Terminator
Anatoli Onoprienko conocido, entre otros remoquetes, como el "Terminator Ucraniano", comenzó sus tropelías sádicas por la Unión Soviética en el año 1989. Por entonces, junto con su cómplice Serhiy Rogozin, robó y mató a nueve personas, incluidos un matrimonio y su pequeño hijo en la región de Zaporijia. Tras la serie de asesinatos la policía soviética se lanzó sobre ellos, por lo que Onoprienko huyó del país y vagó por Austria, Grecia, Francia y Alemania; siendo arrestado por robo en este último país, donde quedó preso durante seis meses y luego fue deportado.
A una semana de recuperar su libertad repitió su sádico modus operandi contra otra familia con cuatro integrantes, y en los siguientes meses volvió a robar y matar en las regiones de Leópolis, Odesa y Dniepropetrovsk, donde aniquiló a ocho familias.Al volver a su natal Ucrania, en el año 1995, continuó su carrera criminal y provocó el terror en la zona de Zhytomyr donde, en la nochebuena de ese año, eliminó brutalmente a un joven matrimonio y sus dos hijos menores, además de destruir con fuego la residencia para borrar su rastro.
Su manera de exterminar consistía en localizar casas aisladas en las cuales irrumpía durante las horas nocturnas, encapuchado y portando guantes. Ultimaba a los hombres con armas de fuego y a las mujeres y los niños mediante cuchillo, hacha o martillo, y después incendiaba las viviendas. En algunas incursiones cortó los dedos de sus víctimas para hurtarles las alianzas de oro, y en otros casos sustrajo ropa interior de las mujeres asesinadas, a modo de morbosos souvenirs.
La caída de Onoprienko se produjo cuando un primo suyo vio varias armas en la casa donde el sujeto habitaba. Tras discutir con el victimario serial, y pese a ser amenazado por éste, lo denunció ante las autoridades. Los agentes policiales allanaron la vivienda y, ante la resistencia del depredador, lo arrestaron usando la fuerza. En la requisa encontraron el rifle que empleó para matar a cuarenta personas, cuchillos con los cuales finiquitó al resto de sus víctimas, y objetos de propiedad de los finados.
Al ser interrogado en la dependencia policial, al principio confesó haber eliminado a sólo ocho personas, aunque luego la cifra se elevó a cincuenta y dos. Jamás mostró arrepentimiento por sus salvajes delitos, y alegó que una voces diabólicas le ordenaban cometer los desmanes. También aseguró tener poderes hipnóticos, y poder comunicarse con los animales por medio de la telepatía.
Su proceso penal se inició en noviembre de 1998 y el público se congregó a las puertas del tribunal de Zhytomyr amenazando con lincharlo. Cuatrocientos testigos y especialistas brindaron declaraciones a lo largo de su juicio. Los peritos médicos acreditaron que Onoprienko estaba cuerdo, luego de lo cual la justicia lo declaró culpable de perpetrar cincuenta y dos homicidios, al probarse que ultimó a cuarenta y dos adultos, y a diez niños.
Fue condenado a cadena perpetua, la cual purgó en la cárcel hasta el 27 de agosto de 2013 cuando falleció a raíz de un síncope cardíaco pues aunque no lo parecía, al menos físicamente, tenía corazón.
Anatoli Onoprienko conocido, entre otros remoquetes, como el "Terminator Ucraniano", comenzó sus tropelías sádicas por la Unión Soviética en el año 1989. Por entonces, junto con su cómplice Serhiy Rogozin, robó y mató a nueve personas, incluidos un matrimonio y su pequeño hijo en la región de Zaporijia. Tras la serie de asesinatos la policía soviética se lanzó sobre ellos, por lo que Onoprienko huyó del país y vagó por Austria, Grecia, Francia y Alemania; siendo arrestado por robo en este último país, donde quedó preso durante seis meses y luego fue deportado.
A una semana de recuperar su libertad repitió su sádico modus operandi contra otra familia con cuatro integrantes, y en los siguientes meses volvió a robar y matar en las regiones de Leópolis, Odesa y Dniepropetrovsk, donde aniquiló a ocho familias.Al volver a su natal Ucrania, en el año 1995, continuó su carrera criminal y provocó el terror en la zona de Zhytomyr donde, en la nochebuena de ese año, eliminó brutalmente a un joven matrimonio y sus dos hijos menores, además de destruir con fuego la residencia para borrar su rastro.
Su manera de exterminar consistía en localizar casas aisladas en las cuales irrumpía durante las horas nocturnas, encapuchado y portando guantes. Ultimaba a los hombres con armas de fuego y a las mujeres y los niños mediante cuchillo, hacha o martillo, y después incendiaba las viviendas. En algunas incursiones cortó los dedos de sus víctimas para hurtarles las alianzas de oro, y en otros casos sustrajo ropa interior de las mujeres asesinadas, a modo de morbosos souvenirs.
La caída de Onoprienko se produjo cuando un primo suyo vio varias armas en la casa donde el sujeto habitaba. Tras discutir con el victimario serial, y pese a ser amenazado por éste, lo denunció ante las autoridades. Los agentes policiales allanaron la vivienda y, ante la resistencia del depredador, lo arrestaron usando la fuerza. En la requisa encontraron el rifle que empleó para matar a cuarenta personas, cuchillos con los cuales finiquitó al resto de sus víctimas, y objetos de propiedad de los finados.
Al ser interrogado en la dependencia policial, al principio confesó haber eliminado a sólo ocho personas, aunque luego la cifra se elevó a cincuenta y dos. Jamás mostró arrepentimiento por sus salvajes delitos, y alegó que una voces diabólicas le ordenaban cometer los desmanes. También aseguró tener poderes hipnóticos, y poder comunicarse con los animales por medio de la telepatía.
Su proceso penal se inició en noviembre de 1998 y el público se congregó a las puertas del tribunal de Zhytomyr amenazando con lincharlo. Cuatrocientos testigos y especialistas brindaron declaraciones a lo largo de su juicio. Los peritos médicos acreditaron que Onoprienko estaba cuerdo, luego de lo cual la justicia lo declaró culpable de perpetrar cincuenta y dos homicidios, al probarse que ultimó a cuarenta y dos adultos, y a diez niños.
Fue condenado a cadena perpetua, la cual purgó en la cárcel hasta el 27 de agosto de 2013 cuando falleció a raíz de un síncope cardíaco pues aunque no lo parecía, al menos físicamente, tenía corazón.
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