Los crímenes del Zodíaco
A finales de la década de mil novecientos sesenta un anónimo criminal perpetró una serie de homicidios que aún permanecen impunes, y se hizo célebre por mantener en vilo a la sociedad estadounidense a través de resonantes actos mediáticos, dentro de los cuales incluía la constante amenaza de volver a atacar.
Las autoridades jamás pudieron apresarlo a despecho de una intensísima búsqueda policial, y su identidad continúa siendo un misterio hasta el día de hoy. Dicho sujeto constituyó un victimario secuencial cuyo coto de caza se radicó básicamente en la zona norte de California y en la Bahía de San Francisco (Estados Unidos de Norteamérica).
Eligió y publicitó un curioso seudónimo criminal: Zodiac Killer (el Asesino del Zodíaco).
La última persona cuyo deceso se debió a la saña del monstruo fue un taxista que lo tuvo por pasajero. Paul Lee Stine, de veintinueve años, cayó abatido bajo las balas del Zodíaco el 11 de octubre de 1969 en Presidio Heights, San Francisco. Luego de cometido este crimen los asesinatos cesaron.
A su vez el envío de cartas a la prensa y a las autoridades policiales conformó una de las características cruciales de la personalidad de este delincuente, que mostró un compulsivo afán por adquirir notoriedad.
En el haber mortuorio del «Zodíaco» se le reconoce un mínimo de cinco víctimas de su segura autoría -que los estudiosos de su saga denominan «canónicas»-, y pese a tratarse de un número escaso de presas humanas ha bastado para conferirle una infausta fama.
Ultimó tanto a hombres como a mujeres, no denotando tener un patrón específico en cuanto al tipo de víctimas que buscaba. Atentó contra jóvenes parejas de enamorados a quienes sorprendía en lugares solitarios. Solía dispararles a mansalva o amarrarles para inferirle cuchilladas; y también un taxista resultó eliminado por este maníaco.
Su campaña de terror vio su principio el 20 de diciembre de 1968 cuando la emprendió contra dos adolescentes -David Arthur Faraday y Betty Lou Jensen de diecisiete años y dieciseís años respectivamente- a quienes ejecutó mediante tiros con un arma de fuego de grueso calibre en Lake Herman Road, zona próxima a los límites de la ciudad de Benicia.
Se trataba de la primera cita de ambos chicos, los cuales planeaban asistir a un concierto de navidad que se llevaría a cabo en Hogan High, sitio emplazado a solo unas cuadras de distancia de la casa de Betty. Para su desgracia a último momento los muchachos modificaron sus planes, y resolvieron hacer una visita a un amigo que vivía más lejos. Por tal razón antes de enfilar para el concierto se detuvieron con su coche en un restaurante local a comer un bocadillo. Luego de esto, a eso de las 22,15 Faraday y Jensen se estacionaron con su automóvil en un cruce de caminos existente en Lake Herman Road.
Mientras estaban detenidos en espera de que se les franqueara el paso, el criminal aparcó su vehículo contiguo al sitio donde estaba ubicado el coche de sus futuras víctimas. Raudamente descendió del rodado y, revólver en mano, descerrajó varios proyectiles contra la pareja. La primera de las balas impactó en la cabeza del joven y las restantes penetraron por la espalda de la chica, quien había descendido de su vehículo intentando desesperadamente huir.
Este doble crimen se investigó por cuenta de la policía del condado de Solano, en cuyo ámbito de competencia fue consumado, pero no se detectaron pistas dignas de seguir.
El segundo ataque mortal infligido por el psicópata también tuvo por blanco a una pareja de jóvenes.
El 4 de julio de 1969 en la zona de Blue Rocks Spring, en un campo de golf situado a las afueras de la localidad de Vallejo, agrediría a balazos a Michael Renault Mageau de diecinueve años y a Darlene Ferrin de veintidós años, cuando ambos chicos se hallaban en el interior de un automóvil.
La agresión se llevó a cabo a la medianoche en el estacionamiento del citado campo de golf, área bajo la competencia de la policía del condado de Vallejo. En tanto los jóvenes permanecían en su coche otro vehículo aparcó repentinamente próximo a ellos, y enseguida arrancó alejándose de allí.
Sin embargo, en menos de diez minutos el mismo rodado regresó conducido a alta velocidad por el malhechor y se estacionó detrás de quienes constituían su objetivo, a fin de impedirles cualquier escapatoria. Con un salto veloz el conductor salió de su automóvil. Portaba en una de sus manos una linterna cuyo potente haz lumínico dirigió sobre la cara de los chicos quienes, cegados por el resplandor, no advirtieron el revólver de grueso calibre que su atacante empuñaba con la otra mano. El atacante jaló del gatillo y una sucesión de proyectiles se estrellaron en los cuerpos de los indefensos jóvenes, matando a la chica y salvando milagrosamente la vida el muchacho, a pesar de sufrir impactos de bala en el cuello, el pecho y el rostro. Darlene fallecería como consecuencia de sus heridas pese a recibir urgentes primeros auxilios en el hospital Kaiser Fundation. Michael, en cambio, aunque gravemente maltrecho, logró sobrevivir.
