La mujer escorpión

Belle Gunness amaba a los escorpiones. Tenía varios como mascotas, a los que alimentaba con insectos y roedores. También solía lucir collares con alacranes disecados que colgaba orgullosamente en su cuello. Esta excentricidad le ganó el mote de "La mujer escorpión"; pero sus conocidos no podían imaginar que Belle era tan mortífera como los arácnidos que tanto la seducían.

La bonita y corpulenta joven se había afincado en Chicago en 1888 donde contrajo enlace con su coterráneo, el noruego Max Sorensen. Años más tarde se trasladó con su esposo a una chacra sita en Austin, Illinois, y se dedicó a concebir hijos y cultivar la tierra. En 1900 Sorensen falleció en extrañas circunstancias. La viuda recibió una pequeña suma por el seguro de vida de su marido y vendió la finca rural. Con ese dinero retornó a Chicago donde adquirió una pensión.
En menos de un mes ese edificio devino pasto de las llamas; desgracia que no desconsoló a su propietaria, la cual se embolsó una jugosa cifra como beneficiaria de la póliza. Luego compró una pastelería pero pronto otro incendio hizo acto de presencia arrasando con las instalaciones. Nuevamente el dinero del seguro recién contratado le serviría de consuelo para hacer frente a su sospechosa mala suerte. La compañía aseguradora esta vez fue más severa, y solo le entregó el dinero tras larga indagatoria, dejando claro que recelaba de ella.
La mujer escorpión comprendió que tendría que variar su método delictivo si no quería terminar entre rejas. Por tanto se marchó con sus hijos al Este de los Estados Unidos y recaló en un minúsculo pueblo denominado La Porte, próximo a Indiana. Aquí fue que adquirió el apellido Gunness, después de casarse con Peder Gunness.
La muerte de su flamante marido tendría que haber despertado la suspicacia de la compañía cuyo seguro de vida Belle había contratado. El hombre apareció muerto a raíz de una profunda herida en su cráneo. Supuestamente una hachuela se deslizó del estante donde se apilaban las herramientas, y al caer sobre su testa se la abrió provocando su lamentable deceso.
De estafar a compañías de seguros pasó a otro rubro delictivo que la volvería tristemente célebre. Se dedicó a poner avisos matrimoniales en periódicos locales, describiéndose como una: "Viuda joven, atractiva y dueña de importante granja (que) desea relacionarse con caballero acomodado y refinado con fines matrimoniales".
Cuando los candidatos le respondían Belle concertaba el encuentro, y pronto un desfile de candidatos pasaron por la mansión de La Porte para conocer a la interesante productora rural. Sin embargo, ninguno de esos caballeros saldría con vida de aquel siniestro establecimiento agrario.
El éxito criminal de la viuda negra se debía sobre todo a que elegía postulantes carentes de familiares. La excepción fue el caso del señor Andrew Helgelien, y este desliz sería la perdición de la criminal. Aquel hombre tenía un hermano, y antes de acudir a su cita en Indiana le confió a éste sus intenciones amorosas-mercantiles para con la proponente. Transcurrieron más de cinco meses sin que el pariente recibiera noticias por lo cual, muy atribulado, le escribió a la señora Gunness suplicándole que le informase cuanto sabía sobre Andrew.
Belle le contestó con abiertas mentiras fingiendo preocupación, y pretextando no saber más nada desde el día cuando aquél, en forma imprevista, habría abandonado la granja. El hermano viajó a La Porte para investigar el paradero del desaparecido, pero al arribar se topó con un cuadro impactante.
Ocurrió que el 28 de abril de 1908 la granja de La Porte se vio asaltada por las llamas de un voraz incendio que la quemó hasta los cimientos. El hermano de Helgelien alertó a la policía, la cual emprendió las pesquisas y halló cuatro cuerpos calcinados entre los escombros. Un cadáver que carecía de cabeza se creyó que era el de la viuda negra, en tanto otros restos humanos correspondían a sus menores hijos.
Un sujeto llamado Ray Lamphere fue encarcelado y confesó ser amante y secuaz de la asesina, a quien ayudaba a desembarazarse de las víctimas. Purgó veintiún años en prisión, pues se lo condenó por provocar un incendio con consecuencias fatales. No se lo consideró culpable de perpetrar homicidios, los que resultaron en su totalidad atribuidos a la responsabilidad de Belle Gunness.
Durante el proceso se determinó que el cadáver primariamente identificado como de Gunness no era el suyo sino que pertenecía a una vagabunda que, atraída con engaños, devino ultimada por la propietaria, y su cuerpo fue enterrado por Ray Lamphere. Nuevas excavaciones dieron origen al hallazgo de más cadáveres hasta totalizar catorce cuerpos masculinos en estado de descomposición, incluido el de Andrew Helgelien. Se trataba de los aspirantes a desposar a la implacable viuda.
Jamás se supo a dónde escapó la mujer escorpión. La interrogante de cuál constituyó su destino final persiste hasta el presente, atizando el misterio y la leyenda.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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