El abominable

 
Mombat, su esposa y su pequeño hijo avanzaban trabajosamente sobre la nieve, dejando atrás su precaria cabaña. Iban muy abrigados para protegerse del ambiente helado pero necesitaban provisiones, y no les quedaba otro remedio que acudir a la aldea para comprarlas. Entonces una ráfaga de ventisca azotó aquel páramo y, además de frío, los tres caminantes sintieron otra cosa: un olor muy intenso y nauseabundo, como proveniente del cadáver de un animal en proceso de descomposición. Voltearon a mirar entre las sombras y, a la lejanía, avistaron la silueta enorme de una bestia peluda alzada en sus patas traseras. Sin embargo no era un animal, se trataba del «Yeti», el enigmático ser velludo también conocido por el remoquete de «Abominable hombre de las nieves».
Mombat empuñó su rifle y apuntó, pero no hizo falta disparar. La inmensa criatura advirtió el peligro y huyó raudamente perdiéndose entre la compacta arboleda.
Cuando la asustada familia arribó al pueblo y contó el incidente, les tranquilizaron. El «Abominable» provocaba miedo por su aspecto imponente pero no atacaba a los humanos, a menos de que éstos lo agredieran primero a él. El «Yeti» sólo cazaba a otros animales, les aseguraron los pobladores más viejos; aquellos que se habían topado en alguna ocasión con uno de esos gigantes.
Según el mito popular el «Abominable hombre de las nieves» o «Yeti» se oculta en los bosques nevados del Himalaya, una cordillera del continente asiático que discurre entre Bután, Nepal, China, India y Pakistán. Aquellos que, como ocurrió con Mombat y su familia, sorprendieron sin querer a este monstruo de la alta montaña, afirman que se parece a un humanoide peludo similar a un gorila, y que su estatura asciende como mínimo a los dos metros o a los dos metros y medio.
La nieve no constituye el hábitat natural de grandes animales, por lo que se ha descartado que pudiera tratarse de un gorila. Algunos investigadores especulan que el abominable en realidad es un oso, posiblemente un oso blanco lanudo, semejante al oso polar. Se ha señalado que la inquietante fiera acostumbra salir en horas nocturnas en procura de alimento, y por tal motivo resulta difícil verlo con claridad. De allí lo dispar de los relatos que han intentado describir su fisonomía.
Se sostiene que camina erguido en dos patas, que es capaz de moverse con agilidad y correr velozmente. Asimismo se dice que se trata de un ser solitario, pero este dato resulta discutible. Y ello pues los habitantes del Himalaya han narrado que cuando cae la noche escuchan ruidos extraños, que procederían de varios yetis interactuando durante sus expediciones de caza. De hecho, al menos un reporte indicó haber observado a un grupo de tres de estas criaturas cuando se internaban en el bosque.
Lo cierto es que devienen escasos los testimonios que reportaron encuentros fehacientes con estos raros ejemplares y, al igual que en el caso de Mombat y su familia, dado lo repentino del hallazgo, no resultó posible fotografiarlos ni filmarlos.
No obstante, un equipo de científicos rusos sostuvo haber grabado la voz gutural del intrigante engendro, comprobando que emite unos sonidos o gruñidos en un tono muy bajo. Se infiere que los abominables poseen un dialecto rudimentario con el cual se comunican entre sí; y sus voces, captadas en las grabaciones, se oyen cual si fuesen susurros o siseos que vibran a mínima intensidad.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo

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