Crimen sin castigo
El 13 de febrero de 1891, Benjamin Leeson acudió presuroso en respuesta ante los insistentes silbidos de auxilio. Aquella madrugada un frío glacial azotaba la ciudad de Londres , y en las calles desiertas la niebla le ganaba espacio a la lánguida luz de las farolas a gas. La ronda del custodio iba desde de la Casa de la Moneda hacia el barrio de Swallow Gardens ; esta zona circundaba un arco del puente en torno al cual discurría un ferrocarril, y abarcaba las calles Royal Mint y Chambers . En Swallow fue donde Leeson se encontró con el responsable de los estridentes llamados, el joven agente de la policía metropolitana Ernest Thompson, junto a dos vigilantes nocturnos. – ¿Qué sucede? –interrogó Leeson. – Han matado a otra mujer –repuso Thompson, y tras hacer una pausa para tomar aliento exclamó. – ¡Ha sido Jack el Destripador! Thompson era un agente bisoño que apenas llevaba seis meses revistando en el cuerpo policial. Casi temblaba de miedo apunta...