Leyendas de hombres lobo

Desde tiempos remotos llegan registros de la leyenda del hombre lobo. Tan es así que en la Alemania del Siglo XIV hay constancia del juicio penal al cual se sometió a un posible licántropo llamado Peter Stumpp, quien en los interrogatorios (posiblemente realizados bajo tortura) admitió que acudía al bosque en las noches de plenilunio para llevar a cabo su transformación. 
 Entre los árboles y bajo la lumbre de la luna llena ingería una pócima mágica, invocaba al Maligno y, acto seguido, se iba poco a poco convirtiendo en un salvaje hombre lobo sediento de sangre. Según se pretendió por los pocos testigos que sin volverse sus víctimas lo vieron durante ese proceso de transformación, aunque aún conservaba su apariencia humana, era un engendro del averno. 
 Mientras se iba trasmutando de hombre a bestia, ese extraño sujeto vagaba por los caminos germanos con su elegante sobretodo y su capucha negra. Sus desorbitados ojos titilaban cual focos amarillentos entre las brumas y su rostro cadavérico de filosos dientes, aunque todavía era el de un ser humano, mostraba la expresión caníbal propia de un animal voraz. 
 Los testigos de cargo juraron ante la Corte que aquel individuo fue el responsable de mutilar y despedazar a dentelladas a catorce infantes, cinco hombres y cuatro mujeres; de las cuales dos de ellas estaban en cinta. Se adujo que a tales féminas el engendro les habría devorado los fetos y los corazones y, además, mantuvo relaciones sexuales forzadas con esas víctimas femeninas antes de ultimarlas. 
 Una vez que fuera detenido y juzgado el hombre lobo, el 31 de octubre de 1589, el numeroso público congregado en la plaza de la ciudad alemana de Bedburg, en el electorado de Colonia, tuvo ocasión de presenciar una ejecución espeluznante. 
El reo Peter Stumpp, en su vida social era un rico hacendado de cincuenta años de edad. Se lo halló culpable tomar, en las noches de plenilunio, la forma de un espantoso lobo, y ser culpable de haber asesinado brutalmente -como ya se indicó- a una serie de personas, incluidos varios niños y dos mujeres embarazadas. Durante su proceso criminal, al parecer, Stumpp acabó por confesar que practicaba la magia negra desde que tenía doce años y que debido a ello se había vuelto tan rico. 
Reconoció que el diablo en persona, en cumplimiento de aquel pacto maldito, le había regalado un cinturón mágico gracias al cual se transformaba en un monstruo con apariencia de lobo: "peludo, fuerte y poderoso, con grandes y perversos ojos que brillaban como fuego en la penumbra, de afiladas garras y crueles colmillos, y con un cuerpo enorme al que sostenían unas robustas patas". 
 * Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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