La reina guerrera
La hermosa mujer de revueltos cabellos, ojos enajenados y blanca piel salpicada de sangre, empuña la espada curva con la cual ultimó a sus enemigos en la batalla. Detrás suyo, un relámpago resplandece en el cielo plomizo del lluvioso atardecer, mientras la reina guerrera camina por la aldea vacía, arrasada por sus tropas.
Solo el sensual atuendo, que deja a la vista uno de sus bonitos muslos, desentona en la evocación histórica. Boudica, la reina de los icenos, nunca hubiese vestido así.
Su tribu dominaba la Anglia del Este, emplazada en las regiones de Norfolk y Suffolk actuales. Su nombre significa Victoria en celta, y lideró una revuelta contra Roma.
Muy joven se casó con el rey de los icenos, Prasutago, cuyo reino estaba asociado al Imperio romano, tras recibir ayuda financiera del Emperador Claudio en el año 43.
A cambio del dinero, se celebró un acuerdo declarando al emperador de Roma coheredero del reino Iceno. Prasutago y Boudica sólo tuvieron descendencia femenina. Para los icenos cualquiera de sus hijas podía heredar el trono al fallecer el monarca, pero los romanos únicamente admitían la sucesión por vía masculina.
Roma reclamó el pago del adeudo pero Icenia estaba en bancarrota; por lo que, en represalia, los legionarios practicaron un cruel pillaje sobre las aldeas vecinas a Icenia.
No le quitaron el mando de su reino a Boudica, aunque la castigaron y humillaron.
En el año 60 la reina guerrera creyó llegado el momento de tomar venganza.
Tras arengar a sus huestes y a las de sus poblados vasallos, puso cerco a la colonia romana de Camulodonum (actual Colchester), derrotó a la guarnición imperial, y la masacró sin piedad. Cinco mil militares romanos fueron pasados a cuchillo.
Consumado el sangriento triunfo, las escuadras icenas atacaron Londinium, otra ciudad tributaria de Roma, arrasándola a sangre y fuego. De inmediato avanzaron hacia otra localidad vasalla del imperio, Verulamium, a la cual cercaron hasta rendirla.
Todos los soldados itálicos, y sus aliados capturados, morirían asesinados.
Enterado del desastre, el gobernador de Britania, Suetonio Paulino, reunió en Exeter a sus legiones para dar batalla campal a los rebeldes. Boudica y sus guerreros, embriagados de fervor patriótico, no vacilaron en combatir a las escuadras romanas a cielo abierto. Esta impulsiva e imprudente decisión bélica constituiría un error fatal.
Las legiones, sólidamente pertrechadas y organizadas, aguantaron la embestida de los icenos y sus coaligados. La caballería maniobró con su característica eficacia, envolvió a los rebeldes, y los exterminó con saña implacable. Producida la terrible derrota, el destino final de Boudica se tornó borroso.
Se dijo que, aunque logró huir, perseguida y acosada por sus enemigos, se envenenó.
También afirmaron que devino aprehendida y encarcelada. Recluida en la mazmorra, para evitar el martirio que le sería infligido en Roma, sobornó a un guardia y obtuvo un frasco con veneno cuyo contenido ingirió poniendo, de esa forma, fin a su vida.
Otra versión aporta un desenlace menos heroico y sostiene que expiró en una celda, a raíz de las múltiples y graves heridas sufridas en el curso de la cruenta pelea.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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