El chivo expiatorio
A fines de 1935 Eliot Ness, tras tres años en el gobierno federal de los Estados Unidos y luego de sus triunfos contra la delincuencia organizada, fue impuesto por el alcalde republicano Harold Burton en el cargo de Director de Seguridad de Cleveland, estado de Ohio, el cual desempeñó hasta 1942. Le aguardaba en esa ciudad una faena ardua y urgente: limpiar de corrupción a los ineficaces cuerpos policiales y de bomberos.
Prestamente puso manos a la obra. Suspendió a trescientos agentes a quienes pilló aceptando sobornos de la mafia, expulsó a los más recalcitrantes y fundó la Academia de Policía de Cleveland con el propósito de infundir renovada decencia a los servidores públicos. Parecía que el joven criminólogo continuaría por su sendero de victorias y que su bien ganada fama de Cid Campeador crecería más y más.
Pero unos sucesos macabros vendrían para agriarle la existencia, al tiempo que estremecían de pánico a la ciudadanía. Ocurrió que, por entonces, un tenebroso asesino en serie aterrorizó a la población de Kingbury Run y otros barrios bajos de Cleveland. De los cadáveres quedaban los torsos. A todos los occisos les habían cortado cuidadosamente sus miembros y, además, aparecían decapitados.
En busca de capturar al sádico ejecutor Eliot Ness organizó a un grupo de investigadores, similar a los "Intocables" con los que tan exitoso había sido combatiendo a los gánsteres de Chicago. Sin embargo, a despecho de los esfuerzos policiales, el llamado "Descuartizador de Cleveland" siguió asesinando hasta 1938.
Sólo un hombre resultó acusado de estos delitos ante la opinión pública.
Se trató de Frank Dolezal, y su aprehensión se llevó a cabo al siguiente año de concluida la secuencia de homicidios, o sea, en 1939.
La orden para su detención la impartió Martin O´Donnell, sheriff del condado de Cuyahoga que estaba casado con la hija de Martin Sweeney, un congresista enemigo de Eliot Ness y del alcalde Harold Burton. El apresado era un pobretón residente de Kingbury Run que poseía antecedentes penales por delitos menores. Había sido concubino de la víctima Florence Polillo, cuyo asesinato le fue endilgado. De paso, se lo propuso ante la prensa como el responsable de perpetrar los restantes crímenes.
Con su arresto el sheriff Martin O´Donnell buscaba enlodar la reputación del Director de Seguridad dejándolo como un inepto. Según se pretendía, Eliot Ness con su sofisticado equipo de detectives, peritos y forenses, a pesar de gozar de todo el poder político y policial de la ciudad no había podido lograr lo que el modesto comisario de una pequeña localidad sí había conseguido.
Por fin el abominable desmembrador contaba con un rostro visible, sus víctimas quedarían vengadas, y los asustados habitantes podrían respirar aliviados.
No obstante, todo se trataba de una farsa, tal cual pronto se tornaría evidente.
El sospechoso nada más era un chivo expiatorio, que admitió ser culpable forzado por las torturas que los policías le infligieron. Al mes y medio de su encierro Frank Dolezal apareció ahorcado en su celda, y la autopsia comprobó que presentaba seis costillas rotas a raíz de las palizas con las cuales le fuera arrancada la falsa confesión.
Los crímenes del "Descuartizador de Cleveland" jamás fueron resueltos.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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