El asesino fantasma

Jamás se pudo capturar al matador múltiple conocido por el alias de “El Asesino del Zodíaco” (“Zodiac Killer”) a despecho de una intensísima búsqueda policial, y su identidad es un misterio hasta el día de hoy. Dicho delincuente constituyó un asesino secuencial cuyo coto de caza se radicó en California del Norte y en la Bahía de San Francisco (Estados Unidos de Norteamérica). 

La historia data de fines de la sexta década de la pasada centuria, cuando un fantasmal asesino perpetró una secuencia de –cuando menos- cinco homicidios carentes de motivo que mantuvieron en vilo a la sociedad  estadounidense. Sus atentados iban precedidos por espectaculares acciones mediáticas donde incluía la amenaza de que volvería a atacar.El 1º de agosto de 1969 tres cartas escritas por este trastornado arribaron a las redacciones de los periódicos Vallejo Times Heralds, San Francisco Chronicle y San Francisco Examiner. 
Las misivas estaban redactadas de manera prácticamente idéntica, y en ellas su autor se atribuía la comisión de los tres homicidios cometidos hasta la fecha. En el interior de los sobres que portaban los mensajes se incluía una hoja con el dibujo de un criptograma de unos trescientos caracteres. Según pretendía, allí se develaba la identidad del emisor, y se brindaba a la policía pistas para posibilitar su captura. Aquel intrigante recado aproximadamente mentaba así:
"Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que cazar animales en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos. Matar a alguien es la experiencia más excitante. Es mejor aún que tener sexo con una chica, y lo mejor de todo es que cuando yo muera voy a renacer en el paraíso, y todos aquellos a los que he matado serán mis esclavos. No daré mi nombre porque ustedes tratarán de retrasar mi recolección de esclavos para mi vida en el más allá..."
Comenzaba la lucha mediática entre el Zodíaco y las autoridades. El remitente exigía que los comunicados salieran impresos en primera plana de los periódicos y amenazaba con que, en caso contrario, asesinaría a una docena de personas escogidas por las calles al azar ese fin de semana. Por fortuna, el psicópata nunca llegó a concretar los anunciados crímenes.
Su campaña de terror vio su principio el 20 de diciembre de 1968 cuando la emprendió contra dos adolescentes -David Arthur Farraday de 17 años y Betty Lou Jensen de 16 años-, ejecutándolos a tiros con un arma de fuego de grueso calibre en Lake Herman Road, región limítrofe a la ciudad de Benicia. Se trataba de la primera cita de los chicos, quienes planeaban asistir a un concierto de navidad en Hogan Higt, a escasa distancia de la casa de Betty. Para su desgracia, a último momento modificaron sus planes y resolvieron visitar a un amigo que vivía más lejos. Por tal razón, antes de tomar rumbo al concierto, se detuvieron en un restaurante local para comer un bocadillo. Luego, a las 22.15, llegaron a un cruce en Lake Herman Road.
Mientras aguardaban que se les franqueara el paso, el criminal aparcó su rodado contiguo al de sus futuras víctimas. Descendió raudamente y, revolver en mano, descerrajó una andanada contra la juvenil pareja. El primer impactó destrozó la cabeza del adolescente, y las cinco balas siguientes penetraron por la espalda de la muchacha, quien había salido de su vehículo intentando desesperadamente huir.
Este doble crimen se investigó por los detectives del condado de Solano, en cuya jurisdicción fuera consumado; pero no se hallaron pistas dignas de seguir.
El segundo lance fatídico volvió a tener por blanco a una pareja de jóvenes. El 4 de julio de 1969 en Blue Rocks Spring, en un campo de golf a las afueras de Vallejo, baleó a Michael Renault Mageau de 19 años y a Darlene Ferrin de 22 años, mientras conversaban dentro de un automóvil. Darlene falleció a consecuencia de sus heridas, siendo estériles los auxilios médicos que se le prodigaron en el Hospital Kaiser Foundation. Michael en cambio, aunque gravemente herido, logró sobrevivir. La agresión se llevó a cabo a la medianoche en el estacionamiento del citado campo de golf, área bajo la competencia de la policía del condado de Vallejo. En tanto los jóvenes permanecían en su coche otro vehículo aparcó repentinamente próximo a ellos, y enseguida arrancó alejándose de allí.
Sin embargo, en menos de diez minutos el mismo rodado regresó conducido a alta velocidad por el malhechor y se estacionó detrás de quienes constituían su objetivo, a fin de impedirles cualquier escapatoria. Con un salto veloz el conductor salió de su automóvil. Portaba en una de sus manos una linterna cuyo potente haz lumínico dirigió sobre la cara de los chicos quienes, cegados por el resplandor, no advirtieron el revólver de grueso calibre que su atacante empuñaba con la otra mano. El agresor jaló del gatillo y una sucesión de proyectiles se estrellaron en los cuerpos de los indefensos jóvenes, matando a la chica y salvando la vida el muchacho a pesar de sufrir impactos de bala en el cuello, el pecho y el rostro.
Por primera vez el asesino fantasma se hizo público al llamar desde una cabina telefónica a la comisaría de Vallejo. Informó haber asesinado a dos personas, y señaló con precisión dónde se aparcaba el vehículo en cuyo interior encontrarían a los presuntos cadáveres; y no solo ello sino que se atribuyó haber dado muerte a dos adolescentes en Lake Herman Road, Benicia, en alusión a los homicidios perpetrados contra los infortunados David Faraday y Betty Lou Jensen.
El tercer acometimiento lo llevó a cabo el 27 de septiembre de 1969 en la costa de un lago artificial -Lake Berriesa- ubicado en el condado de Napa. En dicha ocasión el perpetrador, vistiendo un extraño atuendo de corte militar con capucha negra, apuntó con su revólver a los jóvenes Bryan Calvin Hartnell de 20 años y Cecilia Ann Shepard de 22 años. A pesar de que el muchacho le ofreció su billetera y las llaves de su auto al asaltante, éste amarró a la pareja por medio de cuerdas y, acto seguido, extrajo una afilada cuchilla con la cual les infirió feroces incisiones. Hartnell sobrevivió milagrosamente, tras permanecer durante tres meses en estado de coma, luego de que seis puñaladas le atravesaron su espalda. La joven Ann Shepard, por el contrario, expiró dos días más tarde de padecido el brutal ataque, no obstante los febriles cuidados que se le dispensaron en el Hospital Queen of Valley de Napa.
La última persona cuyo deceso se debió a la saña del monstruo fue un taxista que lo tuvo por pasajero. Paul Lee Stine, de 29 años, cayó bajo las balas de Zodíaco el 11 de octubre de 1969 en Presidio Heights, San Francisco.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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