El carnicero de Berlín
En el mes de agosto de 1921 un inquilino del edificio donde vivía Carl Grosmann, cerca de a estación de Silesia, Berlín, oyó golpes y gritos desgarradores desde la cocina de éste y llamó a la policía.
Al llegar los agentes el estrépito había cesado. Lo único que salía de la normalidad consistía en el cadáver de una joven colgando de un gancho de carnicero. El cuerpo estaba mutilado y trozos de sus muslos y pantorrillas yacían cortados sobre la mesa, preparados para ser consumidos en una barbacoa campestre. El asesino no se encontraba en el lugar del crimen pero estaba identificado, y poco les costó a los policías ponerlo bajo arresto.
El hombre que sería llamado "Carnicero de Berlín" había nacido en 1863 en Alemania, y fue un degenerado sexual y un sádico desde temprana edad. Cuando dejó este mundo, a sus cincuenta y tres años, ya había cumplido tres largas condenas de cárcel con trabajos forzados por abusos deshonestos infligidos a víctimas infantiles. En uno de los casos el resultado de los malos tratos fue la muerte. Durante su juicio penal se reveló que se permitía devaneos con la bestialidad y la necrofilia.
El número de mujeres de la calle que pasó por el apartamento ocupado por el terrible cocinero fue tan grande que transcurrió bastante tiempo antes de que los vecinos se percatasen de que ninguna salía viva de allí. Tras la aprhensión del homicida serial, las pericias forenses detectaron los cuerpos desmembrados de tres mujeres. El sitio de cacería de las presas humanas era la estación del ferrocarril donde el asesino vendía salchichas elaboradas por él mismo.
El perverso depredador sabía sacar rédito econónico de sus placeres y convertía a sus asesinadas en franfurters. Ahorraba dinero consumiendo sus propios productos y los restos inservibles los desechaba en el río. Durante su proceso criminal y su estancia en prisión el desequilibrio mental de Grosmann se agudizó. Tras agredir a los guardias en sucesivos ataques de furia terminó ahorcándose en su celda, escapando así a la soga del verdugo. La cifra de víctimas cobradas por este desquiciado carnicero resulta incierta, pero las cuentas más conservadoras la estiman en más de cincuenta.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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