El incubo
Un íncubo, conforme pretende la demonología, es un espíritu de varón que durante la noche acecha el sueño de las féminas. Su propósito radica en succionar la energía vital de la durmiente y, en algunos casos incluso, poseerla carnalmente. Aunque hay culturas donde se les considera entidades muy seductoras y atractivas, también son representados como seres de apariencia monstruosa o grotesca, cuerpo negro y peludo, rostro deforme, e inmensos ojos de mirada hipnótica. Su mayor ansia consiste en consumar el coito con la mujer mientras ésta se halla disfrutando de un sueño erótico.
La durmiente cree estar teniendo intimidad con el varón al cual secretamente desea en su vida real, y es en ese momento cuando el ente maligno aprovecha para tenerla a su merced. Las jóvenes inocentes y bonitas, que aún conservan su virginidad, constituyen la presa más codiciada por estos espectros habitantes del mundo onírico.
Se trata de sátiros del inframundo que necesitan, con urgencia irrefrenable, nutrirse con el vigor sexual de sus víctimas. Una vez que, tras la agresión nocturna la mujer queda inerme, el engendro copula con ella y la embaraza. Consumado el acto pervertido, la chica dará a luz a un bebé diabólico, que pasará a engrosar las filas del tenebroso linaje de los íncubos.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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