El ángel oscuro
En consecuencia, al no ser dueña de su voluntad, no podía ser considerada culpable de las imputaciones penales y tenían que ponerla en libertad. Su abogado, Mr. Merville Sandford, observaba con gesto paciente a su clienta. Luego de que ésta terminaba de hablar, le explicaba que no podía usar ese argumento en la corte, que era demasiado inverosímil, que era preferible negar su culpa en los hechos atribuidos y sostener su inocencia.
Mary Ann Robson había nacido el 31 de octubre de 1832 en el condado de Durham, Inglaterra, en una familia humilde. Su padre, obrero en minas de carbón, era alcohólico y abusivo, y su madre murió cuando ella era una niña. A sus trece años Mary Ann se casó con el minero William Mowbray y, fruto de esa unión, la pareja gestó dos niños. Sin embargo, al cabo de una vida matrimonial poco feliz, su esposo falleció en 1852 después de un largo padecimiento.
Luego del deceso de su marido, la joven se mudó a la localidad de Morpeth, donde conoció a George Ward con quien contrajo enlace en el año 1854, pero tampoco aquí la dicha duraría, dado que su cónyuge expiró de tuberculosis un año más tarde. En el siguiente año tuvieron lugar sus terceras nupcias con James Cotton, un trabajador agrícola de quien tomaría el apellido por el cual sería tristemente recordada. La pareja procreó tres vástagos, pero la tragedia volvió a azotar a la familia, en tanto el esposo feneció en el año 1860, tras haber firmado un sustancioso seguro de vida a favor de la infortunada viuda.
El fallecimiento de James Cotton despertó sospechas. Algunos comenzaron a advertir un patrón siniestro en la vida de Mary Ann: sus maridos, hijos y amantes morían abruptamente, y ella siempre lucraba gracias a sus muertes.
Los rumores en torno a la extraña mala suerte que rodeaba a sus allegados empezaron a circular con insistencia por la comunidad. Su temperamento hosco no la ayudaba y se ganaba rivalidades, se decía que era una mujer fría y calculadora, que no mostraba ninguna pena o dolor por las pérdidas de sus seres queridos. La gente a sus espaldas la tildaba de "Viuda negra", y hubo quienes llegaron a señalarla sin tapujos de ser una despiadada victimaria en serie. En el año 1865 Mary Ann se mudó a la localidad de Sunderland con su prole y su nuevo amante, Joseph Nattrass.
Las desgracias volvieron a hacer acto de presencia y tres de sus hijos fallecieron en un período de escasos meses. También su concubino sucumbiría a raíz de una repentina e inexplicable enfermedad. Las suspicacias se tornarían mayores cuando otros familiares de la mujer fueron muriendo sin mediar causas razonables; entre estos su hermana y otro de sus hijos. Siete años más tardaría la policía en atar cabos y emprender una investigación seria.
En el año 1872 se practicó un minucioso registro de su vivienda y se hallaron rastros de arsénico en varios objetos, por lo que el juez de instrucción ordenó la autopsia de su último vástago fallecido. Una vez examinado el cadáver, el experto forense concluyó que el chico había sido envenenado. Tóxicas evidencias de muerte forzada se revelaron, asimismo, al practicarse las sucesivas necropsias del su ex amante, su hermana y varios de sus hijos menores de edad.
Mary Ann Cotton fue arrestada como responsable de los envenenamientos, y su proceso penal tuvo efecto en el siguiente año de 1873, constituyendo un evento mediático que conmocionó a todo el país. Las pruebas contra la acusada devinieron aplastantes. Los médicos detectaron arsénico en los cuerpos de las víctimas, y se acreditó que ella había comprado ese veneno.
Su defensa legal argumentó que los decesos eran resultado de la insólita mala fortuna que, una y otra vez, se había cebado contra la imputada; pero el jurado no se dejó persuadir y la halló culpable de perpetrar los homicidios. Pese a su fantástica versión del ángel oscuro que la obligaba a asesinar, lo cierto es que su móvil siempre estuvo inspirado en la codicia y el lucro, en su afán de cobrar el dinero de las pólizas que la tenían por exclusiva beneficiaria.
Esta asesina serial de la era victoriana a quien la prensa, enterada de su delirante historieta, motejaba "El ángel oscuro", fue de las primeras mujeres a la cual se impuso la pena capital en Gran Bretaña. El 24 de marzo de 1873 purgó sus crímenes al morir ahorcada en la prisión de Durham.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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