Jack el Destripador de los Mares del Sur

  

"Jack el Destripador de los mares del sur" constituyó el mote con cual se calificó a un notorio depredador sexual, contemporáneo a la matanza sucedida en los suburbios de Londres. Frederick Bailey Deeming se llamaba dicho individuo, y contaba con treinta y cinco años cuando, en el año 1888, tuvo lugar una serie de salvajes feminicidios (Nació el 30 de julio de 1853 en Ashby-de-la-Zouch, Leicestershire, Inglaterra y murió ejecutado en Melbourne, Australia el 23 de mayo de 1892). Este delincuente ya por entonces cargaba con un proficuo historial criminal. Sin embargo, sus tropelías más espantosas, aquellas por las cuales resulta sombríamente recordado, no habían tenido cabida aún por esas fechas; a menos –obviamente– de que él en verdad hubiese sido Jack el Destripador, conforme algunas tendenciosas versiones pretendieron. 

Deeming ultimó a su primera esposa y a sus cuatro hijos en la ciudad inglesa de Rainhill, Liverpool, en el devenir del año 1891; y eliminó a su segunda cónyuge al año entrante de 1892 en la ciudad de Melbourne, Australia. Se lo relacionó con las fechorías del mutilador de mujeres victoriano a raíz de un reportaje salido en The Pall Mall Gazette el 8 de abril de 1892. Allí se aseguraba que gran cantidad de cartas habían sido recibidas en las oficinas de Scotland Yard denunciando a dicho sujeto de ser el victimario múltiple de los barrios bajos londinenses. En tales comunicados se describía, con coloridos pormenores, cómo varios testigos habían observado al rufián merodeando por el distrito de Whitechapel cuando acaecieran las espantosas muertes de prostitutas. 

En general, la policía no otorgó crédito a tales habladurías, aunque no dejaron de ventilarse llamativas anécdotas. En una de ellas se cuenta que James Berry, el verdugo principal de Gran Bretaña en aquel tiempo, insistió en sostener que la culpabilidad de Frederick Deeming abarcaba igualmente a los homicidios perpetrados por Jack el Destripador y que, momentos previos a su ejecución, el condenado le confesó su culpabilidad suministrando detalles atinentes a los casos: «que únicamente el auténtico criminal los podría conocer».

El sospechoso devenía oriundo del poblado de Birkenhead, Gran Bretaña, y había nacido alrededor de los años 1853 o 1854 en el seno de un hogar de clase media y buenos valores. Pero él fue un descarriado que pronto se transformó en la oveja negra de su familia. Siendo adolescente abandonó su casa paterna para ingresar al mundo de la marinería, y ya desde muy temprana edad dio pábulo a un espíritu aventurero inclinado a la violencia y la ilegalidad. Asimismo, llamó la atención por su manía de utilizar diversos alias, tales como Druin, Lawson, Williams, Robinson, y Duncan, entre otros. Cuando dejó el oficio de marinero pasó a trabajar como lampista, y de aquella época data su matrimonio con Marie, una humilde muchacha de su pueblo natal que procrearía cuatro hijos de su futuro asesino.

El 15 de diciembre de 1887 está acreditado que Deeming estaba en Australia, pues compareció ante un juez acusado de insolvencia fraudulenta y se lo condenó a catorce días de prisión. Al salir de la carcel de Darlinghurst se marchó de Sydney con su esposa y sus hijos y recaló en Sudáfrica arribando en enero de 1888 a Ciudad del Cabo. Desde allí se trasladó a Johannesburgo donde se hizo pasar por ingeniero de minas y cometió varias estafas; luego, en ese año, regresó a Ciudad del Cabo, Sudáfrica desde donde embarcó a su esposa y sus hijos rumbo a Inglaterra. Sin embargo él prosiguió su camino hacia Puerto Elizabeth, ciudad de Sudáfrica, donde habría residido hasta agosto de 1889, fecha en que volvió a Inglaterra para reunirse con su mujer e hijos en Liverpool.

 En el mes de julio de 1891, Frederick Deeming llevó a su familia a residir a la localidad de Rainhill, (Rainhill es un pueblo grande​ y una parroquia civil dentro del Distrito metropolitano de St Helens, en Merseyside, Inglaterra) situada al este de la pujante ciudad portuaria de Liverpool. Alquiló un espacioso chalet bautizado Villa Dinham, pretextando que contrataba en calidad de mandatario de un supuesto «Coronel Brooks», y le encargó a un grupo de albañiles la reforma de esa vivienda, mientras tanto él se hospedaba en un hotel cercano junto con su esposa y sus hijos. 

