Los espectros de los manglares
Las jornadas en que la niebla cubría el pantanal un suceso increíble ocurría. Podían observarse aquellas siluetas borrosas. Soldados empuñando sus rifles, con sus uniformes sucios y raídos. A su lado iban otros seres aún más patéticos. Parecían momias salidas de sus tumbas, de tan vendados de pies a cabeza que tenían sus cuerpos, a causa de las múltiples y atroces heridas sufridas.
Y en el nuboso cielo, mientras los espectros avanzaban por las turbias aguas, los buitres revoloteaban. Luego de comer la carne de aquellos difuntos se habían amistado con los espíritus de las víctimas, y ahora les hacían compañía.
Cuando el viento soplaba, despejando la niebla, los fantasmas se esfumaban.
Esta extraña historia se remonta al 21 de enero de 1945. En esta fecha, con el Imperio Nipón en debacle, los ingleses aprovecharon a ejecutar un asalto anfibio (la "Operación Matador") a fin de recuperar la estratégica isla de Ramree, en Birmania.
El plan consistía en tomar el puerto de Kyaukpyu y su aeródromo para seguidamente hacerse con el control total de la isla. No obstante, a pesar de estar en notoria desventaja, los asiáticos sacaron a relucir su clásica fiereza, y lograron frenar durante unos días la ofensiva británica. En esa jungla, las tropas del Imperio del Sol Naciente emplearon una táctica de guerrilla con la cual retardaron el avance de los agresores.
Pero inevitablemente la infantería de marina fue acorralando a los defensores, hasta que unos mil soldados quedaron encerrados en una región impenetrable de dieciséis kilómetros de espesa vegetación, barro, fauna hostil y densos manglares.
En vano se dio el ultimátum reclamando la rendición. El oficial al mando de los nipones ordenó a sus hombres escapar, atravesando esa región infestada por mosquitos portadores de fiebre palúdica, alimañas y cocodrilos... inmensos cocodrilos, verdaderos monstruos de crueles fauces y de hasta mil quinientos kilos.
Los milicianos recorrieron ese infierno pantanoso con el agua y el lodo hasta la cintura, tiroteados por francotiradores enemigos parapetados tras los matorrales.
Prosiguieron con su fuga hasta que en la noche del 19 de febrero de 1945 los cocodrilos hicieron acto de presencia. Las bestias emergieron desde las turbias aguas, atacando con saña a los japoneses. Los "royal marines" reportaron que oyeron alaridos de dolor y terror provenientes del manglar por el cual habían huido sus enemigos, mientras los hambrientos reptiles los destazaban.
Aunque en fecha reciente se aseguró que las pérdidas humanas sólo ascendieron a entre diez o quince personas, por entonces se dio cuenta de una carnicería. De los casi mil soldados japoneses apenas se habría capturado a veinte; el resto del escuadrón militar habría muerto, de la forma más horrenda que pueda imaginarse.
El amanecer dejaría a la vista cadáveres mutilados flotando en las fangosas aguas, mientras los buitres picoteaban la carne en descomposición.
* Créditos: Gabriel Antonio Pombo.
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