expectador pasivo o a lo sumo ayudar a sujetar e inmovilizar a los agredidos. En realidad, conforme a esta versión, Burke era quien las sujetaba y aplastaba el vientre y los pulmones con su peso mientras Hare le introducía dos dedos en las fosas nasales y con el pulgar de la otra mano le abría la boca impidiéndole respirar por allí, y al final la víctima moría por sofocación, sin dejar marcas visibles de violencia.
6) ¿Se sabe cuántas personas fallecieron a manos de estos criminales? ¿Podrías destacar algunos de los homicidios de estas víctimas en particular?
16 difuntos...
7) ¿Cómo se descubrieron los homicidios? y ¿cómo se verificó el arresto de este grupo de criminales?
James y Annie Gray los denunciaron...
8) ¿Qué particularidades tuvo el juicio penal contra Burke y Hare?
9) ¿Podrías describir cuál resultó, según la historia oficial, el destino final de estos dos homicidas y el de sus esposas?
10) ¿Cuál consideras que fue la importancia de los desmanes de Burke y Hare en la historia criminal británica y cuál constituyó su repercusión a nivel mundial?
La Ley de Anatomía de 1832 (Anatomy Act 1832) en Inglaterra fue una norma parlamentaria que legalizó la disección de cuerpos donados para la enseñanza médica, otorgando licencias a médicos y estudiantes. Promulgada tras escándalos de robos de cadáveres, permitió utilizar cuerpos no reclamados de asilos y hospitales, enfocándose mayormente en los pobres. Autorizó el uso de cadáveres "no reclamados" de instituciones públicas (hospicios, prisiones, hospitales) si no eran solicitados por familiares en 48 horas. Aunque acabó con el robo de tumbas, conllevó una profunda carga ética, ya que la legislación dependía de los cuerpos de los más desamparados, siendo criticada. Pese a todo, facilitó la expansión de las facultades de medicina y la profesionalización de la anatomía en el Reino Unido.
La ley sentó las bases éticas y burocráticas actuales sobre el uso de restos humanos en el Reino Unido, evolucionando hacia un sistema basado en la donación consentida
11) Por último: Has mencionado que en el año 1832 se promulgó una ley inglesa que resolvió el problema de los robos de tumbas y el de los asesinatos para vender cadáveres a las facultades médicas y a anatomistas privados, y que el hecho clave que precipitó esa ley estuvo dado por las fechorías de una pandilla liderada por un tal John Bishop en 1831. ¿Podrías contarnos algo al respecto?
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El mercado negro de cadáveres: Por qué la medicina necesitaba cuerpos desesperadamente. 🥃 El método Burke: Cómo mataban a sus víctimas sin dejar rastro de violencia. ⚖️ Juicio y Traición: ¿Por qué uno fue ejecutado y el otro quedó libre? 🧐 Debate: ¿Eran simples buscavidas o auténticos depredadores humanos?
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De los 16 homicidios, a nivel judicial 3 de ellos fueron más relevantes que el resto porque se tuvieron en cuenta como totalmente probados para condenar a Burke. Ellos fueron. 1) el crimen de la anciana Marjorie Margaret "Mary" Docherty donde el soldado James Gray y su esposa denunciaron a Burke y a McDougal; 2) el del chico de 18 años discapacitado, James Wilson ("El bobo Jamie") donde estudiantes del consultorio de Knox identificaron a Burke llevando el cuerpo, y 3) el de la prostituta Mary Paterson, que su amiga reconoció en la morgue y denunció que creía que Burke la mató. Otro homicidio relevante, por ser el primero que perpetraron, que fue contra el molinero Joseph en noviembre de 1827.
* Declaración de Hare.
- Describió cómo Burke se lanzó sobre la víctima Mary Docherty, la derribó y la asfixió presionando su pecho y cubriendo su boca y nariz con las manos mientras él (Hare) observaba o ayudaba a sujetar a la víctima.
- Venta del cuerpo: Detalló el transporte del cadáver en un baúl o caja de té hasta las instalaciones del Dr. Robert Knox en Surgeon's Square, donde recibieron pagos de entre 8 a 10 libras.
