La enfermera del diablo
La unidad neonatal del Hospital Countess of Chester, en Inglaterra, era un lugar donde las familias depositaban su confianza y esperanza. Entre los años 2015 y 2016 esa fe fue traicionada por Lucy Letby, una joven enfermera cuya apariencia gentil y profesional escondía una tétrica realidad, pues bajo su presunto cuidado, siete bebés fallecieron, y otros seis sufrieron tentativas de homicidio. Tanto odio ha desatado el accionar fatídico de esta mujer, al quitarle la vida a seres inocentes, que el público y la prensa le impusieron el innoble apodo de "La enfermera del Diablo". Tampoco han faltado aquellos que en verdad plantearon que la homicida, presa de un macabro desquicio cerebral, efectuó un acuerdo con el Maligno, y que ese pacto satánico ha sido la causa real de sus espeluznantes crímenes.
Se supo que Lucy Letby había inyectado deliberadamente aire a los bebés que fingía cuidar. A su vez, alimentó a la fuerza a otros infantes con leche y envenenó a dos de los pequeños utilizando insulina. Aprovechaba las oportunidades para dañar mortalmente a los menores cuando el personal estaba en turnos de descansos.
Durante su espectacular juicio penal, que se extendió por más de diez meses, la fiscalía presentó al jurado una serie de pruebas concluyentes de su culpabilidad, incluidas notas incriminatorias y un gráfico que la vinculaba con los incidentes fatales. También se descubrieron manipulaciones en equipos médicos y la administración de sustancias letales, como insulina, en los bebés afectados, a cargo de la acusada.
A pesar de que su defensa legal intentó desacreditar las pruebas en su contra, la confesión escrita por la imputada en su diario íntimo, señalando:
— Los maté a propósito porque no soy lo suficientemente buena para cuidarlos— fue considerada clave por la fiscalía, aunque sus abogados adujeron que esas anotaciones no reflejaban la realidad, sino que eran fruto de un estado mental deteriorado de su clienta.
Las evidencias acumuladas contra este "Ángel de la muerte" o "Enfermera del Diablo" se estimaron irrefutables, y se la condenó a purgar cadena perpetua.
Sus móviles criminales no han quedado claros, pero se sospecha que la asesina quería llamar la atención de un médico casado del cual era amante, y que recibía la orden de acudir en frustrado auxilio de los infantes moribundos.
Gran parte del caso penal contra la enfermera se basó en el testimonio de Dewi Evans, un exconsultor pediátrico, con décadas de experiencia como perito. Evans expresó que había leído dieciocho trabajos de investigación sobre la embolia, y que destacaban diferentes indicaciones. En otras palabras, no solo confiaba en el informe inicial donde se incriminaba a Lucy Letby , sino que aseguró que sus hallazgos habían sido respaldados en la corte por la opinión de un radiólogo y un patólogo neonatal. Además agregó que los casos registrados según el esquema de turnos que estaban entre las pruebas eran esos y no otros porque, después de revisar todas las muertes y colapsos, pensó que solo aquellos eran sospechosos o inesperados. Evans afirmó que no sabía en ese momento que Lucy Letby había estado de turno, y que esta circunstancia solo le había sido revelada después por la policía de Cheshire.
No obstante la apariencia abrumadora de las pruebas y los testimonios en contra de la imputada, algunos expertos han puesto en duda la absoluta certeza de su culpabilidad. Como ejemplo de opiniones que la han favorecido puede mencionarse la del profesor Alan Wayne Jones, experto en toxicología forense, quien fue uno de los que ha cuestionado los resultados que incriminaron a la acusada.
Este perito médico considera que no puede asegurarse con total certidumbre que Lucy Letby haya agregado insulina al suero de los recién nacidos porque las evidencias empleadas para culparla no son enteramente fiables. Sostiene que la prueba utilizada mide la reacción del cuerpo a la insulina en lugar de la sustancia en sí.
Según ha señado: —"El problema es que el método de análisis utilizado en estos dos casos era perfectamente bueno desde un punto de vista clínico, pero no desde el punto de vista de la toxicología forense ".
Básicamente, este especialista entiende que ese tipo de prueba no puede distinguir entre la insulina sintética y la insulina producida por el páncreas, por lo cual al menos esta prueba, que se estimó lapidaria para condenar a la rea, no poseería una eficacia tan plena como se pretendió.
También se ha cuestionado el gráfico que se presentó como evidencia de la culpa de la imputada, en la corte. Por ejemplo, Peter Green, expresidente de la Real Sociedad Estadística y profesor en esa materia sostiene que hubo al menos otras seis muertes y numerosos colapsos en el mismo hospital. Finalmente puso en duda el gráfico presentado en contra de la imputada, señalando que en verdad dicho gráfico tampoco refleja con total fehaciencia el hecho de que Lucy Letby estuviese haciendo turnos extra.
—"Es algo humano y natural el hecho de creer ver patrones que no existen. El peligro es que esta presunta evidencia puede ser muy convincente para los no profesionales, y puede resultar malinterpretada"— ha advertido Peter Green, quien concluyó su defensa de la rea matizando:
—"No tengo ni idea de si ella es inocente o no. Lo que en verdad me preocupa es que pueda no ser una sentencia segura, y terminar condenándose a una persona inocente en base a pruebas dudosas.
Sin embargo, es preciso enfatizar que, por encima de estos matices y diferencias de opinión, lo cierto es que en el año 2023, en el Tribunal de la Corona de Manchester, un jurado declaró a Lucy Letby culpable de haber perpetrado siete homicidios y otros siete intentos de asesinato cometidos contra recién nacidos. Asimismo, en el año 2024, tras tener lugar un nuevo proceso penal, la ex enfermera fue declarada judicialmente culpable de otra tentativa de homicidio, por haber intentado asesinar a un niño en dos ocasiones.
La sentencia a cadena perpetua que se ha aplicado a la llamada "Enfermera del Diablo" significa que la condenada pasará el resto de su vida en prisión, sin disponer de la opción de una reducción de la pena a un porcentaje mínimo de su tiempo de reclusión, ni tampoco tener la posibilidad de gozar de libertad anticipada.
* Texto de Gabriel Antonio Pombo.
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