Los crímenes de la ogresa
Amelia Elizabeth Dyer, nacida con el apellido Hobley en el año 1837, fue una asesina en serie británica que se ganó el innoble apodo de "La Ogresa de Reading". Quitó la vida a decenas, tal vez a cientos, de inocentes bebés que fueron dejados bajo su cuidado entre los años 1869 y 1896.
Tras formarse como enfermera y enviudar en 1869, Amelia Dyer se dedicó a la crianza de infantes. Adoptaba de hecho a bebés no deseados por sus madres biológicas, y a cambio de tal servicio recibía dinero para costear su manutención. Comenzó cuidando niños de manera legítima, al tiempo de que criaba a dos hijos propios, habidos de uno de sus matrimonios. En esta primera fase, aun cuando no está acreditado que matara de forma intencional, se estima que unos cuatrocientos infantes fallecieron mientras estaban bajo su responsabilidad.
Al enterarse de tan calamitosa situación, las autoridades le quitaron la licencia a esta oscura enfermera, y la procesaron por el cargo de negligencia grave. La condena sin embargo resultó ridícula: Amelia solo cumplió seis meses de reclusión y trabajos forzados. Luego de salir de su encierro, lejos de apaciguarse, empezó a asesinar por mano propia a los bebés que "adoptaba". Su modus operandi consistía en estrangularlos y desechar los frágiles cuerpos para no despertar sospechas. Consta que era una persona mentalmente inestable que fue internada en varios centros psiquiátricos a lo largo de su existencia, y que sobrevivió al menos a una tentativa de suicidio. No obstante, se supone que exageraba sus desórdenes psíquicos para usar esta excusa como coartada para que la reputasen inimputable de sus acciones, cuando saliesen a luz sus aberrantes delitos.
La caída en degracia de la Ogresa de Reading llegó cuando se descubrió en el río Támesis un paquete con los cadáveres de dos bebés. Al ser asociada a estos crímenes, con pruebas irrefutables, se dispuso su detención el 4 de abril de 1896. Su proceso penal devino uno de los más extraordinarios de la época victoriana, y al cabo fue hallada culpable de los homicidios de la pequeña Doris Marmon y del bebé Harry Simmons. El 10 de junio de 1896 pagó su culpa al ser ejecutada mediante la horca.
En momentos previos a su deceso le fueron atribuidos otros homicidios además de aquél por el cual se la condenó. Se estima que fue responsable de muchas muertes similares, hasta cuatrocientas o más en el largo período durante el que estuvo criminalmente activa, Se ha sostenido, en forma verosímil, que se trató de la asesina en serie más prolífica de la historia británica, y tal vez mundial.
Si se observan sus antecedentes, nada hacía pensar que llegase a convertirse en el monstruo que registran los anales del crimen. Amelia Elizabeth Hobley nació como la menor de cinco hermanos en el modesto poblado de Pyle Marsh, al este de Bristol . Su padre fue el maestro zapatero Samuel Hobley y su madre la ama de casa Sarah Hobley (de soltera Weymouth). Pronto aprendió a leer y escribir, y desarrolló un gusto por la literatura y la poesía. Todo le rodaba bien al comienzo, pero su niñez se vio empañada por la enfermedad mental de su madre, a causa del tifus. Sarah sufrió ataques violentos, presenciados por sus hijos, hasta su muerte en 1848. Algunos han especulado que esta mala experiencia distorsionó la mente de Amelia, y sembró la semilla del desorden mental.
En 1861, a la edad de veinticuatro años, la chica se distanció de su familia restante y se mudó a un alojamiento en Trinity Street, Bristol donde se casó con George Thomas, de cincuenta y nueve años. Ambos cónyuges mintieron sobre sus edades en el certificado de matrimonio para reducir la diferencia de edad; George restó once años a su edad y Amelia agregó seis años a la suya. La recién casada se formó como enfermera tras vincularse a la partera Ellen Dane, de quien aprendió una forma fácil de ganarse la vida: usar su propia casa para proporcionar alojamiento a mujeres jóvenes que habían concebido ilegítimamente, y luego criar a los bebés para su adopción o dejar que murieran a causa de negligencia y desnutrición.
Las madres solteras durante el período victoriano a menudo luchaban por obtener un ingreso (desde que la Ley de Enmienda de la Ley de Pobres de 1834 había eliminado cualquier obligación financiera de los padres de niños ilegítimos) mientras criaban a sus hijos en una sociedad donde el nacimiento fuera del matrimonio estaba estigmatizado. Esto condujo a la práctica de la cría de bebés, en la que las personas actuaban como agentes de adopción o crianza a cambio de pagos regulares o una tarifa única por adelantado a cargo de las madres de los bebés. Se establecieron muchos negocios para acoger a estas jóvenes mujeres y cuidarlas hasta que dieran a luz. Posteriormente, las madres dejaban a sus bebés no deseados al cuidado de estas "Madres nodrizas".
