Exorcismo trágico

 

El exorcismo, de acuerdo al "Rituale Romanum" de la Iglesia Católica, es una ceremonia religiosa practicada con el fin de expulsar entidades malignas del cuerpo de un individuo poseído. En este rito resulta clave la repetición de palabras santas, oraciones y/o la exhibición de crucifijos para provocar la huida de los seres invasores.

En noviembre de 1973 Anneliese Michel, estudiante de magisterio alemana, comenzó a mostrar una conducta muy anómala en el curso de la cual experimentaba arranques de violencia, aullaba como si fuera un animal salvaje, y agredía a sus familiares.
Sus padres la hicieron examinar por su párroco de confianza, quien se persuadió que la chica estaba endiablada, y pidió los servicios de un exorcista profesional: el abate jesuita Adolf Rodewyk. Este clérigo auxiliado por dos exorcistas de su diócesis, los reverendos Arnold Renz y Ernst Alt, llevó a cabo el rito sobre la señorita Michel, el cual quedó gravado en una serie de casetes. Aparte de los oficiantes sólo los progenitores de Anneliese fueron testigos de la enfermedad mental que padecía la muchacha. Durante los casi tres años que duró el procedimiento religioso el deterioro físico de Aneliesse se tornó palpable.
Amarrada a su cama y enfrentada a la visión de los crucifijos que los sacerdotes le exhibían, la aterrada joven respondía en un idioma desconocido con voz gutural y distorsionada, semejante a lo que ocurría con la niña protagonista de “El exorcista”.
Renz creyó que la enferma estaba contaminada por dos demonios, a quienes identificó como los espíritus de un par de malvados históricos: «Hitler» y «Nerón».
La paciente se negó a ingerir alimentos, y aquejada de desnutrición y deshidratación pesaba apenas treinta kilos a la hora de su deceso conforme diagnosticaron los médicos, a quienes recién se llamó cuando la agonía entró en fase terminal.
Su muerte generó controversia en Alemania y los religiosos fueron sometidos a juicio. Se les imputó homicidio culposo por negligencia y omisión de asistencia, al privar a la víctima del debido y oportuno tratamiento clínico.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.  


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