 Aprovechando que hacía pasar a su cónyuge como si fuera su hermana, se dedicó a cortejar a una chica nativa de ese lugar de nombre Emily Mather. Los obreros de la construcción que cubrieron con cemento el suelo original de la lujosa mansión se convirtieron, sin saberlo, en ayudantes del escabroso plan urdido por el matador; quien por aquellos días ya había llevado a término el asesinato de su mujer y de sus cuatro vástagos, enterrando allí debajo los cuerpos. 

 Al serle entregada la vivienda con el trabajo finalizado, el feliz y flamante ocupante invitó a los vecinos a participar de una fiesta, en cuyo transcurso entonó alegres canciones marineras y ensayó un baile, danzando enérgicamente sobre el piso de cemento bajo el cual yacían los desmembrados restos de su familia. El 22 de septiembre de 1891, el viudo homicida contrajo nupcias con la joven Emily en la iglesia de St. Anne, en Rainhill y, a los pocos días, la novel pareja emprendió viaje rumbo a Australia a bordo del vapor Kaiser Wilhelm II, donde se hacían conocer como señor Williams y señora. 

 El continente australiano, donde antes cometiera estafas, devendría escenario de las nuevas andanzas mortales que en breve iría a protagonizar el psicópata Frederick Deeming. Arribó a Melbourne en compañía de su flamante cónyuge en el mes de diciembre de 1891 y, durante corto lapso, alquilaron una finca sita en el número 57 de la calle Andrew de aquella ciudad australiana. Escaso tiempo más tarde, el ex marinero –en ese momento valiéndose del seudónimo de señor Druin– abandonó dicho alojamiento sin ofrecer mayores explicaciones a su locador, por lo cual éste se abocó a conseguir un nuevo inquilino. Durante la inspección de rutina, un interesado en arrendar se quejó ante el dueño por el hedor proveniente de la chimenea del inmueble. Un examen más meticuloso demostró que la losa del piso había sido removida. Bajo la misma yacía sepultado el cuerpo, en avanzado estado de descomposición, de Emily Mather. La autopsia reveló que la desgraciada fémina había sufrido un ataque sexual sin consumación carnal, así como una salvaje golpiza previa a su óbito. 

En el cadáver fueron detectados profundos cortes sobre la región genital practicados después de sobrevenido el fallecimiento de la agredida. A partir de ese macabro hallazgo, Frederick Deeming se convirtió en un fugitivo de la justicia. Se rastrearon sus anteriores pasos hasta descubrirse que también había ultimado a su primera esposa y a sus hijos en Gran Bretaña

 Finalmente, el 11 de marzo de 1892, el prófugo –que por entonces se hacía llamar señor Williams– resultó apresado por la policía de Rainhill, Inglaterra, cuando su nombre y sus siniestras hazañas ya habían adquirido pública notoriedad; y ahora ya no podría eludir la pena de muerte. 

 De cualquier forma, aunque se trató de un brutal asesino, este malviviente parecería haber representado en la historia de Jack el Destripador nada más que otro de aquellos sospechosos por conveniencia. Se trataba, no cabe dudarlo, de un gran perverso caracterizado por facetas demenciales o, cuando menos, por hacer gala de un comportamiento sumamente peligroso y extravagante. Los individuos de esta calaña suelen volverse acreedores de componer la lista de los coloquialmente llamados Sospechosos de siempre, debido al desenfrenado grado de vesanía que alcanzan sus delirantes actos criminales.

 Frederick Deeming a quien la prensa inglesa y australiana tildaron el "Jack el Destripador de los mares del sur" o, más sencillamente "El asesino loco", se ganó por mérito propio un espacio dentro de la galería de monstruos dignos de instalarse en el podio reservado al auténtico asesino conocido como Jack el Destripador. Pero los datos registrados tornan improbable que fuese aquel infame criminal. En particular, un detective que lo persiguió ofreció un reporte según el cual el sospechoso se hallaba en Sudáfrica por el tiempo de los crímenes de Whitechapel, ya que había incurrido en la comisión de varios fraudes en perjuicio de ciudadados sudafricanos en aquellos días. 

Esta información, sumada a que este perpetrador no cometió sus desmanes a través del modus operandi utilizado por el Demonio de Whitechapel, lleva a concluir que no se trató del anónimo y célebre asesino victoriano. Sin embargo, tras ser ejecutado Frederick Deeming, se diseñó una máscara de arcilla basada en sus facciones, la cual se exhibe el Museo Negro de Scotland Yard , y persiste el rumor de que tales rasgos efectivamente representan los de Jack el Destripador.

* Texto de Gabriel Antonio Pombo.



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