Después de cometido este brutal crimen, por primera vez el Asesino del Zodíaco se hizo público al llamar desde una cabina telefónica a la comisaría de Vallejo. Informó haber asesinado a dos personas (pues supuso que Michael estaba muerto), y señaló con precisión dónde se aparcaba el vehículo en cuyo interior encontrarían a los presuntos cadáveres; y no solo ello sino que igualmente se atribuyó haber dado muerte a dos adolescentes en Lake Herman Road, Benicia, en alusión a los homicidios perpetrados contra los infortunados David Faraday y Betty Lou Jensen.
Sin embargo, en menos de diez minutos el mismo rodado regresó conducido a alta velocidad por el malhechor y se estacionó detrás de quienes constituían su objetivo, a fin de impedirles cualquier escapatoria. Con un salto veloz el conductor salió de su automóvil. Portaba en una de sus manos una linterna cuyo potente haz lumínico dirigió sobre la cara de los chicos quienes, cegados por el resplandor, no advirtieron el revólver de grueso calibre que su atacante empuñaba con la otra mano. El atacante jaló del gatillo y una sucesión de proyectiles se estrellaron en los cuerpos de los indefensos jóvenes, matando a la chica y salvando milagrosamente la vida el muchacho, a pesar de sufrir impactos de bala en el cuello, el pecho y el rostro. Darlene fallecería como consecuencia de sus heridas pese a recibir urgentes primeros auxilios en el hospital Kaiser Fundation. Michael, en cambio, aunque gravemente maltrecho, logró sobrevivir.
Después de cometido este brutal crimen, por primera vez el Asesino del Zodíaco se hizo público al llamar desde una cabina telefónica a la comisaría de Vallejo. Informó haber asesinado a dos personas (pues supuso que Michael estaba muerto), y señaló con precisión dónde se aparcaba el vehículo en cuyo interior encontrarían a los presuntos cadáveres; y no solo ello sino que igualmente se atribuyó haber dado muerte a dos adolescentes en Lake Herman Road, Benicia, en alusión a los homicidios perpetrados contra los infortunados David Faraday y Betty Lou Jensen.
El 1º de agosto de 1969 tres cartas escritas por este trastornado arribaron a las redacciones de los periódicos Vallejo Times Heralds, San Francisco Chronicle y San Francisco Examiner.
Las misivas estaban redactadas de manera prácticamente idéntica, y en ellas su autor se atribuía la comisión de los tres homicidios cometidos hasta la fecha. En el interior de los sobres que portaban los mensajes se incluía una hoja con el dibujo de un criptograma de unos trescientos caracteres. Según pretendía, allí se develaba la identidad del emisor, y se brindaba a la policía pistas para posibilitar su captura. Aquel intrigante recado aproximadamente mentaba así:
«Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que cazar animales en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos. Matar a alguien es la experiencia más excitante. Es mejor aún que tener sexo con una chica, y lo mejor de todo es que cuando yo muera voy a renacer en el paraíso, y todos aquellos a los que he matado serán mis esclavos. No daré mi nombre porque ustedes tratarán de retrasar mi recolección de esclavos para mi vida en el más allá.»
Comenzaba la lucha mediática entre el Asesino del Zodíaco y las autoridades. El remitente exigía que los comunicados salieran impresos en primera plana de los periódicos y amenazaba con que, en caso contrario, asesinaría a una docena de personas escogidas por las calles al azar ese fin de semana. Por fortuna, el psicópata nunca llegó a concretar los anunciados crímenes.
El tercer acometimiento mortal lo llevó a cabo el 27 de septiembre de 1969 en la costa de un lago artificial -Lake Berriesa- ubicado en el condado de Napa. En dicha ocasión el perpetrador, vistiendo un extraño atuendo de corte militar con capucha negra, apuntó con su revólver a los jóvenes Bryan Calvin Hartnell de veinte años y Cecilia Ann Shepard de veintidós años. A pesar de que el muchacho le ofreció su billetera y las llaves de su auto al asaltante, éste amarró a la pareja por medio de cuerdas y, acto seguido, extrajo una afilada cuchilla con la cual les infirió feroces incisiones. Hartnell sobrevivió agónicamente, tras permanecer durante tres meses en estado de coma, luego de que seis puñaladas le atravesaron su espalda. La joven Ann Shepard, por el contrario, expiró dos días más tarde de haber padecido el letal ataque, no obstante los febriles cuidados que se le dispensaron en el Hospital Queen of Valley de Napa.«Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que cazar animales en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos. Matar a alguien es la experiencia más excitante. Es mejor aún que tener sexo con una chica, y lo mejor de todo es que cuando yo muera voy a renacer en el paraíso, y todos aquellos a los que he matado serán mis esclavos. No daré mi nombre porque ustedes tratarán de retrasar mi recolección de esclavos para mi vida en el más allá.»
Comenzaba la lucha mediática entre el Asesino del Zodíaco y las autoridades. El remitente exigía que los comunicados salieran impresos en primera plana de los periódicos y amenazaba con que, en caso contrario, asesinaría a una docena de personas escogidas por las calles al azar ese fin de semana. Por fortuna, el psicópata nunca llegó a concretar los anunciados crímenes.
La última persona cuyo deceso se debió a la saña del monstruo fue un taxista que lo tuvo por pasajero. Paul Lee Stine, de veintinueve años, cayó abatido bajo las balas del Zodíaco el 11 de octubre de 1969 en Presidio Heights, San Francisco. Luego de cometido este crimen los asesinatos cesaron.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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