Horror en el bosque
Auparon a la víctima encima del túmulo de sacrificio. Cuando el efecto del narcótico se diluyó, recobró la consciencia y vio el enorme puño del jefe supremo aferrando la daga. El brillante acero descendió contra la garganta, mutilando la vena yugular.
Casi no hubo dolor. La larga práctica en degollar hizo que la chica muriese rápido. Instantes después, la sangre fluyó y llenó el cuenco de oro puesto al pie del altar.
La sacerdotisa lo recogió y tras una reverencia a la estatua del macho cabrio, que presidía la ceremonia impía, sorbió el líquido rojo. Acto seguido, ofreció el recipiente dorado a los otros acólitos para que bebieran en honor de Satán.
La primera fase del rito estaba consumada. Era hora de retirarse del improvisado templo en el bosque para ir hacia la choza, donde tenían montado el taller.
Una vez en aquel reducto, el líder satánico y su lugarteniente se dieron a la tarea de desmembrar el cuerpo. De un hachazo separaron la cabeza del tronco y la introdujeron en una cesta. Con pericia, dirigieron el filo de las cuchillas hacia las articulaciones y trocearon a la difunta. Al rato cuatro seguidores llegaron trayendo una litera, y sobre ella apilaron los pedazos, que cubrieron con pieles de animales.
El cuarteto salió cargando sobre sus hombros la litera con su macabro contenido, y se internaron en la espesa arboleda. Debían acudir hacia las barrosas orillas del río a diseminar esos restos humanos, que las corrientes arrastrarían.
El lugarteniente los acompañó llevando la cesta y, al divisar un escondrijo oculto bajo el ramaje, extrajo la cabeza por los cabellos y la depositó entre unos matorrales.
Corría el año 1888 y, ausente la testa, ningún médico forense podría identificar a la mujer sacrificada. Sus demás fragmentos sí debían ser recuperados. Era preciso que la población británica se estremeciera de horror, que sintiera que la policía no era capaz de protegerla, y que el Asesino del Támesis continuaba siendo un enigma.
* Nota: Desde 1873 hasta 1889 una secuencia de homicidios asoló a Inglaterra. Trozos de cadáveres femeninos emergieron en las orillas del rió Támesis. Una hipótesis afirma que eran trasladados allí desde los bosques aledaños, donde una orden demoníaca ejecutaba a las víctimas. Nunca se capturó a los responsables.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
.png)
Comentarios
Publicar un comentario