Niñeras muertas

 

Nicholas Boyce ya no podía seguir soportando las burlas humillantes de su esposa, la niñera Christabel, quien lo calificaba de "inútil perezoso incapaz de triunfar". A despecho de que se trataba de un individuo preparado que tenía una licenciatura en ciencias, no se destacaba por su imaginación. Incapaz de encontrar una solución mejor, acabó golpeándola y estrangulándola el 13 de enero de 1985, en el curso de una refriega más furibunda de lo habitual. Decidió librarse del cadáver desmembrándolo y, según sus propios recuerdos, necesitó de cinco horas con un cuchillo y una sierra en el cuarto de baño de su apartamento sito en la región este de Londres. Atento confesó a la policía: "Herví los fragmentos y los metí en bolsas de plástico que fui dejando en distintas partes de la capital".

El asesino dejó aquellos trozos corporales diseminados en varios edificios en construcción de Kilburn e Isliston, en Hackney Marshes y en Westminster, junto a un restaurante especializado en platos para llevar. Los desplazamientos a zonas alejadas de Londres los realizó en su coche, acompañado por sus hijos menores de edad. La cabeza de la señora Boyle, como ocurre con mucha frecuencia en los casos de desmembramiento, mereció un tratamiento especial y fue recubierta de cemento antes de ser arrojada a las aguas del río Támesis. Cinco días más tarde, el 18 de enero, Nicholas Boyce se presentó en la comisaría de policía de Bethnal Green y admitió su culpa.
El telón de fondo de este homicidio radicó en la típica mezcla de disputas domésticas agravadas por la violencia. Se trató de un evento particularmente brutal, al extremo de que los patólogos que reunieron los fragmentos de Christabel Boyce hablaron de un "ataque feroz", y el ulterior desmembramiento añadió un toque horrendo a este caso. 
Pese a todos estos tétricos ingredientes, el forzado deceso de la niñera no habría interesado a la prensa, y hubiese rápidamente caído en el olvido. Sin embargo, había un dato curioso en este crimen que lo volvía irresistible para el morbo popular. Los periódicos se refirieron a esta historia con titulares como "La segunda niñera Lucan es asesinada" o "Muere la segunda niñera Lucan".
¿Qué querían decir con tales títulos? La alusión apuntaba al séptimo conde de Lucan, conocido por sus amistades bajo el alias de "Lucky". Aquel hombre había desaparecido el 7 de noviembre de 1974 dejando tras de sí el cadáver salvajemente magullado de la niñera de sus menores hijos.
La difunta era la joven Sandra Rivett, cuyo cuerpo apareció en el sótano de la mansión de Verónica, la esposa del aristócrata, de la cual aquel se hallaba separado. Lucky estaba decidido a zanjar las agrias diferencias que mantenía con su mujer, y se había colado clandestinamente en la residencia. Aguardó oculto en la penumbra del sótano hasta que escuchó el rumor de unos pasos descendiendo por la escalera. Sin reparar en que no se trataba de Verónica, se abalanzó sobre la desdichada niñera esgrimiendo un tubo de plomo y la golpeó destrozándole el cráneo. Asustada al oír los gritos que la chica profería, la dueña de casa la llamó desde el primer piso, preguntando qué estaba ocurriendo.
Recién en ese momento el agresor se percató de que había ultimado a la presa humana equivocada. Volvió a agazaparse en la oscuridad, y cuando Verónica bajó para auxiliar a su empleada intentó estrangularla. No tuvo éxito esta vez. Tras una corta refriega, la agredida logró zafarse propinándole un puntapié en la entrepierna, y poniéndolo en fuga.
La investigación policial se llevó a cabo en junio de 1975, y el jurado dictaminó que Lord Lucan resultaba culpable de haber perpetrado un homicidio especialmente agravado.
La primera víctima de esta narración, Christabel Boyce, quien por entonces se apellidaba Martin, al tiempo de acaecer su muerte era la chica encargada de cuidar a los niños de Lord Lucan.
La ironía en este caso consistía en que había precedido a la niñera Sandra Rivett en aquel trabajo, pues la sustituía durante sus días francos. De hecho, el fatídico 7 de noviembre de 1974 cuando Sandra fue asesinada por error era uno de sus días libres. A último momento por motivos personales la niñera oficial de la familia Lucan decidió trabajar aquella jornada, y se avisó a Christabel que en esa ocasión no serían requeridos sus servicios. Perfectamente la señora Boyle podría haber sufrido su trágico destino final una década antes, y a manos de otro hombre.
El fugitivo Lord Lucan, en el largo tiempo transcurrido desde su crimen, ha sido reportado como visto por decenas de testigos en diversos puntos del globo. Nunca se lo encontró, y la ley británica terminó declarándolo fallecido en ausencia. 
Por su parte el paradero del otro homicida de niñeras, Nicholas Boyce, siempre estuvo claro. Recibió una pena benigna, a pesar del agravante de ocultar y eliminar el cuerpo de su esposa. Se estimó que había cometido un homicidio involuntario, tras una riña donde no tuvo intención de matar. Luego de seis años de cárcel quedó libre en 1991.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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