- Confesión de crímenes adicionales: Aunque el juicio se centró en un solo caso, Hare admitió en sus declaraciones ante las autoridades que ambos habían cometido un total de 16 asesinatos en menos de un año para suministrar sujetos a las clases de anatomía
https://anatomypubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ar.24794
Ante el problema de la falta de testigos y sobre todo de una prueba fehaciente de que habían personas asesinadas, y no fallecidas en forma natural, pues el método de eliminación no dejaba rastros de crimen (los forenses no pudieron dictaminar que Mary Docherty no hubiere fallecido por un síncope cardíaco, por ejemplo), la fiscalía decidió ofrecer a uno de los dos la posibilidad de presentar pruebas. Esto significaba que si confesaban los hechos, incriminando a su cómplice, se les daría inmunidad procesal. No está claro por qué se le ofreció este acuerdo a Hare. Tal vez Burke había restado importancia a la oferta o tal vez se suponía que Hare, por ser el delincuente más joven, había sido engañado por Burke. Otro motivo pudo ser que el matrimonio Gray ya desde el principio había acusado a Burke y a Nellie McDougal, porque Burke fue quien les pidió que le cedieran la habitación que ocupaban para que la anciana pudiere dormir más cómoda, y al otro día borracho se negó a que la Sra Gray entrase a la habitación donde luego ésta vio el cadáver de Mary Docherty (pero el cadáver no fue hallado allí sino en el consultorio del Dr Knox, tras una denuncia anónima, se supone que formulada por un estudiante), y en cambio contra Hare y su mujer no había testigos que los denunciaran.
Hare proporcionó los detalles de tres asesinatos: el de Margaret Docherty, el de Mary Patterson y el de James Wilson, conocido como Jamie el Tonto. La fecha del juicio se fijó para la Nochebuena de 1828 y, a pesar de la lluvia, las ventanas de la sala estaban abiertas para que la multitud reunida en el exterior pudiera seguir el proceso. William Burke y Hellen Nellie M'Dougal fueron acusados de los tres asesinatos que Hare previamente había detallado. El testimonio de Hare colocó toda la culpa contra Burke, presentándose él como un espectador inocente. La mayoría del jurado quedó convencida y Burke fue sentenciado a muerte. La culpa de Hellen Nellie M'Dougal fue encontrada "no probada", un veredicto tipicamente escocés que indica que el jurado pensó que probablemente eran culpables, pero sintió que la evidencia no justificaba un veredicto de culpabilidad. Los abogados de M'Dougal se habían opuesto a que fuese juzgada, ya que en solo uno de los casos se mencionaba a su cliente (en el de Margaret Marjorie Docherty) y, como no había indicios de que los tres asesinatos estuvieran relacionados, debían juzgarse como casos separados.
Burke realizó varias confesiones que revelaron todo su involucramiento en el suministro de cadáveres para enseñanzas anatómicas. Confesó un total de 16 asesinatos (lo cual coincide con lo dicho por Hare), y negó cualquier implicación en el robo de tumbas. Los jueces preguntaron a la fiscalía qué caso querían juzgar primero. En la era de la pena capital, no era necesario dictar múltiples condenas; pues una sola pena de muerte sería suficiente (economía procesal). La confesión de Burke de múltiples asesinatos, a cambio de inmunidad para su esposa Helen MacDougal, selló su destino tras las investigaciones dirigidas por el Sheriff Rae
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Ejecución de William Burke en Lawnmarket, Edimburgo, el 28 de enero de 1829; imagen tomada de un periódico de la época
Ambos irlandeses, se conocieron trabajando en el Union Canal. Burke había abandonado a su esposa y a sus dos hijos, Hare era un fugitivo. Había huido de Irlanda después de matar a los caballos de su empleador en un ataque de ira.
El Código sangriento (en inglés «Bloody Code»)[1] es un término que hace referencia al sistema de leyes y castigos vigente en Reino Unido entre 1688 y 1815. Ese nombre no era utilizado en esa época, pero fue dado más tarde, en razón del número creciente de crímenes para los que por entonces se decretaba la pena de muerte, incluso por delitos considerados menores o faltas según los estándares del siglo XXI.
