El violinista espectral

Una vieja leyenda tiene por objeto al Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, y se sigue repitiendo con insistencia hasta el día de hoy.
Según se dice, sin previo aviso en el palco número 33 se comienzan a oír las notas agudas, y a la vez armoniosas, de un violín. Los visitantes más aprehensivos creen haber vislumbrado a un esquelético violinista luciendo elegantes galas, y una fina galera cubriendo su calavera. Aquel ser de espanto aferra el instrumento musical y, con suaves movimientos de su huesuda mano diestra, desliza el arco sobre las cuatro cuerdas generando un sonido fúnebre que hiela la sangre.
La aparición del violinista espectral coincide con las noches de luna llena; en especial el extravagante suceso se produce cuando bandadas de aves aletean, presas de repentino susto, entre las nubes del cielo oscuro.
Para tratar de explicar esta aparición macabra se propuso que el esqueleto andante, que maneja el espectral instrumento, era un director de orquesta. El artista habría muerto de un ataque cardíaco durante un ensayo mientras dirigía a un grupo de violinistas y aquellas notas, que ahora ejecuta, fueron las últimas que recuerda.
También se alega que si un buen director de orquesta escucha esos melancólicos acordes durante su primer ensayo sólo oirá la música, pero no podrá ver al espectro. La explicación consiste en que al fantasma le gustó la interpretación, y su triste melodía ya no se oirá en los siguientes ensayos de la orquesta. Este silencio significa su aprobación, su manera de anunciarle al músico que ya está pronto para presentar su obra ante el público, y que tendrá éxito.
Conforme con otra versión, que ha circulado entre los trabajadores y vigilantes del Palacio de Bellas Artes, aquél que escucha la música del violinista espectral debe comprender que algo muy malo le sobrevendrá si continua en el palacio, y que la única forma de evitar la desgracia es renunciar de inmediato, y no regresar jamás.
Fuera cual fuese la explicación de por qué ocurre este fenómeno paranormal, la realidad es que, ya sea como chiste o cosa cierta, aún se insiste en que quienes visiten ese recinto y dirijan su vista hacia el balcón número 33 verán, agazapado en la penumbra, al fantasma con su violín listo para tocar la fúnebre melodía.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.


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