Cuando el esposo de Amelia falleció en 1869, la viuda quedó necesitada de una nueva fuente de ingresos, y comenzó a dedicarse de lleno a cobrar por el cuidado de bebés. En sus anuncios y reuniones con clientes, aseguraba que era una mujer casada muy respetable, que proporcionaría un hogar seguro y amoroso para el niño.
En 1872, se casó con William Dyer, un obrero cervecero de Bristol con el cual concibió dos hijos. Años más adelante abandonaría a su marido, siendo el cuidado de infantes ajenos su única fuente de ingresos.
En algún momento de su carrera como criadora de bebés, Amelia Dyer decidió renunciar al gasto y a los inconvenientes de dejar que los niños perecieran por negligencia y hambre; poco después de recibir a cada niño, los asesinaba, lo que le permitía embolsarse la mayor parte o la totalidad de los honorarios.
Durante bastante tiempo logró eludir a la policía, hasta que fue capturada en el año 1879, luego de que un médico recelara del gran número de óbitos de criaturas bajo su cuidado que debía certificar. Sin embargo, en lugar de ser penada por cometer asesinatos u homicidios involuntarios, solo fue sancionada a purgar seis meses de carcel con trabajos forzados. Tras quedar libre, la mujer comenzó a abusar del alcohol y de productos a base de opio, al principio de su carrera como asesina, y se especuló que su inestabilidad mental podría estar relacionada con el abuso de tales sustancias nocivas. La Ogresa de Reading volvió al negocio de la cría de bebés y a cometer infanticidios, usando distintos alias para evitar sospechas.
El final de su actividad criminal tuvo lugar en enero de 1896, cuando Evelina Marmon, una bonita camarera de veinticinco años, dio a luz a una hija ilegítima, Doris en una pensión de Cheltenham . La chica buscó ofertas de adopción y publicó un anuncio en la sección «Varios» del periódico Bristol Times & Mirror que simplemente refería: "Se busca mujer respetable para hacerse cargo de un niño pequeño". Marmon tenía la intención de volver a trabajar y, con el tiempo, recuperar a su hija. Casualmente, junto al suyo, había un anuncio donde se señalaba: «Matrimonio sin familia que adopta un niño sano, bonita casa de campo. Condiciones: 10 libras». Marmon respondió a una tal «Sra. Harding», y días después recibió una respuesta de Dyer. Desde Oxford Road, en Reading, la «Sra. Harding» le escribió: «Me alegraría tener una querida niña, una que pudiera criar y llamar mía. No tengo hijos propios. Un hijo conmigo tendrá un buen hogar y el amor de una madre».
La confiada camarera entregó su bebé a Dyer y le pagó por adelantado. Una vez con la criatura, Amelia se dirigió al número 76 de Mayo Road, Willesden , Londres, donde se alojaba su hija Polly, de veintitrés años. Allí encontró una cinta blanca para ribetes, usada en costura, la enrolló dos veces alrededor del cuello de la nena y le hizo un nudo. La muerte resultó lenta y dolorosa. Al día siguiente, primero de abril de 1896 otro infante, llamado Harry Simmons, fue llevado al cuidado de Amelia. Esta vez, como no disponía de otra cinta blanca de ribete, retiró el trozo que rodeaba el cuellito de Doris y lo utilizó para estrangular a este niño de trece meses.
El 30 de marzo de 1896, un barquero recuperó un paquete del río Támesis en Reading. En su interior yacía el cuerpecito de Helena Fry envuelto en un papel de regalo sobre el cual se advirtió, tras ser analizado con microscopio, que se había escrito el nombre, apenas legible, de «Sra. Thomas», uno de los alias empleados por Amelia Dyer, así como su dirección. Tras dragarse el rio se hallaron otros cadáveres infantiles. Los detectives actuantes, encabezados por James Anderson, comprobaron quién era en verdad la tal Sra Thomas, y cuáles devenían sus sospechosos antecedentes. La muerte de bebés había sido una constante en su actividad, y poco costó demostrar su culpabilidad en estos homicidios.
La criminal resultó arrestada el 4 de abril de 1896, bajo la acusación de haber perpetrado ambos infanticidios. Confesó haber asesinado a los pequeños y la única defensa que esgrimió ante la Corte fue la de padecer demencia, pues había sido internada dos veces en manicomios de Bristol. Sin embargo la fiscalía desbarató sus argumentos y excusas, probando que era consciente de sus actos, y el jurado dictó un veredicto de condena a muerte contra la rea.
La labor de ahorcar a la ogresa Ogresa estuvo a cargo del verdugo James Billington en la prisión de Newgate el miércoles 10 de junio de 1896. Al subir al cadalso se le preguntó si quería expresar sus palabras finales, ante lo cual se limitó a responder: "No tengo nada que decir". A las 9 de la mañana se ciño la soga a su cuello, la trampilla se abrió bajo sus pies y la asesina cayó al vacío. Minutos más tarde el médico del presidio confirmó su deceso, y descolgaron el cadáver.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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