-La competencia entre establecimientos médicos privados en Escocia aumentó la necesidad de cuerpos y se desarrolló el comercio del robo de tumbas y el robo de cuerpos. Dado que se podía obtener una cantidad relativamente grande de dinero proporcionando un cuerpo a una de las escuelas privadas de anatomía, y no se hacían preguntas, no es sorprendente que algunas personas tomaran la ruta más fácil para la provisión de cuerpos y comenzaran a asesinar a las víctimas. Aunque Burke y Hare proporcionaron a Knox 17 cuerpos, un análisis de los anuncios de las escuelas de anatomía en ese momento demuestra que esto es menos del 10% de los cuerpos que Knox habría necesitado anualmente (Lonsdale, 1870 ). La escuela de anatomía de Knox no era la única de la ciudad, por lo que es posible que otras personas actuaran de la misma manera que Burke y Hare.-------------------------------------------
Los asesinatos de Burke y Hare (también conocidos como los homicidios de West Port) configuraron una secuencia de crímenes perpetrados en Edimburgo (Escocia) en el período de noviembre de 1827 hasta el 31 de octubre de 1828 (Hallowen). Estas fechorías mortíferas fueron obra dos hombres del norte de Irlanda emigrados a Escocia, William Burke y William Hare, los cuales, tras ultimar a diesiseís personas, vendieron sus cadáveres a instituciones clínicas. Su cliente principal lo constituyó el médico Robert Knox, un connotado anatomista que impatía clases a alumnos de la Escuela de Medicina de Edimburgo en su consultorio sito en el N° 10 de Surgeon Place.
Las fechorías de los resucitadores evidenciaron la crisis en las escuelas médicas, y llevaron a la publicación del Acta de Anatomía en 1832 expandiendo los suministros legales de cadáveres para disuadir a los delincuentes de continuar con sus robos en cementerios. La prensa hizo responsable de los desmanes al Gobierno escocés por la tardanza en aplicar medidas, y consideró en cierto modo a Burke y Hare coautores de la nueva ley porque pusieron de manifiesto las fallas del Gobierno tanto a la hora de suministrar cadáveres a las escuelas, como para ofrecer salidas económicas a los necesitados.
------------------------------- La pandilla de Bethnal Green
John Bishop, junto con Thomas Williams, Michael Shields y James May, fueron asesinos en serie conocidos como los «London Burkers» en 1831, operando en el área de Bethnal Green (Bethnal Green es una localidad ubicada en el municipio de Tower Hamlets, en el área metropolitana de Londres, Inglaterra), distrito del este de Londres. Asesinaban a personas, en general indigentes y vulnerables, para vender sus cuerpos a anatomistas, usando un método de ejecución conocido como "burking". Bishop y Williams fueron sentenciados a muerte por el homicidio del menor de 14 años Carlo Ferrari, aunque se acreditaron que cometieron otros crímenes.
El 5 de noviembre de 1831, el cuerpo de un niño de unos 14 años fue entregado al King's College de Londres, Escuela de Anatomía. Las cuatro personas que lo entregaron habían intentado sin éxito vender el cuerpo a la escuela de anatomía del Guy's Hospital. Estaba claro que el cuerpo nunca había sido enterrado y, por lo tanto, con el pretexto de salir a buscar cambio para el pago, el personal de anatomía alertó a la policía. Una autopsia sugirió que el niño había sido asesinado por varios golpes en la parte posterior de su cabeza. Documentos de la época sugieren que este no fue un caso aislado.
