Los toneles del horror

En el verano de 1916 Europa se hallaba en plena Primera Guerra Mundial, y en la beligerante Hungría escaseaba el petroleo indispensable para proseguir con el esfuerzo bélico. En la remota aldea húngara de Czinkota el alcalde recordó la oferta que el comerciante hojalatero Bela Kiss le hiciera antes de alistarse forzadamente en el ejército nacional. 
Su amigo Kiss había destapado uno de aquellos toneles que guardaba en el sótano y le mostró el líquido negro allí contenido. - De ser preciso este petroleo queda a vuestra entera disposición- le aseguró el dueño de casa.
Había llegado el momento de hacer uso de la esencial sustancia y el alcalde se dirigió en compañía de un sargento y dos policías a la mansión que guardaba los toneles con petróleo, siendo atendidos por la anciana cuidadora de la vacía finca, la señora Kalman.
El sargento utilizó una palanca en pos de abrir la tapa sellada del primero de los toneles mientras los otros policías se inclinaron para observar el contenido. Sin embargo no había petroleo sino alcohol, y dentro del tonel flotaba el cadáver de una mujer con marcas rojas en torno al cuello, delatando que falleció estrangulada.
 Al terminar de abrir los restantes bidones se extrajeron de su interior otros seis cuerpos femeninos ejecutados de idéntica manera. Se descubrió que Bela Kiss, valiéndose del alias de Hoffman, había cortejado a decenas de mujeres, a quienes conocía mediante avisos románticos que ponía en los periódicos. Al examinarse el jardín de la mansión se localizó, sepultados entre las flores, a otros diez cuerpos de féminas, y más cadáveres de jóvenes mujeres se ubicaron en un bosque cercano.
Se siguió la pista del asesino en los registros de su historial militar. La noticia inicial fue que estuvo internado en un hospital de campaña convaleciente de heridas sufridas  en batalla. Los médicos informaron que el paciente no pudo sobrevivir y expiró tras una corta agonía, yaciendo su cuerpo junto a los de otros combatientes enterrado en un precario cementerio. El hombre al cual se tildó "El carnicero de Czinkota" y "El asesino de los toneles", entre otros motes criminales, no estaba entre los vivos, pero de algún modo había expiado sus culpas, y ya no constituía un azote para sus semejantes.
Cuando el sargento de policía que encabezó la requisa de los toneles del horror se trasladó al hospital de campaña a retirar los papeles que confirmaban oficialmente el deceso, se topó con una sorpresa. 
Al referirle a una enfermera que tenía sentirse contenta de haber salvado la vida porque estaba muerto el asesino de mujeres al cual había cuidado, la chica se mostró intrigada y pidió más detalles al sargento. Una vez que este terminó de narrarle que unas treinta féminas resultaron víctimas de ese carnicero, la joven exclamó: 
 - ¡No puedo creer que ese muchachito haya podido matar a tantas mujeres-.
- Usted debe estar confundida señorita, Bela Kiss no era ningún muchachito, sino un hombre de mediana edad. Ya estaba cercano a cumplir cincuenta años- replicó el sargento.
La enfermera insistió que el extinto Bela Kiss apenas llegaría a la veintena. Tras esta declaración el militar profundizó su investigación y comprobó que el soldado fallecido en realidad era un joven de apellido Mackaree, al cual el criminal de los toneles había usurpado la identidad.
Quedaba claro que Bela Kiss fingió su muerte y había escapado indemne burlando a sus perseguidores. 
Años más tarde, en 1924, circuló el rumor de que el criminal prófugo integraba la Legión Extranjera francesa valiéndose del alias de Hoffman, que empleara años atrás para captar a sus víctimas femeninas en su pueblo de Czinkota. Versiones posteriores afirmaron que lo vieron en Nueva York en el año 1932. Pero lo cierto es que nunca pudieron atraparlo y su huella se perdió, quedando sus crímenes impunes para siempre.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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