El vampiro humano

 El sádico abrió la puerta empuñando el cuchillo sangrante. Ella no podía creer que la liberaría, que se conformaría con haberle inferido ese pequeño tajo en el cuello; suficiente para hacerla sangrar, y ponerse a succionar como un demente el flujo que de la herida manaba. La joven ya no vaciló más. Cruzó el umbral de la abierta puerta huyendo de ese antro. Corrió por las callejuelas empedradas, tapando con las manos su boca para no gritar, ahogando su angustia. Mary Budlich había vuelto a nacer ese día, no iría a denunciar a las autoridades; llegaría a su casa, curaría su herida y trataría de olvidarse del horror padecido.

El vampiro humano se limpió los labios y salió rumbo a la acera, desierta a esa hora nocturna. Sus mejillas y su frente estaban manchadas con el rojo fluido de la mujer violentada. Se limpió con un pañuelo y avanzó por las oscuras calles. De no ser por la palidez extrema reflejada en su rostro, nada en su fisonomía desentonaba.
Aquel sobrio caballero vestido con gabardina y sombrero caminaba muy digno por la ciudad germana. No generaba sospechas ni, menos aún, temor alguno. Además esta vez se lo veía especialmente tranquilo, no se sentía con ánimo de matar; estaba satisfecho con haber aterrorizado a la muchacha, y obtenido su ración de sangre.
El criminal que había mostrado clemencia se llamaba Peter Kürten, recordado en la historia del crimen como el "Vampiro de Düsseldorf", en honor a la ciudad alemana donde ocasionó sus barbáricas tropelías, y adquirió infame celebridad por ser uno de los más espeluznantes homicidas seriales de la historia. Nació el 26 de mayo de 1883 en Colonia, Alemania, en Köln-Mülhein, y fue el quinto hijo de trece hermanos que crecieron con grandes estrecheces económicas. Su niñez devino muy conflictiva por causa de un padre alcohólico que lo maltrataba sin motivo, y se ha pretendido que su madre lo acosaba sexualmente.
A los cinco años el futuro depredador manifestó sus precoces instintos criminales al intentar ahogar a un compañero que jugaba con él en una pequeña embarcación. En 1894, siendo muy joven, se trasladó con su familia a la ciudad de Düsseldorf, y que vivía en un hogar muy perturbado quedó en evidencia cuando, en 1897, su progenitor resultó condenado a cumplir trabajos forzados por tentativa de incesto contra una de las hermanas de Peter.
Sus iniciales condenas le fueron impuestas entre los años 1902 y 1921 por delitos que le hicieron acreedor a un prontuario que incluyó la violación, la malversación de fondos y la rapiña. Salió de la prisión presuntamente recuperado y decidido a transformarse en un miembro útil para la comunidad. En 1923 se casó y tomó un trabajo con el cual cumplía meticulosamente.
Sus vecinos lo consideraban una persona de bien, y quedaron perplejos cuando años más tarde la policía lo detuvo bajo la acusación de haber cometido abominables fechorías. Empero, aun durante ese lapso donde intentó observar una existencia normal, el instinto malévolo volvió a apoderarse de él y lo indujo al crimen.
Su primer homicidio lo perpetró en 1913, y su presa humana fue una niña a la cual violó y degolló. Aparentemente a este despreciable atentado le siguió un período de calma donde el matador pudo contener sus pérfidas inclinaciones. Pero el monstruo que se ocultaba en su interior estalló con ingobernable furia a partir del año 1929, y ahora lo dominaría hasta su trágico final.
Una retahíla de atroces asesinatos, caracterizados por el uso de cuchillos y tijeras como arma mortal, estremeció a la población germana. Se supo que el ultimador había llegado al pavoroso extremo de probar la sangre de sus presas humanas.
Un error provocó su captura pues, como ya vimos, tras violar en su propia vivienda a aquella chica —y cuando se aprestaba a segarle la vida— experimentó un momento de piedad sucumbiendo frente a los ruegos de la desesperada mujer.
Luego de hacerle jurar que no lo delataría, se dio por saciado con rasgarle levemente el cuello y, tras beber de su sangre, la dejó escapar. Mary Budlich —la joven agredida— cumplió su promesa de no acusarlo ante la fuerza pública, pese a que estaba convencida de que su atacante era el brutal ejecutor que tenía en jaque a la policía, y a quien la prensa y el público apodaban “El Vampiro”.
Sin embargo, Mary le contó el incidente a una amiga mediante una carta donde le informaba, a su vez, cuál era el domicilio del sujeto. Por equivocación, la misiva fue abierta y leída por la anciana madre de aquella, la cual dio cuenta a las autoridades.
El 14 de mayo de 1930 el vampiro humano fue detenido. Lo condenaron a morir en la guillotina en cumplimiento de sentencia pronunciada por el tribunal de la ciudad de Colonia, la que se llevó a efecto el 8 de julio de 1931. Como último deseo el condenado se confesó ante el capellán de la cárcel y redactó una carta de arrepentimiento dirigida a los familiares de sus víctimas.

* Texto de Gabriel Antonio Pombo.



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