La viuda negra


La mujer destinada a ser la primera asesina en serie de Inglaterra nació, cuando Guillermo IV era el monarca inglés, el 31 de octubre de 1832, con el nombre de Mary Ann Robson. 

No gozó de una niñez fácil y feliz, dado que varias desgracias se hicieron presentes durante su infancia. Su hermana Margaret falleció siendo Mary Ann muy pequeña. Su padre era un minero metodista que cayó en un pozo de 45 metros trabajando en una mina cuando la niña tenía 9 años. Sus compañeros llevaron el cadáver de Michael Robson a su casa dentro de un saco de arpillera con el nombre de la compañía, una manera cruel de mostrar que el minero era propiedad de la empresa. Ese triste suceso debió impactar dolorosamente en la mente en la infante, pero por cierto que no explica ni justifica que años después se transformase en una letal asesina en serie. 

Cabe tener en cuenta que se producían casi mil accidentes de este tipo en el Reino Unido en aquellos años, por lo que el violento deceso de su padre no constituyó algo inusual. Las empresas mineras solían desalojar en apenas un mes a los familiares del minero fallecido, dado que la vivienda le pertenecía a la compañía. La indemnización que la familia del difunto recibió resultó muy escasa, por lo cual al poco tiempo la madre de Mary Ann se vio forzada a buscar un nuevo esposo para mantener a sus menores hijos.  

El segundo marido de su progenitora fue otro estricto minero. La niña asistía a una escuela dominical para pobres. Allí fue descrita como limpia y de carácter amable. Una infante que se relacionaba adecuadamente con los otros alumnos, y que exhibía correcto comportamiento y buena educación. Aún no había indicios del monstruo en que se iría a convertir. 

A sus 16 años comenzó a trabajar de niñera para los hijos de un encargado de cocina de un pueblo cercano, pero tiempo  más tarde retornó a su hogar para laborar como modista. 

En 1852, ya embarazada, se casó con William Mombray, un hombre respetable que era unos años mayor que ella y laboraba de bombero. La pareja se mudó a Plymouth al sudoeste de Inglaterra. Plymouth tenía un gran astillero naval donde William Mombray empezó su nuevo trabajo. Durante los siguientes años la muy fértil joven dio a luz a entre 7 y 9 hijos. La cifra real es incierta dado que los registros de nacimiento y defunciones de la época no eran rigurosos, pero lo cierto es que la mayoría de sus vástagos no sobrevieron a la infancia. La razón de sus decesos se hizo constar como fiebre gastrointestinal o fiebre gástrica, una causa de muerte muy frecuente en aquella era. 

Las aguas contaminadas contribuyeron a la aterradora estadistica de que 1 de cada 3 infantes fallecían antes de los 5 años a raíz de estas enfermedades. Por ende, al no tratarse de algo inusual, los sucesivos óbitos de sus hijos menores no se adjudicaron a la causa real. La realidad fue que todos murieron por envenenamiento con arsénico a manos de su propia madre, pero los médicos atribuyeron las muertes a la muy alta letalidad provocada por las fiebres gástricas, cuyos síntomas eran semejantes a la ingesta de arsénico. Tras perecer varios de sus niños la pareja se mudó y se estableció en Hender, una zona industrial y de construcción naval del condado de Sunderland

Por entonces William Mowbray decidió contratar una póliza de seguro para los niños que le quedaban y para sí mismo, siendo su esposa la beneficiaria. En esa época eran habituales y populares las pólizas de seguro de vida, aunque los montos que las compañías pagaban resultaban modestos. A fines de 1864 quedaban vivos solo dos de los 7 u 8 hijos del matrimonio; y en enero del siguiente año de 1865 William, de 39 años, también enfermó y falleció. La causa oficial de su deceso fue trastorno intestinal. Aunque nadie desconfió que hubiese habido juego sucio a su médico le sorprendió que, tras su malestar estomacal, empeorase su salud repentinamente, pues en pocos días falleció pese a ser un hombre sano y fuerte. 