La investigación del incidente descubrió varios conjuntos de ropa enterrados en el jardín de una casa en Nova Scotia Gardens en el área de Shoreditch de Londres, incluyendo una gorra que hizo que varias personas identificaran el cuerpo como el de Carlo Ferrari, un niño italiano que había llegado a Londres dos años antes. Carlo se había ganado la vida en las calles como parte de un grupo de niños que entretenían a los transeúntes con sus ratones o monos enjaulados que alquilaban a su casero. Dichos grupos a menudo recurrían al crimen y serían inmortalizados por Charles Dickens en Oliver Twist. Para cuando el caso llegó al tribunal de Old Bailey a principios de diciembre de 1831, uno de los cuatro hombres arrestados había sido absuelto. Este portero, Michael Shields, sabía que estaban entregando un cuerpo, pero desconocía cómo los otros hombres lo habían obtenido. Thomas Williams, John Bishop y James May serían juzgados por el asesinato de Carlo Ferrari en un caso conocido como los London Burkers, pero que guardaba poca similitud con sus predecesores de Edimburgo. Aunque corrían rumores de que otras personas habían desaparecido en su compañía, fueron procesados solo por ese incidente. La evidencia relativamente débil giraba en torno a varios testigos oculares poco fiables, el recuerdo de un sombrero que llevaba Carlo, algunos comentarios oídos por casualidad entre los acusados y la aparición repentina de algunos ratones blancos enjaulados en los jardines de Nueva Escocia. A pesar de esto, el jurado declaró culpables a los tres hombres. Bishop insistió en que May era inocente, ya que solo había ido a los jardines de Nueva Escocia para extraer los dientes del cuerpo. Después de una apelación al Ministro del Interior, la sentencia de May fue reducida, aunque moriría en el barco prisión, Justitia , antes de que pudiera ser transportado. John Bishop confesó un asesinato, pero no fue el de Carlo Ferrari. El niño al que habían matado había sido un pastor de ganado de Lincolnshire. Lo drogaron con láudano en su bebida de ron y luego lo mataron colgándolo boca abajo en el pozo del jardín en la parte trasera de su casa. Bishop y Williams también confesaron que habían asesinado a Fanny Pigburn y a otro niño llamado Cunningham, de manera similar. Bishop confesó haber suministrado entre 500 y 1000 cuerpos a las escuelas de medicina de Londres durante los últimos 12 años, principalmente resucitando cadáveres de sus tumbas. El 5 de diciembre, frente a 30 000 a 40 000 personas, Bishop y Williams fueron ejecutados en la prisión de Newgate. Los cuerpos fueron entregados al Real Colegio de Cirujanos, quienes ceremoniosamente abrieron el pecho y el estómago antes de volver a coserlos y entregar los cuerpos a las escuelas de medicina; Bishop al King's College y Williams a Great Windmill Street. El caso provocó resentimiento público por los espantosos extremos a los que algunas personas llegarían para proporcionar cadáveres para la educación anatómica. Una vez más, llamó la atención sobre el hecho de que las personas más pobres de la sociedad estaban desapareciendo para suministrar especímenes anatómicos a las escuelas de medicina. La publicidad en torno al caso sin duda ayudó a que la Ley de Anatomía fuera aprobada por las Cámaras del Parlamento y se convirtiera en ley en 1832. JOHN BISHOP Y THOMAS WILLIAMS
Famosos ladrones de cadáveres que asesinaron a personas y vendieron sus cuerpos a hospitales, y fueron ejecutados en Newgate el 5 de diciembre de 1831.
El sábado 5 de noviembre de 1831, estos dos hombres fueron detenidos por el delito del que posteriormente fueron declarados culpables y por el que fueron ejecutados. Fueron trasladados de inmediato a la comisaría de la división F de policía, en Covent Garden, y esa misma noche fueron puestos bajo custodia ante el Sr. Minshull, magistrado de turno de la comisaría de Bow Street. Bishop y Williams, sin embargo, no fueron los únicos acusados: James May y James Shields también fueron detenidos, tras ser acusados de asesinato en general. En ese momento, se hizo poco más que una simple declaración de que eran sospechosos de haber estado involucrados en el asesinato de un niño de unos catorce años, cuyo cuerpo habían ofrecido a la venta en el King's College, y los detenidos quedaron en prisión preventiva a la espera del resultado de la investigación, que se ordenó realizar sobre el cadáver del fallecido.
El martes 8 de noviembre, un jurado forense se reunió sobre los restos del desafortunado muchacho; los prisioneros estuvieron presentes para escuchar las pruebas presentadas.
El primer testigo llamado fue William Hill, portero de la sala de disección del King's College. Declaró que, aproximadamente a las doce menos cuarto del sábado anterior, 5 de noviembre, tras sonar la campana de la sala de disección, fue a la puerta y encontró allí a los prisioneros Bishop y May. Los conocía de antes, pues habían suministrado al colegio sujetos para disección. May le preguntó si "necesitaba algo", lo que, en el lenguaje de estas personas, pretendía indicar si quería comprar un sujeto. Respondió que no quería nada en particular, pero preguntó qué tenían. La respuesta fue: "Un sujeto masculino". Preguntó qué talla tenía; y el prisionero respondió que era un niño, de unos catorce años, y que quería doce guineas. Les dijo que estaba seguro de que no le darían ese precio, ya que el colegio no necesitaba sujetos; pero añadió que, si esperaban, informaría al Sr. Partridge, el demostrador anatómico, sobre su asunto. En consecuencia, informó al Sr. Partridge que los prisioneros estaban allí, y que el caballero dijo que los recibiría; en consecuencia, les indicó que se dirigieran a una parte específica del edificio, destinada para el uso de tales personas. Los encontró allí, y pronto se les unió el Sr. Partridge, quien se negó a darles el precio que exigían. May dijo entonces que recibiría el cuerpo por diez guineas; pero se declaró que esto seguía siendo demasiado, y el Sr. Partridge se marchó. Los prisioneros volvieron a presionar al testigo para que comprara el objeto; y él, a petición suya, fue a ver al Sr. Partridge para determinar la cantidad máxima que estaría dispuesto a pagar. Nueve guineas fue la suma fijada, y regresó e informó a los prisioneros de la decisión que se había expresado de no dar más que esa cantidad. May dijo que se condenaría si el precio era inferior a diez guineas; pero, cuando salía por la puerta, el Obispo tomó aparte al testigo y le dijo: "No te preocupes por May, está borracho; en media hora te llegarán nueve guineas".
