El rostro de Chucky
Para crear el rostro de Chucky se tuvieron en cuenta las cínicas facciones de un asesino serial, que cobró notoriedad mientras se venía elaborando el guion de la primera película del muñeco satánico. De alguna manera podría considerarse a este sujeto como el "Padre de Chucky". Las fotografías que le fueron tomadas durante su proceso penal dejan en evidencia el impactante parecido.
Con una infancia difícil, repleta de idas, venidas, altibajos y problemas, Lawrence Sigmund Bittaker fue abandonado y luego adoptado. Corría el 27 de setiembre de 1949, cuando en Pittsburgh, Pensilvania, nació este depredador sexual y homicida tristemente recordado en la historia negra del crimen. Después de ser rechazado de muy pequeño, el matrimonio Bittaker lo adoptó.
Los problemas comenzaron a partir de sus 12 años, cuando despertó dentro de Lawrence la simiente de lo que años después conocería el mundo. En esa época, desobedecía, no quería ir a la escuela y dedicaba parte de su tiempo a delinquir. En una de esas ocasiones, cuando estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, uno de esos robos terminó mal para él. Tras hurtar un vehículo, atropelló a una persona y se dio a la fuga. Tras su detención, fue enviado a un centro especial de menores en reinserción. Inútil fue ese intento pues tras su salida, en lugar de reinsertarse, nuestro protagonista siguió con sus acciones delictivas hasta pisar la cárcel en diferentes ocasiones.
En todos estos años, durante sus evaluaciones mentales y psicológicas, fue diagnosticado con una personalidad hostil y manipuladora, además de sufrir trastornos de paranoia y brotes psicóticos. Fue el comienzo verdadero de la pesadilla. No reconocía ninguna responsabilidad de sus acciones, se desconectaba de la realidad, tenía inestabilidad emocional, limitación social y un largo etcétera. Su vida era un ir y venir de la cárcel hasta que cumplió los 34 años. A esa edad, nuevamente fue condenado por un intento de homicidio y robo contra el empleado de un supermercado.
Allí en la prisión estatal de California, conocería a quien terminó por arrancarle la poca cordura que tenía: Roy Norris. Roy fue su compañero de fechorías, un delincuente sexual que ya por entonces contaba con serios antecedentes. En una cárcel pueden forjarse historias de amor, de odio, de amistad profunda o incluso de compañerismo fatídico. Ese fue el caso de Lawrence y Roy. Descubrieron que congeniaban especialmente en una característica: el sadismo.
Al salir de la prisión, comenzaron su más cruenta historia delictiva. Se dice que los asesinos más crueles y despiadados suelen tener apodos. Lawrence y Roy, por supuesto, tuvieron el suyo:
"Los asesinos de la caja de herramientas". Fueron apodados así porque, para sus homicidios, violaciones y torturas, las cuales tuvieron por víctimas a varias estudiantes, usaban herramientas como pinzas, alicates, llaves inglesas, picahielos o destornilladores, entre otras.
Solamente se necesitaron cinco meses de 1979 para que Bittaker y Norris ultimaran a cinco adolescentes. El modus operandi consistía en secuestrar, torturar, violar y matar a sus víctimas en la montaña. La mayoría de las presas humanas tenían entre 13 y 18 años de edad y fueron secuestradas mientras paseaban o hacían autostop.
Posiblemente los ejecutores seriales pensaron que no serían descubiertos. De hecho, como señalaban los análisis psiquiátricos de Bittaker, ni siquiera eran conscientes de lo que estaban haciendo y de su gravedad. Pero fue el más joven de los dos, Roy Norris, quien cometió un error infantil que derivó en su detención y condena. Tiempo atrás, se encontró con un antiguo expresidiario, a quien confesó algunos de los crímenes que estaba perpetrando junto a su compañero de tropelías.
El ex reo, tras consultar con su abogado, puso en conocimiento de la policía la información con la que contaba sobre los crímenes. Ésta comparó, analizó y estableció una relación entre ambos homicidas y la desaparición de las jóvenes.
El 30 de noviembre de 1979, después de múltiples interrogatorios en los que ambos negaban los hechos, Roy, con una personalidad más débil, cedió y confesó. Por el contrario, Lawrence, más frío, calculador y menos empático que su compañero, no lo hizo. Norris acusó a Bittaker a cambio de no ser sentenciado a la pena capital, y aportó pruebas de su culpabilidad. Los tribunales de Estados Unidos cumplieron con su promesa y respetaron la vida a Norris.
Por su parte Lawrence Bittaker, el despiadado victimario cuyo rostro fue inspiración para diseñar la cara del diabólico Chucky, resultó condenado a muerte pero, al prosperar sus apelaciones, no fue ejecutado sino que falleció en prisión durante el año 2019.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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