La vampiro de San Valentín
En la pequeña ciudad de Tempee, Arizona, Estados Unidos de Norteamérica, durante la noche de San Valentín del 14 de febrero de 2007 aconteció un episodio que poca relación guardaría con el amor y la amistad típicos de esa romántica festividad. De repente los viandantes vieron correr por la calle a un individuo desnudo sangrando profusamente y plagado de moratones.
Aunque clamaba pidiendo socorro, atemorizados por su desastrosa apariencia y creyéndolo un delincuente en fuga, nadie lo auxilió. Al localizar un teléfono público aquel desesperado entró a la cabina y llamó a un conocido
implorando que viniese a asistirlo. La llamada devino providencial pues segundos después ante los atónitos espectadores surgiría otra imagen insólita.
Una mujer atractiva de largos y desordenados cabellos corría hacia la cabina. Lucía en su rostro, de ojos desquiciados, salpicaduras rojas y aferraba un martillo sangrante entre sus manos. Su intención consistía en rematar al maltrecho sujeto a quien aporrease en el cráneo valiéndose de esa herramienta, luego de inferirle cortes con un cuchillo.
Antes de caer desvanecido, el agredido logró cerrar la puerta del cubículo. Le demente detuvo su vertiginosa carrera al advertir que su víctima ya había usado el teléfono y se escabulló.
Para fortuna de Robert MacDaniel, pues así se llamaba el hombre de cuarenta y séis años desmayado dentro de la cabina telefónica, su amigo llegó rápidamente y también la policía alertada por este. Lo trasladaron de urgencia al hospital donde suturaron sus muchas heridas y le salvaron la vida. A su vez, los agentes rastrearon la zona hasta apresar a Tiffany Sutton, la joven de veintitrés años culpable de perpetrar aquel salvaje ataque.
Luego se supo que ambos habían consumido drogas y alcohol en una choza detrás de una casa abandonada, y que Robert aceptó que Tiffany lo amarrase como inicio de un presunto juego erótico.
Una vez que estuvo atado y vulnerable ella extrajo varias armas blancas y un martillo. Le cortó la pierna con uno de los cuchillo y, cuando él le preguntó qué demonios estaba haciendo, la joven contestó que era una vampiro humana y, como tal, le apetecía beber sangre fresca.
Acto seguido, aplicó sus labios en las heridas abiertas y ávidamente comenzó a succionar el vital fluido. Pero el perverso juego no culminó ahí, sino que también le asestó varias puñaladas en el torso desnudo. MacDaniel luchó con desesperación y consiguió zafar de sus amarres y huir de aquel cobertizo.
No obstante, cuando escapó de allí Sutton lo persiguió frenéticamente por las calles, martillo en mano, para concluir exitosamente su faena vampírica.
Sometida a juicio la agresora insistió en que todo había sido consensuado. Exhibió un papel escrito a máquina firmado por Robert donde se comprometía a no presentar cargos y consentía con sufrir heridas leves durante una sesión de sexo violento.
Al percatarse de que ese acuerdo ilegal no la eximía de su culpa Tiffany acabó declarándose responsable de cometer agresión agravada y en octubre de 2007 fue sentenciada a purgar diez años de cárcel. Su versión de que era una mujer vampiro necesitada de alimentarse ingiriendo sangre humana no le sirvió de eficaz defensa ni fue estimada como válido atenuante en el curso de su proceso penal.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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