La dama del lago
El final de esta historia tuvo lugar en el distrito de Los Grandes Lagos, Cumbria, Inglaterra, en el invierno europeo de 1984. En el lago Wast Water un buceador aficionado se topó con el macabro hallazgo de un bulto cubierto de algas, flotando entre las rocas. Al aproximarse le quedó claro que, pese a su descomposición, se trataba de una mujer de largos cabellos. Yacía semidesnuda en las turbias aguas, con sus piernas atadas a un bloque de cemento; y su rostro, con la boca abierta, mostraba una expresión de angustia.
El buzo alertó a la policía, que creía conocer la identidad de la finada, ya que buscaban a una turista francesa llamada Verónique Marré, recientemente desaparecida.
Cuando los rescatistas extrajeron el cuerpo quedó en evidencia que la asesinada no era aquella delgada joven de 22 años. Se trataba, en cambio, de una mujer de mediana edad. La prensa designó a la víctima como "La dama del lago", y pronto se averiguó que en vida había sido la señora Margaret Hogg. Su identidad fue descubierta gracias al anillo de oro ajustado a su dedo anular que indicaba: "Margaret 11-11-63 Peter".
Ocho años atrás el esposo pretextó que Margaret, tras serle infiel, había abandonado el hogar conyugal el 11 de noviembre de 1976. Incluso la demandó en ausencia alegando que se había fugado con su amante, el banquero Graham Ryan. Citado a declarar en el proceso de divorcio, ese individuo admitió su relación sentimental con la mujer casada, pero negó saber de su paradero. Peter ganó el juicio, y Ryan resultó condenado a pagarle las costas y los costos procesales, por su complicidad en el adulterio cometido por la demandada.
La realidad era que, en la fecha señalada por su marido, Margaret regresó a casa luego de uno de sus encuentros románticos con el banquero. Los reproches de Peter dieron origen a una de sus habituales riñas, que en esa ocasión culminó con desenlace fatal.
Según confesó el hombre a la policía: "Perdí el control, la agarré por la garganta y apreté hasta que ya no se movió. Luego la miré a los ojos... y supe que estaba muerta".
El homicida la desnudó hasta la cintura y lastró el cuerpo, fijándole trozos de cemento en las piernas. Llegó hasta la orilla, bajó de su camioneta un bote neumático y remó hasta el centro del lago, donde arrojó el fardo. Si hubiese remado un poco más la tétrica carga nunca habría vuelto a la superficie para acusarlo: el risco terminaba un par de metros más allá, y si el cadáver no hubiese quedado trabado entre las rocas se habría hundido perdiéndose para siempre.
El jurado declaró culpable a Peter Hogg pero se mostró clemente con el reo, pues ponderó que las acreditadas infidelidades de "La mujer del lago" constituían válido atenuante de su crimen. El marido asesino sólo purgó cuatro años en prisión.
*Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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