Se marcharon; pero alrededor de las dos y cuarto de la tarde regresaron con Williams y Shields, este último con una cesta. May y Bishop llevaron la cesta a una habitación interior. Al abrirla, encontraron un saco dentro que contenía el cuerpo. May, que estaba aún más achispado que antes, sacó el saco, le dio la vuelta y arrojó el cuerpo al suelo con descuido. Comentó que era «bueno», a lo que el testigo asintió; pero observó que el cuerpo estaba particularmente fresco y, debido a otros indicios que se presentaron, fue a ver al Sr. Partridge. Antes de irse, preguntó a los prisioneros de qué había muerto el chico; May respondió que eso no era asunto suyo, ni suyo tampoco. Les indicó que esperaran en la habitación contigua hasta su regreso. Le comunicó sus sospechas al Sr. Partridge, y este, en consecuencia, lo acompañó a la habitación para examinar el cuerpo. Le pareció que el cuerpo estaba más rígido de lo habitual, y le pareció que no había sido enterrado. La mano izquierda estaba vuelta hacia la cabeza y los dedos firmemente apretados; también había un corte en la frente, del que parecía brotar sangre sobre el pecho. El Sr. Partridge coincidió con él en que el cuerpo tenía algunos rasgos sospechosos y se marchó. Otros caballeros, estudiantes de la universidad, llegaron poco después y compartieron la misma opinión. Un testigo preguntó a los presos cómo se había producido el corte en la frente del difunto; y Bishop respondió que May lo había hecho al arrojar el cuerpo al suelo. Cuando el Sr. Partridge regresó, mostró a los presos un billete de cincuenta libras, que dijo que tendría que cambiar antes de poder pagarles. Bishop sugirió que les diera el dinero que tuviera y que volverían el lunes siguiente por el resto del precio; pero hubo objeciones, y el Sr. Partridge volvió a marcharse. Aproximadamente un cuarto de hora después, el Sr. Mayo, profesor de anatomía de la universidad, entró en la sala con el Sr. Rogers, inspector de policía, y algunos agentes, y los prisioneros fueron puestos inmediatamente bajo custodia. El cuerpo fue entregado a la policía, junto con la cesta y el saco; y ellos, junto con los prisioneros, fueron llevados a la comisaría.
Se llamó al Sr. Richard Partridge, quien declaró ser profesor de anatomía en el King's College. En su opinión, las marcas de violencia interna encontradas eran suficientes para causar la muerte. Creía que las señales de violencia interna en la médula espinal se debían a un golpe o a algún otro tipo de violencia infligida en la nuca.
El Sr. George Beaman, cirujano de la parroquia de St. Paul, Covent Garden, también examinó el cuerpo, y su opinión coincidió con la del Sr. Partridge. Creía que el difunto había fallecido dentro de las treinta y seis horas siguientes a su primera visita el sábado; y también opinaba que no había fallecido de muerte natural.
Tras presentarse otras pruebas, el jurado emitió un veredicto de "asesinato intencional contra alguna persona o personas desconocidas"; pero expresó su firme creencia de que los prisioneros, Bishop, Williams y May, habían estado involucrados en la transacción.
Era imposible que una investigación que hasta entonces había tenido un final tan insatisfactorio terminara aquí, y el Sr. Minshull, con la determinación que siempre caracterizó su conducta como magistrado, asumió de inmediato la ardua tarea de llevar la investigación hasta su conclusión. Los presos fueron entonces puestos en prisión preventiva, y el viernes 18 de ese mes fueron convocados de nuevo.
