Atar, Torturar, Matar
El 22 de octubre de 1974 Dennis Rader llamó a Don Granger, reportero del periódico local The Whichita Eagle encargado de la página policial, y le informó que en el segundo piso de la biblioteca pública de la ciudad, en el interior de un libro, se hallarían pistas del crimen cometido contra la familia Otero.
Cuando los policías ubicaron dentro de un manual de mecánica esa misiva quedaron impactados. Allí se describía cómo habían quedado colocados, tras la matanza, los cuerpos de las víctimas, que ropa vestían, cómo fueron amarrados, que tipo de cuerda se usó, etc. Vale decir, información confidencial no publicada en la prensa, datos que solo el auténtico victimario podía conocer.
La nota proseguía comunicando que el redactor no podía contenerse y que volvería a asesinar, pues un «Monstruo interior» lo impelía a cobrarse más presas humanas. No se consideraba responsable de los crímenes ni ser una persona realmente malvada porque, según alegaba, había nacido con el "Factor x", anomalía inherente a los asesinos seriales, que era la verdadera culpable de sus destructivos actos.
Concluía aquellas líneas con una posdata donde declaraba: «...Como los criminales sexuales no cambian su modus operandi, o por naturaleza no pueden hacerlo, no cambiaré el mío. Mis palabras clave serán Bind Them (Átalos), Torture Them (Tortúralos), Kill Them (Mátalos): BTK, lo vereis en la próxima víctima...». Nacía así la historia del asesino serial que se conocería por su apodo criminal de «Atar», «Torturar», «Matar». («BTK», en inglés).
La policía de ese tiempo no estaba familiarizada con la mentalidad de los victimarios secuenciales y, mostrando cierta ingenuidad, publicaron un anuncio clasificado en el The Whichita Eagle con la esperanza de que BTK decidiera contactarse para librarse de su demonio interno, donde ofrecían prestarle auxilio psicológico: "BTK, dispone ud. de ayuda, llame al 684-6321 antes de las 10 de la noche", rezaba el texto de ese anuncio.
Días más tarde, ante el silencio del homicida, el periodista Don Granger le mandó una invitación proporcionándole su número telefónico para que hablase con él. Prometía conseguirle una buena asistencia letrada si estaba dispuesto a entregarse.
Huelga señalar, que tampoco hubo respuesta alguna a esta propuesta. El 31 de enero de 1978 envió un poema entre satírico y macabro, donde describía escenas del crimen, en honor de su víctima Shirley Vian al The Wichita Eagle. Esta letra, y los posibles indicios que pudiera haber dejado, se extravió y nunca fue publicada.
Dennis Rader leía todos los días con ansiedad el periódico aguardando la noticia de su travesura. Al pasar el tiempo sin que nada fuera publicado creyó que lo ignoraban deliberadamente, y se enfureció. Optó entonces por cambiar de medio de difusión y remitió un amplio sobre de papel manila color marrón, ahora dirigido a la cadena televisiva local Kake-TV que fue recibido en la mañana del 10 de febrero de 1978.
El sobre portaba un extraño poema dedicado a la víctima Nancy Fox donde se recreaba aquel crimen. Además, en el papel sobre el cual estaba escrito el desquiciado poema podía visualizarse, abajo de ese texto, un tosco dibujo representando a la joven asesinada, tal cual la había dejado muerta sobre la cama, y una mesilla sobre la que reposaban sus gafas, tal como la policía la había hallado.
Dennis Rader continuaba enfadado con el The Wichita Eagle por haberlo ignorado, y así lo acreditaba la carta que también contenía aquel sobre, y en la cual se señalaba que:
"...Me resulta ofensivo que los medios no hagan ninguna alusión a mi poema sobre Vian. Un pequeño párrafo hubiera bastado. De todos modos entiendo que la culpa no es de los medios, el jefe de policía quiere mantener a todo el mundo tranquilo, en la ignorancia de que hay un psicópata por ahí, estrangulando mujeres especialmente. Ya van siete víctimas. ¿Quién será la siguiente? ¿A cuántas tengo que matar para que me hagan un poco de caso? ¿Los policías no se dan cuenta de que todas esas muertes están vinculadas? ... Ha llegado la hora de ponerme un nombre: ya llevo siete víctimas y quedan muchas más por llegar. Me gustan éstos... ¿y a vosotros? "El estrangulador BTK" "El estrangulador de Wichita" "El estrangulador poeta" "El garrote fantasma"...".
Estas inequívocas pruebas de que el criminal hablaba en serio determinaron al por entonces jefe de la policía de Wichita, Richard LaMunyon, a alertar a la población anunciando que un homicida en serie estaba al acecho.
En la tarde de ese 10 de febrero de 1978 convocó a una rueda de prensa. Los habitantes de Wichita y sus alrededores entraron en pánico y la compra de sistemas de protección en las viviendas se multiplicaron. Irónicamente, la empresa de alarmas en la cual trabajaba Dennis Rader hizo su agosto pues, al igual que otras compañías de seguridad, alcanzó cifras records en sus ventas. De paso, el asesino aprovechaba su labor como colocador de alarmas y agente privado de seguridad para recorrer las calles con la camioneta de la empresa.
Así, portando el uniforme laboral gracias al cual alejaba sospechas, iba recabando pacientemente información útil a fin de saber en cuáles casas era más fácil entrar clandestinamente para consumar sus perversos fines, qué mujeres vivían solas, cuáles eran sus horarios, si tenían pareja o hijos menores y, en fin, innumerables y valiosos datos que con suma minucia registraba a la espera del momento más apropiado para perpetrar sus nuevas tropelías.
A la larga, el afán de notoriedad que imbuía a este cruel ultimador secuencial fue lo que cavó su fosa. El 16 de febrero de 2005 llegó a los estudios de Kake-TV un paquete remitido por BTK conteniendo una carta, una joya y un disquete que Dennis Rader había grabado confiadamente. El jefe de la policía de Wichita, Kenny Landwehr no podía creer lo que estaba viendo, no daba crédito a su buena suerte. Llamó enseguida a Randy Stone, el informático de la división, quien rodeado de ansiosos policías no tardó en encontrar un rastro: el de la Iglesia Luterana de Wichita, y un nombre: Dennis.
Teclearon en google y supieron que se trataba de Dennis Rader, presidente de esa congregación eclesiástica. Luego de treinta y un años de cacería al fin la presa estaba su alcance. El próximo paso consistió en aproximarse con disimulo a su residencia de Park City donde vieron estacionada la camioneta Gran Cherokee negra que había sido usada por la persona que dejó el paquete, y que las cámaras de seguridad exteriores de la cadena televisiva Kake TV habían captado, aunque sin identificar la matrícula del rodado ni al conductor, dada la mala calidad de las imágenes.
Para asegurarse, los detectives cotejaron muestras de ADN de la hija casada de Dennis Rader con las muestras seminales halladas en enero de 1974 sobre el cadáver de la niña Jessie Otero. Las muestras coincidían sin dejar lugar a dudas. Se detuvo al asesino BTK el 25 de febrero de 2005 cuando volvía a su casa para almorzar. Al ver descender del coche policial a los agentes el delincuente identificó al jefe de estos, y le saludó con aparente despreocupación.
—Hello, Mr. Landwehr.
Tras varias horas de interrogatorio en la estación de policía confesó sus crímenes, regocijándose en los detalles morbosos. La prolongada noche de terror que asoló a los habitantes de Wichita durante treinta y un años había llegado a su fin.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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