La viuda cobró 35 libras de la póliza, monto que equivalía al salario de un año, y también percibió 25 chelines por la muerte de su pequeño hijo John. Aunque se considera que William y sus menores hijos devinieron las primeras víctimas del arsénico que Mary Ann les aplicaba, sus decesos nunca se investigaron. Al no realizarse pruebas de arsénico a los cadáveres no se acusó a la envenenadora de delito alguno. Sus vecinas comentaron que Mary Ann parecía demasiado fría y serena ante estas tragedias. No obstante, para la moral victoriana que una viuda se mostrase imperturbable y soportara su dolor con estoicismo era visto como una conducta aceptable, y la frialdad de la "Viuda negra" no despertó mayores sospechas.

Este punto nos lleva a la pregunta de si la asesina mataba motivada exclusivalmente por afán de lucro, para recibir los pagos de los seguros de vida como una viuda negra mercenaria que teje relaciones solo para obtener ganancias económicas, o si lo hacía por otras razones.

Entre tales motivaciones podría estar el deseo de tener control sobre la vida y la muerte de sus víctimas, sin importar que no las odiase y que se tratase de sus maridos, amantes, o incluso de sus propios hijos y de su propia madre. Tal vez estuviera imbuida de una necesidad patológica que la impulsaba a librarse de cargas que le estorbasen para emprender una nueva vida una y otra vez. Lo que sí se descarta es que sus homicidios tuvieran una inspiración piadosa. No era un "Ángel de la muerte" que eliminaba a personas que padecían enfermedades incurables, por ejemplo. Lo más probable es que Mary Ann asesinase motivada por una serie de causas y no por un factor único.

Como las 35 libras cobradas por el seguro no le duraron mucho la mujer, con dos hijas menores a su cargo, se abocó a conseguir un nuevo marido, o al menos a un hombre que la mantuviese.  

Se mudó a Seahan Harvor, un pueblo distante a pocos kilómetros de la costa, y allí se reencontró con su amante Joseph Natrass, pese a que este hombre estaba comprometido con otra dama. Por entonces su hija de 3 años Margaret falleció aquejada de tifus en 1865. Aquí la muerte pudo no ser debida al arsénico que Mary Ann solía administrarle a sus víctimas. 

Luego la asesina serial se mudó a la ciudad industrial de Sunderlan donde trabajó como enfermera en el hospital local. La formación de las enfermeras por entonces era deficiente y los salarios resultaban magros, aunque se trataba de una labor agotadora, por lo que Mary Ann envió a Isabella, su hija superviviente, a vivir con su madre. En el dispensario la enfermera conoció al paciente George Ward y en agosto de 1865, solo 7 meses después del deceso de William, ella se casó con este hombre enfermizo. Durante el año siguiente la salud de Ward empeoró a pesar de las atenciones de un médico personal, y a solo 14 meses de estar casado el flamante esposo falleció. Se supuso que la fiebre tifoidea constituyó la razón de su óbito, pero los síntomas de esta dolencia son similares a la muerte por ingesta de arsénico, debido a que coinciden los vómitos, el dolor abdominal y las diarreas que tanto la fiebre tifoidea como dicho veneno provocan. La viuda volvió a cobrar el dinero del seguro. No se practicó la autopsia, dado que éstas únicamente se efectuaban cuando concurrían fuertes sospechas de crimen.

Poco más tarde la viuda negra halló trabajo como ama de llaves en la mansión del carpintero de barcos James Robinson, un viudo con 5 hijos que le fue presentado por la hermana de éste, con quien la asesina mantenía amistad. Al mes de llegar la mujer al hogar de Robinson el hijo menor del dueño de casa, quien apenas era un bebé, expiró repentinamente. La causa oficial del fallecimiento fue la fiebre gástrica. Mary Ann consoló a Robinson en su dolor y se convirtió en su amante quedando embarazada de él. Sin embargo, antes del casamiento la madre de Mary Ann la llamó pidiéndole que la cuidase pues sufría de hepatitis, aunque su estado no revestía ninguna gravedad. 

La joven acudió a la finca de su progenitora pero en vez de cuidarla la eliminó administrándole veneno. A los 9 días de la llegada de la hija la madre murió a sus 54 años. Al parecer para cometer el crimen aquí se usó una alta concentración de arsénico puesta en el té que la señora bebía. 