Se interrogó a los testigos, cuyo testimonio rastreó a los prisioneros Bishop, Williams y May hasta un conocido lugar de encuentro para ladrones de cadáveres —la taberna Fortune of War, en Smithfield— el 4 de noviembre, donde aparentemente conversaban seriamente. Entraron y salieron repetidamente durante todo el día; y por la noche, May fue visto con varios dientes humanos en un pañuelo, al que aún le quedaba un trozo de la encía adherida, y lo limpió con agua. A la mañana siguiente, Shields se unió a ellos, y se oyó a Bishop intentando convencerlo de que fuera al Hospital de San Bartolomé a buscar una cesta, a lo que se negó, por lo que Bishop fue a buscarla él mismo. Luego se marcharon y no se les volvió a ver.
Presentada esta prueba se dio por concluido el interrogatorio y los presos fueron puestos nuevamente en prisión preventiva.
Al día siguiente, la policía se dirigió a Nova Scotia Gardens y realizó una nueva y más exhaustiva investigación de la casa y las instalaciones de los prisioneros. Allí, tras una minuciosa investigación, hicieron descubrimientos que los horrorizaron y confirmaron, con la evidencia más concluyente, las sospechas que se habían despertado sobre el tráfico asesino que se había llevado a cabo. A unos cinco metros de la puerta trasera de Bishop, encontraron una chaqueta azul, pantalones negros y una camisa corta. Un metro más adelante, encontraron un abrigo corto azul, un pantalón gris con tirantes y un trozo de peine en el bolsillo, un chaleco a rayas con la parte trasera del cuello manchada de sangre y una camisa rasgada por la mitad.
Posteriormente se encontraron enterradas en el jardín prendas de vestir de mujer que finalmente se demostró que pertenecían a una mujer llamada Frances Pigburn, otra víctima de los designios de estos atroces conspiradores.
El Sr. Minshull afirmó que no cabía duda de que la ropa era la misma que llevaba Frances Pigburn, y temía que hubiera pocas dudas de que la pobre mujer hubiera sido asesinada. Se dedujo que el cuerpo había sido vendido para disección y que la ropa había sido enterrada para evitar ser descubierta. Con toda probabilidad, la pobre criatura había estado buscando alojamiento, se encontró con algún miembro de la banda infernal, la atrajeron a su guarida y allí la destruyeron. Era imposible imaginar hasta qué punto se habían cometido estos horrores.
Luego se emitió una nueva orden de detención contra Bishop, May y Williams por este nuevo cargo, y se solicitó al superintendente de policía, el Sr. Thomas, que hiciera todas las averiguaciones posibles en los hospitales y salas de disección de la metrópoli, para determinar, si era posible, si alguno de los prisioneros había ofrecido en venta a alguien que respondiera a la descripción de la Sra. Pigburn en las últimas seis semanas.
El viernes 2 de diciembre de 1831, los prisioneros Bishop, May y Williams comparecieron ante el tribunal del Old Bailey para ser juzgados por el cargo de asesinato que se les imputaba. A las diez en punto, el presidente del Tribunal Supremo Tindal, el juez Littledale y el barón Vaughan ocuparon sus asientos en el estrado, cuyo espacio restante fue ocupado inmediatamente por miembros de la nobleza y personas distinguidas, entre ellas Su Alteza Real el Duque de Sussex.
Después de presentadas las pruebas, el presidente del Tribunal Supremo resumió el caso y el jurado emitió su veredicto de que John Bishop, Thomas Williams y James May eran respectivamente culpables de asesinato.
El veredicto fue recibido en el tribunal con el debido silencio; pero en cuanto se comunicó a la inmensa multitud reunida en el exterior, esta manifestó su satisfacción con fuertes y prolongados vítores y aplausos. Esta expresión del sentimiento popular llegó a tal extremo que se obligaron a cerrar las ventanas del tribunal para que se pudiera oír la voz del secretario dictando sentencia de muerte.
El domingo se predicó el sermón habitual en la capilla de la cárcel, y después los prisioneros Bishop y Williams fueron colocados en la misma celda, donde fueron visitados por los alguaciles ordinarios y subalguaciles, a quienes les hicieron las siguientes confesiones:
NEWGATE, 4 de diciembre de 1831.
