Horror en Cleveland

 
Los crímenes del Descuartizador de Cleveland, "The Cleveland Ripper", comenzaron en el año 1934, y ese asesino jamás fue capturado. Su perfil concuerda con el de un sádico. Los periódicos también tildaron a este implacable psicópata "El loco carnicero de Kinsbury Rum", y bajo el titular "Cleveland Ripper" los diarios reprodujeron en primera plana aquellos horribles desmanes.
Desde septiembre de 1934 hasta agosto de 1938 aquel monstruo asesinó a una docena de hombres y mujeres, en su mayor parte prostitutas y vagabundos. Decapitaba a las víctimas, y en seis casos la cabeza nunca fue encontrada; incluso ultimó a dos personas a la vez, desmembrando sus cuerpos.
Elliot Ness, el célebre Policía vencedor del hampa de Chicago, ocupó el cargo de Director de Seguridad Pública de Cleveland desde fines del 1935, luego de alcanzar notoriedad gracias a sus brillantes triunfos contra la delincuencia organizada. En declaraciones a la prensa el jerarca consideró que el criminal debía ser un hombre alto y fuerte, poseedor de un coche y una casa donde podía trozar los cadáveres sin ser molestado. Luego se detectaría a un sujeto que se ajustaba a dicha descripción.
Desde los años de la denominada "Gran Depresión Norteamericana" la zona de Kinsbury Rum próxima al río Cuyahoga, en Cleveland, se nutrió de abundante cantidad de vagabundos y desocupados que hallaban allí un precario refugio. Esta población iba en aumento al estar en ruta de paso de los ferrocarriles, en cuyas estaciones descendían numerosos pasajeros desalojados de las grandes ciudades.
El 5 de septiembre de 1934 fue encontrado el que se llamó "Torso Playero", o sea, un cadáver de mujer decapitado con muñones cercenados a la altura de las rodillas. Nunca fueron rescatados ni la cabeza ni los brazos, y la autopsia sugirió que el cuerpo había sido conservado durante un tiempo en cal. También se motejó a estos restos humanos "La dama del lago". Precisamente un año más tarde, en septiembre de 1935, dos adolescentes se toparon con un segundo cadáver al fondo de una pendiente conocida como "La colina del asno". Se trataba del cuerpo desnudo -excepto por unos calcetines negros que enfundaban los muñones de las pantorrillas- de un varón caucásico cuyas piernas estaban estiradas y sus brazos yacían a los costados. Lo habían decapitado y arrancado los genitales.
Al revisar el área los policías detectaron otro cadáver mutilado de igual manera, pero en peor estado, que mostraba marcas en las muñecas, en indicio de haber sido atado antes de fallecer. Otra señal, más terrible todavía, era que los músculos del cuello estaban retractados, lo cual significaba que el hombre se hallaba vivo y consciente cuando lo decapitaron. El cercenamiento fue producto de una sucesión de violentos golpes asestados con un cuchillo en extremo filoso.
Dos meses después de arreciar esta ola de crímenes se designó a Elliot Ness para el puesto de Investigador Principal de la Oficina de Seguridad Pública de Cleveland. En aquel cargo emprendió una decidida campaña para limpiar la corrupción en la policía y en los cuerpos de bomberos locales, y atacar al juego clandestino. A partir del hallazgo del cuarto cuerpo despedazado el jerarca se involucró de lleno en la labor. Se ofreció una recompensa de un millón de dólares a quienes aportaran datos aptos para capturar al homicida, suma sideral por ese entonces.
El ulterior cadáver desmembrado pertenecía al sexo femenino y apareció dentro de una cesta. Uno de los muslos iba envuelto en papel de un periódico editado el día anterior y faltaban partes del cuerpo, incluida la cabeza. La testa de otra presa humana fue descubierta por dos niños que paseaban por Kingbury Rum, oculta dentro de la tela de dos pantalones cortados.
A la jornada entrante resultó localizado el resto del cuerpo, a unos quinientos metros de distancia, y se identificó al occiso como un varón joven, alto, de aproximadamente veinte años y con varios tatuajes. Lo habían decapitado mientras aún vivía.
El 22 de julio de 1936 una joven de diecisiete años halló otro cadáver desnudo y cercenado que había sido arrojado a un barranco. Cerca de allí se ubicó ropa barata, indicio de que el muerto era un pordiosero que podía estar residiendo provisoriamente en uno de los míseros campamentos afincados en ese lugar.
El 10 de septiembre siguiente un menesteroso se tropezó con un torso humano sin cabeza y sin brazos. Los restos habían sido lavados en una cloaca. Según determinó la autopsia, el desmembrado difunto apenas llevaba cinco horas muerto.
En total, al atroz verdugo se le atribuyeron doce homicidios de mujeres y hombres, y sólo dos víctimas resultaron identificadas. Hubo varios sospechosos, aunque ninguno de ellos fue enjuiciado. La infructuosa búsqueda duró diez años y los últimos cadáveres aparecieron en 1938. Se especuló por el Juez del condado, Samuel Gerber, que el matador era un médico, o disponía de conocimientos clínicos sobre disección, y que drogaba a sus presas antes de ultimarlas.
Elliot Ness devino muy criticado por usar tácticas propias de "Los Intocables". Ordenó prender fuego a un asentamiento de desocupados emplazado en la zona. Ardieron bodegas y casas de madera en Kinsbury Rum durante una noche en la cual la policía arrestó a los lugareños. Esta acción despertó indignación popular, y se dijo que sus métodos brutales delataban frustración ante el fracaso. Más de sesenta sujetos fueron detenidos en esa ocasión, aunque finalmente todos tuvieron que ser dejados en libertad por ausencia de pruebas.
Se apresó, poco tiempo más tarde, a un cirujano que padecía desórdenes mentales llamado Frank Sweeney, e incluso lo habrían sometido a torturas, pero no mediaban pruebas eficaces de que fuera el asesino. Los crímenes cesaron cuando el acosado médico se internó en un hospital psiquiátrico. Algunos pensaron que el auténtico criminal aprovechó la oportunidad buscando que se culpase a este hombre.
El afamado policía dimitió en 1942 e, insólitamente, se volvió adicto al alcohol pese a haber sido enemigo acérrimo de los traficantes de whisky durante los años de la depresión. Incluso sufrió un accidente de automóvil mientras conducía en estado etílico. Una década más tarde, el ex jefe recibió en su domicilio tarjetas postales enviadas por el presunto culpable, donde éste se burlaba y amenazaba con reiniciar la retahíla sangrienta. El casi mítico Elliot Ness falleció el 16 de mayo de 1957, siendo el caso del Asesino del Torso el único que no logró resolver en su larga y destacada carrera en la lucha contra el crimen.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.

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