Este homicidio resultó el más horrible perpetrado por Mary Ann, pues mató a su madre porque le estorbaba y estaba ansiosa de desembarazarse de ella e irse de allí para casarse con Robinson. Tras eliminar a su progenitora, la viuda negra volvió a casa de Robinson llevando consigo a su única hija de 7 años, superviviente de su primer matrimonio, Isabella; o sea la niña que estaba al ciudado de su abuela, ahora asesinada por la ingesta de arsénico en el té. Al regresar la niña con su madre biológica no duró mucho, pues a las pocas semanas también falleció de fiebre gástrica, y su madre cobró el dinero de la póliza del seguro. Ese mes también dos hijos de Robinson (de los 4 que seguían vivos) perecieron por dolencias estomacales. Luego ella se casó con el viudo y parió a María Isabelle, que a los 4 meses moriría presa de convulsiones estomacales a raiz del envenenamiento por arsénico. 

La criminal volvió a embarazarse y presionó al marido para que hiciera una poliza a su favor, además de robarlo. Robinson, harto de las fechorías de su cónyuge, la echó de su casa. Tras esto ella trabajó como enfermera en un hospital y para un médico. Su amiga Margaret Cotton se apiada de las necesidades económicas que por entonces padecía la mujer, y le consigue trabajo como ama de llaves en la casa de su hermano, el empresario agrícola Frederick Cotton. Al poco tiempo la viuda negra envenena a su amiga y seduce a Frederick Cotton, de quien se embarza para lograr que el hombre se case con ella. Esta vez la homicida además cometió bigamia, pues seguía casada con Robinson. El infortunado Frederick Cotton murió de fiebre gástrica al año de estar casado, y Mary Ann cobró el dinero del seguro. Luego llevó a vivir a la residencia del difunto a su antiguo amante Joseph Natrass, a quien también envenenó por dinero. 

Mintras tanto se relacionó con el cobrador de impuestos Quick Manning, con quien tuvo un hijo. 

Antes de que pudiera casarse con este hombre que sería su próxima víctima Mary Ann recibió la visita de un asistente social llamado Thomas Ryley. Este hombre le propuso que fuera a laborar de enfermera en una casa de trabajo, pero ella se negó alegando que debía cuidar a su hijastro de 7 años y pidió asilarlo allí. Como Thomas Ryler se negó a asilar al niño en un lugar tan sórdido, ella con ironía le respondió:  —No importa pronto morirá. 

Cuando efectivamente falleció el niño, el asistente social acusó a Mary Ann de haberlo asesinado, y los médicos forenses realizaron la autopsia al hijastro, hallándose veneno en su cadáver. Seguidamente, se exhumaron los cuerpos de otras víctimas en las cuales también se detectó arsénico en cantidades letales. Estas comprobaciones médicas fueron decisivas y pusieron fin a la buena suerte de la envenenadora. Fue enviada a la prisión en julio de 1872 y, tras un breve proceso penal, condenada a la pena máxima.  

Esta homicida secuencial de la era victoriana, a quien la prensa motejaba "La viuda negra" y "El ángel oscuro", fue una de las primeras mujeres a la cual se impuso la condena capital en Gran Bretaña. El 24 de marzo de 1873 purgó sus crímenes al morir ahorcada en la prisión de Durham

Hacía pocos años que en Inglaterra las ejecuciones habían dejado de ser un espectáculo público, por lo que Mary Ann Cotton fue ajusticiada dentro de los muros del presidio. Una multitud esperaba fuera cuando el anciano verdugo William Calcralt, usando su habitual método de la "cuerda corta", acabaría con su existencia. Tras abrirse la trampilla, sobre la cual la rea estaba amarrada de pie, su cuerpo cayó al vacío. Pero no expiró enseguida. 

Transcurridos varios minutos de estar balanceándose y retorciéndose, el verdugo culminó su labor recargándose sobre sus hombros y empujándola hacia abajo hasta completar la estrangulación.

* Texto de Gabriel Antonio Pombo. 





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