Yo, John Bishop, declaro y confieso por la presente que el supuesto niño italiano era de Lincolnshire. Williams y yo lo llevamos a mi casa alrededor de las diez y media de la noche del jueves 3 de noviembre, desde el Bell, en Smithfield. Encendimos una vela y le dimos pan y queso; y después de comer, le dimos una taza llena de ron con aproximadamente media ampolla pequeña de láudano. Había comprado el ron esa misma noche en Smithfield, y el láudano también en pequeñas cantidades en diferentes tiendas. No se puso agua ni ningún otro líquido en la taza con el ron y el láudano. El niño bebió el contenido de la taza directamente, en dos tragos, y después un poco de cerveza. En unos diez minutos se quedó dormido en la silla en la que estaba sentado, y lo bajé de la silla al suelo y lo acosté de lado. Luego salimos y lo dejamos allí. Tomamos un cuarto de ginebra y una pinta de cerveza en el Feathers, cerca de la iglesia de Shoreditch, y luego volvimos a casa, tras haber estado lejos del niño unos veinte minutos. Lo encontramos dormido, tal como lo habíamos dejado. Lo llevamos directamente, dormido e inconsciente, al jardín y le atamos una cuerda a los pies para poder sacarlo. Luego lo tomé en brazos y lo dejé caer de cabeza al pozo del jardín; mientras Williams sujetaba la cuerda para evitar que el niño se hundiera demasiado. Estaba casi completamente sumergido en el agua, con los pies apenas por encima de la superficie. Williams sujetó el otro extremo de la cuerda a la empalizada para evitar que el cuerpo quedara fuera de nuestro alcance. El niño forcejeó un poco con los brazos y las piernas en el agua, y el agua burbujeó durante un minuto. Esperamos a que se le pasaran los síntomas y luego entramos en casa, y después creo que salimos a caminar por Shoreditch para entretenernos. Y en tres cuartos de hora regresamos y lo sacamos del pozo, tirando de él por la cuerda atada a sus pies. Lo desnudamos en el patio pavimentado, enrollamos su ropa y la enterramos donde la encontró el testigo que la presentó. Llevamos al niño al lavadero, lo acostamos en el suelo y lo cubrimos con una bolsa.
La declaración detalló sus movimientos posteriores y los intentos de vender el cuerpo para su disección. May, sin embargo, desconocía el asesinato.
En otra confesión el Obispo escribió:
También confieso que Williams y yo estuvimos involucrados en el asesinato de una mujer, que creo que posteriormente se descubrió que era Frances Pigburn, alrededor del 9 de octubre pasado. Williams y yo la vimos sentada alrededor de las once o las doce de la noche en el umbral de una puerta en Shoreditch, cerca de la iglesia. Tenía un niño de cuatro o cinco años en su regazo. Le pregunté por qué estaba sentada allí. Dijo que no tenía casa adonde ir, porque su casero la había echado a la calle. Le dije que podía venir a casa con nosotros y pasar la noche junto al fuego. Dijo que iría con nosotros y nos acompañó hasta mi casa, en Nova Scotia Gardens, con su hijo en brazos. Al llegar, encontramos a la familia en la cama, llevamos a la mujer adentro y encendimos una fogata junto a la cual nos sentamos todos juntos. Salí a comprar cerveza, y todos bebimos cerveza y ron (había traído el ron de Smithfield en mi bolsillo). La mujer y su hijo se tumbaron sobre unas sábanas sucias. En el suelo, y Williams y yo nos fuimos a la cama. Alrededor de las seis de la mañana siguiente, Williams y yo le dijimos que se fuera y que nos encontráramos en el London Apprentice, en Old Street Road, a la una; esto fue antes de que nuestras familias se levantaran. Volvió a encontrarse con nosotros a la una en el London Apprentice sin su hijo; le dimos medio penique y cerveza, y le pedimos que nos viéramos de nuevo a las diez de la noche en el mismo lugar. Después de esto, compramos ron y láudano en diferentes lugares, y a las diez nos encontramos de nuevo con la mujer en el London Apprentice; no llevaba a su hijo. Bebimos tres pintas de cerveza entre los dos y nos quedamos allí aproximadamente una hora. Luego caminamos hasta Nova Scotia Gardens, y Williams y yo la llevamos al número 2, una casa vacía, contigua a la