La cocinera
La razón por la cual, en el año 1879, la distinguida viuda Martha Julia Thomas concedió el puesto de doncella personal a una ladrona habitual y ex convicta es un misterio. No obstante así sucedió y Kate Webster, a la sazón de treinta años, comenzó a trabajar en la mansión de la anciana.
En el curso de una discusión con su sirvienta, la viuda rodó empujada por las escaleras. Al ver a su ama inconsciente, la criada optó por apretarle el cuello y golpearle violentamente la cabeza contra el suelo. Después de cometer tal agresión, la joven cogió un hacha y con esa arma remató a la víctima. Consumado el homicidio, y ante la necesidad de deshacerse del cadáver, Kate le cortó la cabeza de un hachazo. Seguidamente desnudó el frágil cuerpo y, valiéndose de un cuchillo de caza, una cuchilla y una sierra, lo dividió en múltiples fragmentos.
No había sido contratada para fungir de cocinera, pero en el pasado había trabajado en la cocina de un restaurante. A fin de aprovechar los restos, se colocó el delantal de cocinera y puso a hervir la carne. A la noche sirvió la improvisada comida a los niños de la casa, como sopa de tocino. Los trozos restantes, tras haber sido pulcramente empaquetados, terminaron unos en el río y otros entre las llamas. Pero Kate guardó la grasa, la embotelló y la vendió al restaurante donde laborase como cocinera, el cual la empleó a modo de aderezo culinario. No obstante, no todo el cadáver de la dama había sido destruido. Algunos de sus restos pronto serían hallados y, en vistas de lo evidente de su culpa, la joven Webster resultó arrestada, condenada a muerte y, tras un breve juicio, ahorcada.
Esta historia de violencia y codicia abyecta tuvo un tardío epílogo, cuando el cráneo de la víctima apareció ciento treinta y dos años más tarde. En el año 2011, durante las excavaciones para unas reformas edilicias fue localizado un cráneo, el cual, tras la respectiva pericia forense, se estableció que pertenecía a la infortunada señora Thomas.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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