Cynthia y los monstruos

 La joven mujer corría desnuda clamando auxilio, en la localidad norteamericana de Truth or Consequences. Su piel mostraba cortes y laceraciones, y sus muñecas y tobillos amoratados daban cuenta de que la habían tenido amarrada largo tiempo. Mientras huía despavorida, temiendo que sus dos captores la volviesen a secuestrar, trató de detener un automóvil, pero su conductora se negó a asistirla. Entonces Cynthia Vigil divisó una casa, aporreó a la puerta y fue recibida por sus dueños, los esposos Breech. En estado de shock la chica relató al matrimonio el infierno que había sufrido, dentro de un remolque a pocos kilómetros de allí, a manos de David Parker Ray y de su amante cómplice Cindy Lee Hendy.

Para Cynthia Vigil, tres días atrás, aquella había sido otra jornada más de trabajo. A sus veintidós años laboraba de prostituta en un precario estacionamiento de Alburquerque, Nuevo México. Cuando el sol caía sobre el desierto la chica acudía a atender a sus clientes; camioneros y hombres casados que se aventuraban hasta las afueras de la ciudad. Compartía la parada con otras meretrices, pero aquella aciaga tarde se encontraba sola.
Cuando anocheció, y mientras el frío del desierto se hacía sentir, se le presentó un individuo arguyendo ser un policía de civil. Tras empujarla contra su vehículo, la palpó de armas de forma tan íntima que ella creyó que sería violada. La joven ya había lidiado con hombres agresivos, pero nunca tan violentos como ese. Aquel falso oficial la golpeó y la introdujo en su camioneta. Seguidamente, su agresor, el mecánico David Parker Ray, la condujo a su tráiler en el desierto de Alburquerque.
—Eres bienvenida a mi Toy box (Caja de juguetes).— le anunció cínicamente al llegar, al tiempo de que la miraba con lascivia.
—Es inútil que pidas socorro, porque aquí nadie te puede escuchar.—- agregó.
No le mentía, pues la casa rodante estaba recubierta con un material que impedía se oyeran desde el exterior los llamados de las secuestradas. Cynthia no podría hablar si no se la autorizaba. Antes de la primera sesión de tortura el sujeto encendió su grabadora y le hizo oír una cinta con su voz, donde se describían los vejámenes que iban a infligirle. Se le ordenaba que debía dirigirse a él llamándolo “Maestro”, y a su novia y compinche Cindy Lee Hendy como “Ama”.
Mientras la tenían amarrada, David Parker Ray y Cindy Lee Hendy, la castigaron usando látigos, instrumental médico, juguetes sexuales y descargas eléctricas; la atormentada rogaba clemencia y aullaba de dolor pero tal cosa, lejos de ablandar a los monstruos, les excitaba y los motivaba a recrudecer sus ataques.
Luego de cada sesión de suplicio el malvado se retiraba para ir a su trabajo de mecánico, y su pareja solía también salir de compras. Cerraban el portón de la “Caja de juguetes” dejando a la reclusa esposada y aunque nadie podía oírla por mucho que gritase, para martirizarla aún más, tapaban su boca con cinta adhesiva.
El tercer día de su calvario Cynthia tuvo la oportunidad de salvarse. Los torturadores se habían marchado quedando por accidente a su alcance las llaves de los grilletes. Pese a estar muy debilitada, tomó las llaves liberando sus manos y sus pies. Justo entonces regresó la novia del captor, quien trató de frustrarle la huida.
Cinthia peleó con desesperación. Durante la refriega atizó un picahielos en la cabeza de su oponente femenina y, aprovechando que la dejó atontada, escapó de la jaula, y corrió por el desierto desnuda con el collar de perro que le habían fijado.
Sus salvadores, el matrimonio Breech, cubrieron su desnudez con una manta y tras conocer su trágica historia dieron aviso a la policía, la cual horas después arrestó a los sádicos. Se reveló que fueron decenas las víctimas asesinadas por el dúo criminal.
El homicida pactó con la fiscalía y fue condenado a doscientos veinticuatro años de prisión. A su secuaz Cindy Lee Hendy se le impuso cadena perpetua, aunque sólo cumplió veinte años de cárcel pues quedó libre el 15 de julio de 2019. David Parker Ray falleció el 28 de mayo de 2002 de un ataque cardíaco (al menos físicamente sí tenía corazón) mientras era trasladado para un interrogatorio.
* Créditos; Gabriel Antonio Pombo.

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