mía. No teníamos luz. Williams salió al jardín con el ron y el láudano que le había dado; allí los mezcló en una botella de media pinta y entró en la casa donde yo y el Mujer, y le dimos la botella para beber. Se la bebió entera en dos o tres tragos. Había un cuarto de ron y media ampolla de láudano. Se sentó en el escalón que separaba las dos habitaciones de la casa y se durmió en unos diez minutos. Estaba cayendo hacia atrás cuando la sujeté para evitar que se cayera y la recosté en el suelo. Luego, Williams y yo fuimos a una taberna, compramos algo de beber y en una media hora volvimos con la mujer. Le quitamos la capa, le atamos una cuerda a los pies, la llevamos al pozo del jardín y la arrojamos de cabeza. Después se resistió muy poco, y el agua burbujeó un poco en la parte superior. Atamos la cuerda a la empalizada para evitar que cayera fuera de nuestro alcance, y la dejamos, y caminamos hasta Shoreditch y de vuelta en una media hora. Dejamos a la mujer en el pozo este tiempo para que el ron y el láudano se le escaparan por la boca. A nuestro regreso, la sacamos. del pozo, le cortó la ropa,Llevamos el cuerpo al lavadero de mi casa, donde lo doblamos y lo metimos en una caja de pelo, a la que atamos con una cuerda, y lo dejamos allí. Más tarde lo llevamos al Hospital St. Thomas, donde vi al lacayo del Sr. South, y lo envié arriba, donde el Sr. South, para preguntarle si necesitaba un sujeto. El sirviente me dijo que su amo quería uno, pero no podía darme una respuesta hasta el día siguiente, ya que no tenía tiempo de verlo. Entonces fui a casa del Sr. Appleton, en casa del Sr. Grainger, y acordé vendérselo por ocho guineas; después lo fui a buscar al Hospital St. Thomas y se lo llevé al Sr. Appleton, quien me pagó cinco libras en ese momento y el resto el lunes siguiente.
También confieso el asesinato de un niño, que nos dijo llamarse Cunningham. Fue quince días después del asesinato de la mujer. Williams y yo lo encontramos durmiendo, creo que alrededor de las once o doce de la noche del viernes 21 de octubre, bajo unos escombros en el mercado de cerdos de Smithfield. Williams lo despertó y le pidió que lo acompañara (a Williams), y el niño caminó con Williams y conmigo hasta mi casa en Nova Scotia Gardens. Lo llevamos a mi casa y le dimos cerveza caliente azucarada, con ron y láudano. Bebió dos o tres vasos llenos y luego se durmió en una sillita de uno de mis hijos. Lo acostamos en el suelo, salimos un rato a buscar algo de beber y luego volvimos, llevamos al niño al pozo y lo arrojamos de la misma manera que habíamos servido al otro niño y a la mujer. Murió instantáneamente en el pozo, y lo dejamos allí un rato para que la mezcla que le habíamos dado diera tiempo a hacer. Lo sacamos del pozo, le quitamos la ropa en el jardín y la enterramos allí. Llevamos el cuerpo al lavadero, lo metimos en la misma caja y lo dejamos allí hasta la noche siguiente, cuando conseguimos que un mozo lo llevara al Hospital de San Bartolomé, donde se lo vendí al Sr. Smith por ocho guineas. Este chico tenía unos diez u once años; dijo que su madre vivía en la calle Kent y que no había vuelto a casa en un año o más. Declaro solemnemente que estos son todos los asesinatos en los que he participado, o de los que tengo conocimiento; que Williams y yo estuvimos solos implicados en ellos, y que ninguna otra persona sabía nada de ninguno de ellos; y que desconozco si hay otros que practiquen el mismo método para vender cadáveres. No sé nada de ningún chico italiano, y nunca estuve involucrado ni supe del asesinato de ninguno de ellos. He dedicado doce años a ganarme la vida como ladrón de cadáveres, y he obtenido y vendido... "Calculo que entre quinientos y mil cadáveres; pero declaro ante Dios que todos fueron obtenidos después de la muerte, y que, con las excepciones antes mencionadas, ignoro cualquier asesinato con ese o cualquier otro propósito."
No fue hasta después de pronunciar estas declaraciones que May tuvo conocimiento de que la ejecución de su sentencia había sido aplazada a voluntad de Su Majestad.<
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